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El mercado laboral de los 100 años: ¿estamos preparados?

La pregunta no es si vamos a vivir más, es si vamos a ser capaces de trabajar, aprender y aportar durante más tiempo. Si no rediseñamos el sistema ahora, no enfrentaremos solo un problema social, enfrentaremos un problema de competitividad.

La idea de jubilar a los 60 o 65 años está quedando obsoleta. Ya no es necesario y el mundo que la sostenía ya cambió.

Estamos entrando en la era de las vidas de 100 años, pero seguimos operando con un mercado laboral diseñado para trayectorias cortas y lineales y, el desfase, es evidente.

Organismos como el Banco Mundial llevan tiempo advirtiendo que el envejecimiento es un desafío demográfico y económico. Sin embargo, en Chile la conversación sigue concentrada en pensiones, dejando fuera el rediseño del trabajo mismo.

El primer cambio es claro: aprender se transformó en es una condición permanente. Países como Singapur han avanzado en sistemas de formación continua a lo largo de toda la vida laboral. En contraste, en Latinoamérica el reskilling sigue siendo puntual y reactivo.

El segundo problema está en las empresas porque muchas aún operan bajo supuestos que ya no existen… carreras ascendentes, retiro temprano, equipos homogéneos. En economías más envejecidas como Japón, las organizaciones ya están adaptando roles y extendiendo la vida laboral. No por inclusión, sino por necesidad.

Y el mayor desfase está en las políticas públicas. Mientras países como Alemania combinan empleo y pensión, Chile sigue con sistemas fragmentados que no dialogan entre sí. El mercado laboral de los 100 años no es un escenario futuro.

La pregunta no es si vamos a vivir más, es si vamos a ser capaces de trabajar, aprender y aportar durante más tiempo. Si no rediseñamos el sistema ahora, no enfrentaremos solo un problema social, enfrentaremos un problema de competitividad.

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