En una de sus primeras giras al extranjero, el canciller Francisco Pérez Mackenna viaja a India esta semana. Esta es una señal potente de que las referencias del gobierno del presidente Kast a priorizar las relaciones con el gigante asiático no son meras palabras de buena crianza. Una idea de lo inusual de esta visita lo da el hecho de que será solo la cuarta visita de un canciller de Chile a la patria de Gandhi y Nehru en la historia. Solo ha sido precedida por las de Dario Saint Marie en 1957, Alfredo Moreno en 2012 y Alberto van Klaveren en 2024.
Con 1470 millones de habitantes, y habiendo desplazado a China como el país mas poblado del planeta en 2023, India ya no es el “pariente pobre” entre las potencias asiáticas. Su PIB de 3.5 billones de dólares y rápido crecimiento entre el 7 y 8% anual la ha instalado como la quinta mayor economía. Proyecciones indican que será la tercera en 2030 y la segunda en 2050.
Para Chile, que depende de sus exportaciones y de la economía mundial, el mercado indio, con una clase media de 400 millones de habitantes y hábitos de consumo no del todo disimiles a los de sus pares occidentales, ofrece un potencial enorme. Sin embargo, como refleja el desinterés de nuestros cancilleres, los esfuerzos de Chile por vincularse a India han sido solo esporádicos. Después de un ímpetu inicial, que decuplico las exportaciones entre 2003 y 2007 a 2.2 mil millones de dólares, y la firma de un Acuerdo de Alcance Parcial (AAP) en 2006, en 2025 las exportaciones de Chile a India llegaron a apenas 2.6 mil millones de dólares, o sea, casi lo mismo de veinte años atrás.
Este estancamiento contrasta con lo ocurrido con China, donde nuestras exportaciones se multiplicaron por siete en el mismo periodo, de 8 mil millones de dólares en 2005 a 60 mil millones en 2025. La economía china tiene cinco veces el tamaño de la india, lo que explica parte de esta diferencia, pero no toda. ¿Qué ocurrió y que debe tener presente el canciller en esta visita para remediarlo?
La verdad es que Chile ha demostrado una singular miopía con relación a India. Por increíble que parezca, hasta 2005 ningún presidente chileno había visitado India (Frei Ruiz-Tagle cancelo una visita de estado en 1998), año en que Ricardo Lagos realizo la primera visita. Y después de una visita que realizo Michelle Bachelet en 2009, pasaron 16 años hasta la de Gabriel Boric; en 2025 (Sebastián Piñera cancelo a última hora una visita de estado en 2013).
País-continente, potencia nuclear y espacial, cuando se habla que el nuevo siglo será el siglo del Asia, lo que se está diciendo es que será el siglo de China e India. Y ante la falta de interés de Chile, no debe sorprender que nuestras relaciones comerciales estén estancadas. No es India la que debe tomar la iniciativa en esta materia.
En esos términos, con todo lo loable que es la visita del canciller Pérez Mackenna, si se queda en un esfuerzo puntual, esto no va a cambiar. El poner las relaciones de Chile con India en el sitial que merecen y darles la densidad y profundidad que requieren, exige que este sea solo el primer paso en esa dirección. Ella debería ser seguida por una visita presidencial, así como de los ministros de Economía, Agricultura, Obras Publicas y Ciencias, entre otros. Lo mismo vale para autoridades de la CORFO y delegaciones empresariales y académicas. Todo el mundo quiere un pedazo de India hoy, y la competencia es brutal.
Prueba al canto es lo mucho que ha costado avanzar desde el AAP Chile-India con su lista de algunos cientos de productos a un Tratado de Libre Comercio (TLC) hecho y derecho, con diez mil productos. Ello se debe en parte al tradicional proteccionismo indio, pero también a que en India (como en otros países), la aprobación de los TLCs requiere apoyo al mas alto nivel. Estos apoyos son más fáciles de lograr en visitas presidenciales y si son impulsados por esfuerzos de “whole of government”, y no meramente por los de una o dos carteras.
El poner nuestras relaciones con India, uno de los países del futuro , a un nivel comparable con las que tenemos con Estados Unidos o con China, algo que es perfectamente posible si se toman las medidas del caso, podría ser una tarea central de la política exterior de este cuatrienio. Sin embargo, ello requeriría un esfuerzo concertado de todo el gobierno, así como del empresariado y la sociedad civil. De muestra un botón: un programa de intercambio de profesores de ingles indios con profesores de castellano chilenos vendría a llenar importantes vacíos en los sistemas escolares de ambos países.
Nada de esto quiere decir que en el pasado reciente no haya habido esfuerzos por dinamizar la relación con India. El numero de productos en la lista del AAP ha subido. En 2021, el entonces Canciller Teodoro Ribera estableció para estos efectos un Comité Asesor sobre India, aunque fue de corta vida. ProChile ha impulsado con éxito la exportación de nueces a India, y los envíos no tradicionales han aumentado en los últimos años. Pero esto es solo rascar la superficie de lo que significa India.
El desafío central para la política de Chile hacia India, sin embargo, radica en dejar de ver a ese extraordinario estado-civilización meramente como un mercado. La paradoja es que, precisamente por esa visión mezquina, nuestra relación comercial se ha estancado. Al no fortalecer nuestros vínculos políticos, con un país en que la política y la economía están muy imbricados, los lazos comerciales no pueden sino verse afectados.
Tomar en serio nuestra relación con India significa visualizarla como el país líder del Sur Global, con una política de no alineamiento en la pugna EE. UU.-China, con un fuerte compromiso con el multilateralismo, y que hoy preside los BRICS. Todo ello da pábulo para una fuerte colaboración con Chile. El desafío ahora es materializarla.