Secciones
Opinión

Lo que la aprobación presidencial no dice

La ciudadanía no espera. El gobierno tiene los temas correctos pero sin un proyecto político que los contenga, mientras eso siga así, cada medida se leerá como gestión sin rumbo. La oposición tiene una identidad consolidada pero construida para una población que ya cambió de pregunta.

Leer la aprobación presidencial como señal de hacia dónde quiere ir la ciudadanía es confundir el termómetro con el clima. Criteria lo confirma esta semana: la desaprobación llega al 53%, su máximo histórico. Pero las urgencias ciudadanas son exactamente las que el gobierno prometió atender. Seguridad lidera. Y cuando sumamos empleo y crecimiento lo superan. La mayoría de la ciudadanía no está pidiendo lo que pedía en 2019. El viento todavía sopla a favor de los temas centrales del gobierno.

La percepción de que la desigualdad aumentó en los últimos 30 años cayó del 73% al 31% entre 2019 y 2026. El 64% pone el crecimiento como primera prioridad del país. El 80% cree que el crecimiento genera más empleos. La legitimidad de las protestas como herramienta de cambio está en su mínimo histórico. La ciudadanía demanda resultados concretos en orden y economía.

El desafío que enfrenta hoy el presidente Kast es que capturar demandas en campaña es distinto a construir un proyecto desde ellas. Kast ganó articulando el rechazo al gobierno anterior. Gobernar exige convertir esos mismos temas en una visión de sociedad que la ciudadanía reconozca como propia. Ahí está la distancia real. En seguridad la brecha es inmediata: quienes creen que la delincuencia empeorará subió del 19% al 36% en pocas semanas. En crecimiento y empleo los resultados tienen tiempos que no coinciden con la evaluación ciudadana, incluso aprobando la ley de reconstrucción las personas se demorarán en sentir los efectos en su vida cotidiana. Sin un relato que enmarque cada medida dentro de un horizonte de sociedad, el ciudadano evalúa cada acción por separado, la compara con la promesa y concluye que no llega.

La oposición enfrenta un problema igualmente profundo. Su desaprobación llegó al 61%, diez puntos más que en marzo. Más revelador que ese número es el dato de fondo: la desigualdad, que fue su eje articulador del discurso, solo convoca al 31% de la ciudadanía, la misma aprobación estructural que mantuvo el presidente Boric durante todo su mandato. Ese porcentaje refleja un cambio en cómo la ciudadanía lee sus propias urgencias. Si el ciclo no cambia, los beneficiados de un eventual descontento con el gobierno en ejercicio, no serán necesariamente ellos. El PDG y los libertarios estarán mejor posicionados para capturar ese marco porque se mueven dentro del. Sin una propuesta actualizada, la oposición seguirá hablándole a su público duro. Sin capacidad de volver a representar mayorías.

La ciudadanía no espera. El gobierno tiene los temas correctos pero sin un proyecto político que los contenga, mientras eso siga así, cada medida se leerá como gestión sin rumbo. La oposición tiene una identidad consolidada pero construida para una población que ya cambió de pregunta. En política, los espacios que los actores establecidos no ocupan no quedan vacíos. Los toma quien consolida primero una respuesta creíble para las demandas que nadie está respondiendo.

Notas relacionadas








Lo que la aprobación presidencial no dice

Lo que la aprobación presidencial no dice

La ciudadanía no espera. El gobierno tiene los temas correctos pero sin un proyecto político que los contenga, mientras eso siga así, cada medida se leerá como gestión sin rumbo. La oposición tiene una identidad consolidada pero construida para una población que ya cambió de pregunta.

Foto del Columnista Damián Trivelli Damián Trivelli