Esta semana, Mountain Capital Partners —el fondo estadounidense detrás de Valle Nevado y La Parva— tiró la toalla. Su plan de comprarle a Andacor los centros El Colorado y Farellones, y juntar bajo un mismo techo los cuatro grandes de la cordillera de Santiago, no pasó la valla de la Fiscalía Nacional Económica: para aprobarlo, le exigió vender uno de los centros. En la práctica, desarmar el proyecto. MCP prefirió desistir.
La FNE actuó impecablemente. Dentro de su cancha —los cuatro centros, 2.606 hectáreas, un solo dueño— la venta de tickets de esquí en la Región Metropolitana quedaría concentrada en una sola mano, y sí, esa mano podría cobrarle de más al que sube el sábado.
El problema es que esa no es la cancha real. Un proyecto que buscaba poner a Chile en el mapa de los grandes destinos de invierno del mundo no compite con el andarivel de al lado. Compite con Aspen, con los Alpes, con Bariloche. MCP no llegó a exprimir cuatro cerros: llegó a construir un destino de talla mundial.
Visto desde esa altura, el “monopolio” que tanto asustó cabe en una postal. No teníamos enfrente a un gigante que había que trocear. Teníamos un enano al que le negamos la comida que necesitaba para crecer.
Lo que ocurrió, en el fondo, es simple: un negocio que se juega en el mercado global fue medido con una vara local.
Nuestra institucionalidad solo sabe mirar la primera cancha. La diseñaron para eso y en eso es buena. Pero es ciega a la segunda, y por eso ni se le pasa por la cabeza la pregunta que de verdad importa: cuánto vale la escala que un país necesita para competir afuera, y cuánto estamos pagando por seguir midiéndolo todo con la misma vara.
No es torpeza. Es anacronismo.
La decisión no mide el empleo cordillerano que no llegó, ni los turistas que no vinieron, ni el impulso que no recibió la economía. Tampoco al próximo fondo que mirará a Chile con recelo, ni al que tenga el mismo sueño y esta vez lo realice en Argentina. Cuidamos el precio del ticket de este invierno con un celo admirable. ¿Y a alguien se le ocurrió preguntar cuánto costaba, del otro lado, la montaña de oportunidades que dejamos pasar?
Ya sé lo que viene: que este es el argumento de siempre, el del que quiere defender al gran empresariado con la bandera del desarrollo. La objeción es sana y hay que tomarla en serio. Por eso mismo no puede ser el lobby de turno el que decida cuándo se aplica una vara y cuándo la otra. Hace falta un criterio técnico, escrito, que separe la concentración que le pega al bolsillo del consumidor de hoy de la que le construye un mercado al país de mañana. Ese criterio no existe. Y donde no hay criterio, gana por costumbre la vara más corta.
La más corta. Y la más cara.