Ni en la más negra novela de Harlan Coben existe un crimen tan horrible como el cometido, asesinando a un joven de 12 años, cuyo cuerpo – y finalmente cadáver – fue arrastrado por kilómetros por un auto robado. Imaginarse la escena es escalofriante. Es espantoso.
También en escalofriante que son menores de edad los asesinos que cometieron la encerrona para robar el auto, con otro auto ya robado… ¿A quién le entregarán los vehículos? A los que les enseñaron cómo robar, a sus progenitores o tutores que les “encargaron” hacer lo cometido. Eso, no canso en repetir, es escalofriante: padres delincuentes que inducen a sus hijas e hijos a delinquir desde prácticamente la infancia. ¿Qué vida les espera? Ahí ya es imposible la rehabilitación o una vida cívica “normal”, porque el ejemplo bajo el cual crecieron pudrió sus cerebros todavía en formación.
Se habla mucho del crimen organizado, calamidad sobre el que entre muchos yo también advertí ya hace media década; pero poco se habla, llamémoslo, del mini-organizado, del familiar o grupal que hoy abunda y crece día a día. Secuestros, vendettas, ajuste de cuentas, sicariato… crímenes que nos hacen temer salir a la calle ya no cuando oscurezca, sino en pleno día. Grupúsculos de adolescentes sin piedad, sin escrúpulos y sin futuro…
El “gran” crimen organizado ya está tan sofisticado, tecnificado como las más diferentes industrias: la impregnación de tablones de madera con barniz a base de cocaína en gran escala es el ejemplo más candente. Su desarrollo, aplicación, distribución y re-transformación en droga para consumir revelan una costosa, compleja ejecución de última generación, sin hablar del enorme capital y cantidad de operarios que involucra.
Hay claras medidas que imponer con imperiosa urgencia que ni el poder Ejecutivo ni el Legislativo parecen considerar, ambos inmersos en políticas minimalistas en vez de dedicarse a la seguridad ciudadana, tema número uno que hace años afecta a nuestra sociedad.
La rebaja de la mayoría de edad sería una de las más importantes leyes que se deberían implantar. Es absolutamente necesario fijar la adultez en 16 años y, preferiblemente, aún menos años. Muchos de los delincuentes juveniles que andan en las calles tienen hasta cinco antecedentes, detenciones de los que son liberados sin consecuencia alguna. Robo a mano armada, posesión o venta de drogas, violencia, etc. etc. encabezan la lista de atrapados con 14, 15, 16, o 17 años, armados con cuchillos, revólveres, pistolas y hasta metralletas.
En la casi totalidad de casos estos jóvenes son entrenados y mandatados por sus progenitores o tutores quienes organizan sus fechorías y son los que se encargan de los bienes robados. Es tan necesario como el párrafo anterior hacer penalmente responsables a los tutores de menores pillados pues es evidente que son ellos que los proveen con armas y son los reductores de lo robado que encargaron a sus hijos. Pensarán dos veces antes de mandarlos a delinquir si media una posible condena para ellos.
Ya sé que el otro problema inmenso es la falta de nuevas cárceles y la sobrepoblación de prisiones activos, la falta de gendarmes, la cantidad deficitaria de policías. No veo aparecer planes concretos e inmediatos para remediar esa escasez, causa de que delincuentes con media docena o más antecedentes circulen – y actúen – en las calles. Ya que la situación presupuestaria heredada hace difícil destinar fondos suficientes para construir nuevos establecimientos penales, una de las soluciones que pueden surtir efecto a corto plazo es la licitación de cárceles particulares bajo condiciones de parcial o total auto-sustentabilidad mediante el trabajo productivo de los condenados. Ese sistema también ayuda en cierta medida la parcial rehabilitación de los mismos. (Nuestras cárceles consumen en vez de producir; nuestros reos viven de lo que nosotros, los que pagamos los impuestos, producimos. No basta que nos hayan dañado; encima tenemos que sostenerlos…) Sacar al ejército a las calles difícilmente traería una solución; bajar la edad de adultez – y de paso la inmunidad – y hacer responsables penalmente a los tutores por los crímenes de menores es cien veces más eficiente.
Soluciones inmediatas no hay; pero otras a corto – muy corto – plazo aparecen en el horizonte. Y varias a plazo mediano y largo deben ser propuestas y, con urgencia, por el gobierno como legisladas por el parlamento; los hemos elegido para que, entre otras cosas, se dediquen a encontrar soluciones al agobiante problema de seguridad. Encontrarlas YA.