Proyectar el éxito que pueda tener el gobierno de JAK por su liderazgo, sus capacidades y su equipo puede ser correcto, pero me temo que es incompleto. Si fuera una fórmula matemática, obligadamente habría que poner un signo menos en la acción de la oposición.
Suena obvio, lamentablemente, que la oposición tenga un rol de obstaculizador de los gobiernos, y no de colaborador crítico. Pero esos son los bueyes con los que hay que arar hoy en día. La polarización de la política en el mundo ha conseguido dos cosas casi constantes: oposiciones intratables y que ganan en el 70% de las elecciones, según un estudio de Marketplace de los últimos dos años.
Ser oposición es un ticket ganador, pero con ello no basta: depende de qué o cuál oposición eres. Y es probable que, dada la escena política chilena de hoy, estemos viendo la precuela de una batalla sangrienta entre al menos dos oposiciones. En realidad, ya la estamos viendo.
De lo que estamos seguros es que habrá una oposición brígida de comunistas y frenteamplistas a Kast, comparable con la que los Republicanos le hicieron a Boric. Ojalá que no como la que sufrió Piñera de todos sus adversarios, que derechamente lo quiso derrocar. Lo que nos falta saber entonces es qué camino tomará la oposición moderada. Saber, por ejemplo, si socialistas, pepedés e incluso decés, tendrán el coraje de ponerle razonabilidad a su acción opositora o si se dejarán llevar por la ola radicalizada y adolescente. En simple, si esta vez tendrán la valentía y la inteligencia de diferenciarse de los ultras, para demostrar que valoran la democracia, la estabilidad y en serio el progreso.
Hay razones para estar optimistas de que el socialismo democrático aprendió la lección de que si se radicaliza muere, como ocurrió con la paliza que cosechó su candidata en las primarias por no ser lo suficientemente revolucionaria, pero cuando se trata de incentivos, también habrá que ver cómo opera en la práctica el gobierno de Kast y cuántas ronchas saquen sus medidas. El riesgo es que se genere la “necesidad” de ser más opositor que el otro opositor.
Por eso lo relevante es seguir de cerca los pasos del nuevo Presidente.
Si toma el camino identitario o del tonito “Sin Filtro”, que en campaña y en la previa de asumir el poder por suerte no se ha visto, tendremos una calle incendiada, será la batalla de las barras bravas de un polo y otro. Y ya se sabe quién pierde ahí.
Si el Presidente (e) Kast, en cambio, se mantiene firme y dialogante, mirando con la altura que intervino ante la emergencia de los incendios, abierto a incluir a los “pogres” como el Evópoli Undurraga en el gabinete para ampliar su base, será un gran avance.
Hay en el nuevo gabinete piezas caladas y otras en observación, como aquellos que ondean las banderas de “independiente” como una virtud. No descubriremos ahora la capacidad profesional de Fernando Barros o Francisco Pérez, que han destacado dónde han estado, aunque a algunos les parezcan inhabilitantes sus éxitos en la empresa. ¡Leseras! A propósito de “Panzers”, Alvarado y García Ruminot son garantía de política, que para un buen gobierno es tan relevante como el agua para la navegación.
Quiroz en Hacienda es un cuento aparte. Viene con toda la furia, a romper el statu quo. El Presidente lo sabe y se jugó por darle el mando total para actuar fuera de la caja. Veremos cómo sale esa apuesta, pero todo indica que, dejando de lado la tontera del país destrozado que heredan, Chile necesita de un turbo para volver a sacar a gente de la pobreza, pero con crecimiento y oportunidades, no con carteles y eslóganes ridículos.
¡Presidente, suerte! Y no eché en saco roto el proverbio popular atribuido a Los Borgia: “De mis enemigos me cuido yo, pero de mis amigos que me cuide Dios”.