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Raúl Soto, próximo presidente del PPD: “La centroizquierda dejó de representar a una parte de la sociedad y eso hay que ir a recuperarlo”

El diputado asume la presidencia del PPD con una promesa de renovación generacional y un diagnóstico claro: no basta con sobrevivir como partido. En entrevista con EL DÍNAMO, traza el proyecto político que quiere impulsar, responde por el rol de los liderazgos históricos en la conformación de la lista única y analiza el debate en torno al Plan de Reconstrucción Nacional del Gobierno de Kast.

“El PPD tiene que dejar de mirar al pasado y tiene que empezar a mirar el futuro”, dice Raúl Soto, diputado y próximo presidente del PPD. En entrevista con EL DÍNAMO, el parlamentario adelanta la misión que se autoasigna al frente de un partido que, a su juicio, sobrevivió a la crisis de la democracia liberal pero no logró renovarse a tiempo —dejando ese espacio al Frente Amplio—. En ese sentido, Soto afirma que el PPD hoy debe reinventarse como el motor de la reconstrucción progresista. Lo hace en un momento político concreto: con el Gobierno de Kast tramitando su Plan de Reconstrucción Nacional en el Congreso, una oposición que busca coordinarse sin coalición formal y un PPD que llega a esta disputa con una lista única de consenso, pero con las tensiones internas propias de un partido que todavía procesa su lugar en el mapa político.

—Usted asume la presidencia del PPD en un momento donde los partidos tradicionales están en cuestión. ¿En qué punto está el partido hoy?

—El PPD ha sobrevivido a esta crisis de buena manera: tenemos una representación importante, con un buen número de parlamentarios en la Cámara y el Senado, alcaldes, cores y concejales a lo largo del país. Esa supervivencia se ha logrado sostener en el tiempo. Pero la reflexión que estamos haciendo ahora es que no basta con sobrevivir, sino que hay que repensarse de manera tal que el partido vuelva a tener la relevancia que en algún momento tuvo y pase a ser un partido de vanguardia, moderno, capaz de sintonizar con el sentido común de los chilenos.

—¿Cómo se traduce eso en términos concretos?

—Queremos transformar al PPD en el partido del futuro: un partido digital, con procesos de participación activa y horizontal con sus bases y conexión con el tejido social del país. Los partidos tienen que dejar de mirarse el ombligo y salir nuevamente a representar a la gran mayoría, a la base social de Chile que hoy está de alguna manera carente de representación. La centroizquierda dejó de representar a una parte de la sociedad y eso hay que ir a recuperarlo.

—¿Cómo piensa concretar esa visión en el PPD?

—Con un proyecto como el que estamos pensando: queremos ser el motor de la reconstrucción del progresismo desde un proyecto socialdemócrata del siglo XXI, no del siglo XX. Eso va a significar un trabajo intenso a nivel intelectual, incorporando la visión de expertos, cientistas políticos, gente del mundo de la academia, la ciencia y las tecnologías. Y también queremos que el partido vuelva a ser grande en términos cuantitativos: ya hay conversaciones con gente que está en otras tiendas como el Partido Radical o el Frente Regionalista Verde, que pueden ver en el PPD un espacio renovado en el cual contribuir.

—¿Y hay una autocrítica respecto de por qué el PPD no se renovó antes?

—Sí, hay que reflexionar sobre por qué los partidos tradicionales como el PPD no tuvieron la capacidad de renovarse en su momento y se les vino una renovación por parte del frenteamplismo. De alguna u otra manera, tomamos esta apuesta hoy bajo el entendido de que esa renovación que no llegó en su momento ahora tiene que llegar. Debe haber una renovación de centroizquierda que venga a aportar una mirada más fresca y más en sintonía con el presente.

—Esta renovación se construyó sobre la base de una lista única. ¿Cómo fue ese proceso?

—Fue un proceso de consenso bien diverso, prácticamente un año de reuniones con toda la sensibilidad interna: liderazgos históricos, actuales dirigentes, ex presidentes del partido. Mi condición fue que no habláramos de los nombres de las personas hasta tener un acuerdo mínimo respecto del proyecto político que queríamos impulsar. Valoro mucho la generosidad de los líderes históricos —el propio Girardi, Francisco Vidal, Jaime Quintana, Sergio Bitar, entre otros— para abrirse a esta necesidad de renovación. Cualquier diferencia que pudo haber en el pasado quedó absolutamente superada con la inscripción de la lista única.

—Se dice en el partido que Guido Girardi sigue siendo un controlador y que él fue quien fraguó el acuerdo. ¿Es tan así?

—No. Esto se trató de conversar con distintos actores y distintas sensibilidades internas. Muchos jugaron un rol importante, y yo valoro mucho la generosidad que hubo de todos para poder abrirse a esta necesidad de renovación. La inscripción de la lista única viene a demostrar que cualquier diferencia del pasado está absolutamente superada.

—Usted está acompañado de Sebastián Vergara como secretario general, también reconocido como figura de la nueva generación. ¿Buscan desligarse de las formas antiguas de hacer política?

—Es una etapa nueva y esperamos que sea distinta, pero va a ser con todos. No hay ánimo de desconocer ni de pasar por encima de quienes nos antecedieron. Algunos tendrán espacios en la directiva; otros van a aportar desde la fundación del partido, donde esperamos que confluyan permanentemente los líderes históricos. Las nuevas generaciones tenemos que asumir con empoderamiento, pero eso significa también recoger la experiencia de quienes nos antecedieron. Esto no puede ser partir de cero.

—Uno de los nombres que sonaba para la secretaría general era Cristóbal Barroso, quien finalmente no quedó en esa posición. ¿Por qué?

—Los consensos se van construyendo. Podría haber sido otro presidente también si yo no hubiese generado el consenso que finalmente tuve. Esas son definiciones que se dan en el camino.

—¿No tuvo que ver el hecho de que se conoció que Barroso tiene una condena por hurto, lo que generó ruido en algunos liderazgos?

—Los consensos son lo que resultan, y la lista que se inscribió es lo que finalmente generó el acuerdo de todas las sensibilidades. Lo vamos a respetar como tal.

—¿Hubo algún resquemor o daño en la interna con ese proceso?

—No, yo veo un momento de mucha esperanza y de mucha unidad. Hace tiempo no veía motivación ni mística, y creo que ese efecto se está empezando a generar. Lo vamos a empujar con mucha fuerza en el recorrido por el país que comienza esta semana.

—Usted es diputado en segundo período y fue presidente de la Cámara. ¿Hay un trabajo pendiente entre el partido y su bancada parlamentaria?

—Sí. Tiene que existir una coherencia donde el partido y su proyecto político estén vinculados al trabajo parlamentario. Hoy estamos al debe en eso y queremos revertirlo, por eso hay presencia parlamentaria no solo en mi caso como presidente, sino también en la vicepresidencia. Queremos una hoja de ruta común, con límites claros en función de los principios progresistas que representamos. El PPD tiene espacios de flexibilidad que permiten definiciones más pragmáticas o más apertura al diálogo, pero sobre la base de principios de los cuales no podemos salirnos.

—La bancada figura inscrita como “PPD e independientes”. ¿Va a impulsarlos a que militen en el partido?

—Hay conversaciones con varios de ellos y es posible que algunos den el paso a la militancia, lo que será muy valorado. Quienes decidan mantenerse como independientes también espero que puedan tener mayor sentido de pertenencia e involucrarse más en los procesos colectivos. No como pequeñas islas, sino siendo parte de lo que queremos construir: un partido que se fortalezca en militancia pero que también abra sus puertas al mundo independiente y lo transforme en un valor.

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—El diputado Jaime Araya salió a hablar del “tsunami de indicaciones” a la reforma tributaria del Gobierno, en una postura distinta a la de la bancada. ¿Qué pasó ahí?

—La postura colectiva de la bancada fue presentar indicaciones de manera constructiva, apuntando a apoyos para la clase media, los sectores vulnerables y las pymes, y corregir aspectos negativos de la reforma. Eso fue lo que ocurrió: presentamos 24 indicaciones, probablemente una de las bancadas que menos presentó en términos cuantitativos, pero con indicaciones muy relevantes cualitativamente. El propio Jaime entendió que la decisión colectiva era otra, lo aclaró en su momento y respetó la decisión de la bancada.

—¿Por qué dice que son las indicaciones más relevantes?

—Porque el proyecto está pensado para beneficiar a la gran empresa y a las grandes fortunas, no a la clase media. Si uno revisa la exención del IVA a la vivienda, no beneficia directamente a la gente sino a las constructoras. La exención de contribuciones a la primera vivienda beneficia en gran medida a grandes mansiones. Son cosas que se pueden corregir para que el proyecto tenga mayor sentido de justicia social y de equidad. Desde esa perspectiva hemos tratado de ser propositivos desde el día uno.

—Pero finalmente se presentaron cerca de 1.370 indicaciones en total. ¿Ve un ánimo obstruccionista en el PC y el Frente Amplio?

—No. El propio Jaime presentó unas 60, nosotros 24 y como oposición coordinada solo 10. El resto surgió de manera más espontánea de distintos diputados y bancadas. El PC presentó 300, pero como decisión propia, no parte de una estrategia coordinada. Hay que tener cuidado con ese relato: en el gobierno anterior hubo proyectos con más indicaciones que este. Y hoy el propio Gobierno ha presentado una indicación sustitutiva que muchos interpretan como réplica al supuesto tsunami. El subterfugio que se utilizó para que el resto de las indicaciones no puedan discutirse y se caigan tampoco corresponde a un debate legislativo de buena fe.

—¿El PPD se siente parte de una coalición de oposición? La presidenta del PS ha dicho en varias ocasiones que para ella el Socialismo Democrático no existe.

—Para ser oposición no se requieren necesariamente coaliciones formales. Sí para gobernar, sí para alianzas electorales, y ese es un proceso que se construye con el tiempo. Hoy todos tenemos mayor libertad y autonomía para repensarnos. Lo importante es mantener los puentes, las mesas de coordinación y los objetivos comunes. Por ejemplo, no solo decir que no a esta reforma, sino ofrecer una alternativa desde centros de pensamiento y economistas de sensibilidad progresista, que le señale al país que creemos en el crecimiento, en el empleo y en la inversión. Esas son banderas que el socialismo democrático tiene que volver a levantar con mucha fuerza, como se hizo en los tiempos de la Concertación. Lo mismo respecto de la seguridad: no hay proyecto progresista exitoso que no entienda que el crecimiento económico, el empleo y la seguridad son elementos esenciales. No son cosas contrapuestas, son complementarias.

—¿Y la política de alianzas de cara a las próximas elecciones?

—Anticipar eso hoy es muy apresurado. Esta etapa tiene que ser de unidad en la diversidad. No creo que la unidad deba ser equivalente a uniformidad: a veces se equivoca la gente en eso, creen que por estar unidos tenemos que decir lo mismo y actuar de la misma forma. Eso no es unidad, es uniformidad. La unidad debe construirse sobre la base de entender que tenemos diferencias, procesarlas y respetarlas, y que la suma de esas diferencias es lo que puede construir una mayoría social y política para frenar el avance de la extrema derecha.

—Usted habla de detener la extrema derecha. ¿Cómo evalúa el Gobierno de Kast a poco más de dos meses de su inicio?

—Estamos frente a un Gobierno que está dando muestras evidentes de ser un gobierno ultraconservador y que da una apariencia de republicanismo que en realidad esconde una batalla cultural e ideológica que es clara, y hacia la cual todas sus acciones y decisiones parecen avanzar. Para detener el avance de las ideas ultraconservadoras en Chile, el dique de contención se debe construir en el socialismo democrático y en la centroizquierda, no en los extremos. Y eso significa que necesitamos un PPD renovado, empoderado, con identidad propia, que el día de mañana podamos poner a disposición del proyecto progresista e ir a recuperar la mayoría social y política que se ha perdido.

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Daniel Lillo