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La urna aprendió a navegar por internet

Durante mucho tiempo, la transformación digital fue vista como algo propio de trámites administrativos, certificados, inscripciones o sistemas internos. Pero estos procesos muestran que su alcance es mucho mayor. La tecnología también puede fortalecer la democracia, abrir nuevas formas de participación y modernizar prácticas.

Hablar de elecciones es pensar en papeletas, filas, mesas, urnas de plástico, turnos, conteos y espera. Durante mucho tiempo, votar ha estado asociado a una dimensión física muy marcada: estar presente, firmar, doblar el papel, depositarlo en la urna y aguardar los resultados. Pero algo, al parecer, está cambiando. La urna, esa imagen clásica de la democracia, también empieza a navegar por internet.

La Universidad de Chile vivió recientemente dos procesos electorales relevantes para su comunidad: la elección de Rectoría 2026-2030 y las elecciones de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, FECh. Aunque fueron procesos distintos, con responsabilidades y alcances diferentes, ambos refuerzan una señal común: la votación digital ya no es una promesa lejana, sino una herramienta concreta para fortalecer la participación, ordenar los procesos y entregar resultados de manera oportuna.

En el caso de la FECh, el proceso de votación digital fue desarrollado con el apoyo del Centro Tecnológico Ucampus de la Universidad de Chile. A través de la plataforma, la Federación eligió a su nueva mesa directiva con una participación cercana al 50% del padrón, equivalente a más de 18 mil estudiantes, una cifra que no se veía desde el 2011, es decir hace 15 años. Este resultado demuestra que, cuando la tecnología facilita el acceso y entrega confianza, puede convertirse en una aliada concreta de la vida universitaria en su amplio espectro.

Resulta valioso observar que la Universidad de Chile, tanto como otras universidades del sistema de educación superior, avanzan en una misma dirección: incorporar herramientas digitales en espacios donde antes parecía impensado reemplazar procedimientos tradicionales. Y hacerlo bien, con resultados rápidos y con una experiencia que muestra madurez institucional.

Digitalizar no es simplemente cambiar el papel por una pantalla. Es repensar cómo se organizan los procesos, cómo se facilita la participación y cómo se entregan certezas a una comunidad. En el mundo universitario, donde conviven estudiantes, académicos, funcionarios y autoridades, la tecnología puede ayudar a reducir barreras, simplificar etapas y permitir que las decisiones colectivas se desarrollen con mayor agilidad.

Durante mucho tiempo, la transformación digital fue vista como algo propio de trámites administrativos, certificados, inscripciones o sistemas internos. Pero estos procesos muestran que su alcance es mucho mayor. La tecnología también puede fortalecer la democracia, abrir nuevas formas de participación y modernizar prácticas que forman parte de la identidad universitaria. La urna no desaparece: se transforma. Cambia de soporte, pero mantiene su sentido más profundo, que es permitir que una comunidad se exprese, decida y construya legitimidad.

En tiempos donde la confianza en las instituciones es un desafío permanente, avanzar hacia procesos digitales seguros y transparentes no es solo una mejora operativa. Es una señal cultural. Es decir que la universidad puede modernizarse sin perder su esencia, innovar sin dejar de cuidar sus principios y mirar al futuro sin renunciar a su vocación pública. La urna también aprendió a navegar por internet, y en ese viaje la Universidad de Chile está mostrando que la tecnología, cuando se usa con responsabilidad y sentido, puede convertirse en una nueva forma de fortalecer la vida democrática.

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