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Condena transversal y sororidad

Hay que destacar que, por fin, no existieron condenas a medias o matizadas. Nadie habló de que “esos niveles de violencia no son aceptables”, porque en pleno 2026 todos entendemos que, en democracia, la violencia, sin importar “su nivel” o intensidad, simplemente no tienen cabida.

Contundente la declaración oficial del Partido Comunista rechazando la agresión de estudiantes de la Universidad Austral de Valdivia a la ministra de Ciencias, Ximena Lincolao. A la altura de las inmediatas declaraciones, por cierto, también condenando el hecho, dadas por su presidente, Lautaro Carmona.

De seguro se sintieron conminados a plantear posturas tan tajantes al ver esa colorida y ferviente activación urbana de Las Tesis, que tal como en 2019 y 2020 y, después en 2024, por la denuncia de violación contra el exsubsecretario Monsalve, coparon las calles con su performance de protesta ante el ataque a la secretaria de Estado.

Fue realmente conmovedor ver cómo solidarizaron con una mujer de origen humilde y mapuche, que ha sabido ganarle a la vida gracias a su esfuerzo.

En el mismo sentido, también alegra que la Coordinadora Feminista 8M, que hace sólo un mes estuvo marchando por los derechos de las mujeres y la no violencia de género, también haya salido raudamente a solidarizar con Lincolao.

La sororidad se extendió hasta el Congreso, donde prácticamente todas las integrantes de la bancada feminista Julieta Kirkwood, firmaron una declaración de apoyo a Lincolao y despacharon un Proyecto de Resolución que no sólo rechaza enfáticamente el ataque, sino que, sobre todo, expresa su “extrema preocupación” por el hecho de que la ministra haya estado más de dos horas retenida por los estudiantes. En el documento, además, le piden al gobierno que se tomen las medidas necesarias para que un episodio así no se repita.

También hay que destacar que, por fin, no existieron condenas a medias o matizadas. Nadie habló de que “esos niveles de violencia no son aceptables”, porque en pleno 2026 todos entendemos que, en democracia, la violencia, sin importar “su nivel” o intensidad, simplemente no tienen cabida.

Y tampoco, ningún actor político aludió a que hay sectores que no cuentan con la estatura moral para ahora rechazar hoy hechos de violencia, porque hace 50 años fueron partidarios de la dictadura de Pinochet. Es un avance civilizatorio y hasta cultural que habiendo pasado el primer cuarto del siglo XXI hayamos superado esa forma de convivencia y debate político tan miope.

Por último, quiero destacar la que tal vez ha sido la más contundente acción de respaldo. Emocionante la carta pública de la expresidenta de la Convención Constitucional, Elisa Loncon, quien, no podíamos esperar otra cosa, fustigó vehemente el ataque a la ministra, sumándose a otras expresiones de distintas autoridades que en el pasado han impulsado la plurinacionalidad y el reconocimiento constitucional a los pueblos originarios, como una forma de reivindicar a las minorías étnicas y sus derechos.

De verdad que, en medio de un mundo tan convulsionado, es una verdadera luz de esperanza que, en Chile, nuestros políticos, den muestras de que, para todos ellos, sin excepción y sin importar su ideología o militancia, la violencia se debe rechazar siempre, que no tiene cabida en democracia, que las diferencias se resuelven a través del diálogo, el que, por cierto, puede ser apasionado y, en ocasiones, hasta vehemente, pero nunca con insultos, ni menos agresiones físicas.

Tenemos patria.

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Hay que destacar que, por fin, no existieron condenas a medias o matizadas. Nadie habló de que “esos niveles de violencia no son aceptables”, porque en pleno 2026 todos entendemos que, en democracia, la violencia, sin importar “su nivel” o intensidad, simplemente no tienen cabida.

Foto del Columnista Juan José Santa Cruz Juan José Santa Cruz