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El Papa también tiene un roadmap de IA (y vale la pena leerlo)

León XIV utiliza una imagen poderosa para describir la encrucijada actual. La humanidad puede construir una nueva Torre de Babel basada en la autosuficiencia tecnológica o una ciudad edificada sobre la responsabilidad compartida.

AGENCIA UNO

Mientras las empresas compiten por incorporar inteligencia artificial a sus operaciones, la conversación suele concentrarse en la tecnología: qué modelo implementar, qué procesos automatizar o cuánto aumentar la productividad. Sin embargo, la pregunta más relevante podría ser otra: ¿cómo aseguramos que el avance tecnológico siga estando al servicio de las personas?

Esa es la reflexión central de Magnifica Humanitas, la encíclica publicada por el Papa León XIV el pasado 25 de mayo bajo el subtítulo “La custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. Más allá de las convicciones religiosas de cada lector, el documento merece atención porque aborda uno de los desafíos económicos y empresariales más importantes de esta década, cómo gobernar una tecnología cuyo impacto promete ser tan profundo como el de la Revolución Industrial.

La fecha de publicación también comunica algo central. León XIV firma este texto en el aniversario número 135 de Rerum Novarum, la encíclica con la que León XIII respondió en 1891 a las profundas transformaciones provocadas por las fábricas, la mecanización y los cambios en la relación entre capital y trabajo. Si aquella buscó orientar a la sociedad frente a la primera revolución industrial, esta intenta ofrecer un marco de referencia para la revolución de la inteligencia artificial.

Y es precisamente ahí donde el documento resulta interesante para empresarios, ejecutivos y directores.

La primera idea es que la productividad no puede convertirse en el único indicador de éxito. La encíclica pone el foco en la dignidad del trabajo humano y en la responsabilidad de gestionar adecuadamente las transiciones laborales que generará la automatización. En Chile y América Latina, donde la adopción de inteligencia artificial avanza más rápido que los programas de reconversión laboral, esta advertencia resulta especialmente pertinente.

La pregunta no es cuántas tareas podrán ser automatizadas, sino qué harán las organizaciones para desarrollar nuevas capacidades en las personas que hoy realizan esas funciones. Las empresas que logren combinar tecnología con aprendizaje continuo probablemente construirán ventajas competitivas más sostenibles que aquellas que vean la IA únicamente como una herramienta de reducción de costos.

La segunda idea tiene que ver con la gobernanza. Durante años, la inteligencia artificial fue vista como un asunto reservado a áreas de tecnología o ciencia de datos. Hoy eso ya no es suficiente. A medida que los algoritmos participan en decisiones que afectan trabajadores, clientes y ciudadanos, la discusión pasa a ser también un tema de liderazgo, ética y gestión de riesgos.

La confianza se está transformando en un activo estratégico. Los directorios deberían preguntarse con la misma rigurosidad con que evalúan riesgos financieros o regulatorios: ¿sabemos cómo toman decisiones nuestros sistemas?, ¿podemos explicar sus resultados?, ¿quién asume la responsabilidad cuando se equivocan? La gobernanza de la IA será tan importante como la propia capacidad tecnológica.

Finalmente, Magnifica Humanitas advierte sobre un riesgo menos visible: la dependencia excesiva de los sistemas digitales. La IA puede recomendar, optimizar y anticipar escenarios, pero no reemplaza el juicio humano. Cuando las organizaciones dejan de cuestionar las recomendaciones de sus algoritmos y simplemente las ejecutan, corren el riesgo de debilitar precisamente aquello que las diferencia: la capacidad de liderazgo.

León XIV utiliza una imagen poderosa para describir la encrucijada actual. La humanidad puede construir una nueva Torre de Babel basada en la autosuficiencia tecnológica o una ciudad edificada sobre la responsabilidad compartida. En términos empresariales, la elección no es muy distinta, porque el verdadero desafío de la IA no es tecnológico, es profundamente humano.

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