Quienes trabajamos en fundraising sabemos que no todas las causas se perciben igual. Hay algunas que movilizan rápido, generan empatía inmediata y abren conversaciones. Y hay otras que, aún siendo esenciales para la vida y el desarrollo, siguen quedando en segundo plano. El acceso al agua, en Chile, es una de ellas.
No porque no falte. Falta. Pero mientras en gran parte del país abramos la llave y el agua siga corriendo, el problema permanece invisible. Cuesta verlo como una urgencia estratégica, como una causa que requiere compromiso sostenido, inversión de largo plazo y una mirada país. Y esa distancia entre percepción y realidad es más profunda, y más costosa de lo que solemos reconocer.
Cuando se observa lo que ocurre en países con culturas filantrópicas más desarrolladas, como Estados Unidos, el contraste es claro. Según Giving USA, en 2024 las donaciones privadas superaron los 590 mil millones de dólares. Allí, la filantropía no es solo un gesto solidario, sino una herramienta activa de desarrollo. Las empresas entienden que invertir en causas estructurales también es una forma de fortalecer el entorno en el que operan.
En ese contexto, el agua se entiende como lo que realmente es: infraestructura crítica. Más de la mitad del PIB mundial depende directa o indirectamente de recursos hídricos estables. Por eso, sectores como alimentos, energía o minería ya incorporan el riesgo hídrico en su planificación. Invertir en agua no es filantropía blanda; es visión de futuro, continuidad y sostenibilidad.
En Chile, la filantropía ha crecido de manera importante y existen fundaciones y empresas muy comprometidas. Sin embargo, aún es menos frecuente que causas como el acceso al agua se aborden desde una lógica estratégica y de largo plazo. No por falta de voluntad, sino porque históricamente hemos entendido la donación más como respuesta a una necesidad puntual que como una herramienta de desarrollo.
En Water is Life lo hemos vivido de cerca. En más de una ocasión hemos tenido que buscar financiamiento fuera del país para proyectos que impactan directamente a comunidades chilenas. Agradecemos ese apoyo, pero también nos invita a reflexionar: ¿por qué una causa tan básica como el acceso al agua sigue siendo más visible afuera que dentro de Chile?
Tal vez porque el agua no grita. No genera titulares diarios ni urgencia mediática. Pero cuando falta, todo se detiene: la salud, la educación, la productividad. El acceso al agua es dignidad, es prevención y es desarrollo.
Hoy existe una oportunidad. Chile está hablando cada vez más de sostenibilidad, impacto y propósito.
En ese contexto, el agua debería ocupar un lugar central. No como una causa secundaria, sino como una de las bases del país que queremos construir.
Porque invertir en agua no es solo ayudar. Es apostar por el futuro.