Los estudiantes que conversan con sus padres sobre decisiones de compra y gasto (semanal o mensualmente) obtienen mejores resultados en educación financiera que quienes nunca hablan de estos temas, incluso después de controlar variables como nivel socioeconómico, género o condición migratoria.
En promedio, el 64% de los estudiantes de los países OCDE conversa semanal o mensualmente con sus padres sobre sus propias decisiones de gasto, y el 70% habla sobre dinero para comprar cosas que desean.
La OCDE resume el hallazgo de manera muy clara: “Parents matter” (“Los padres importan”). Los estudiantes que hablan sobre sus decisiones de ahorro o compra con sus padres muestran un mayor nivel de alfabetización financiera.
No es casualidad que la última Encuesta de Capacidades Financieras en América Latina (de la CMF y CAF, presentada en 2023) mostrara que Chile obtuvo un puntaje inferior al promedio de la OCDE: 12,1 de 21 puntos, en comparación a la media de 13 que alcanzan las naciones de la organización. Más aún, el país bajó el puntaje respecto de la medición de 2016. Y la principal brecha no está en el conocimiento, sino en los hábitos financieros, como ahorrar, planificar o administrar el dinero.
En otras palabras, la familia tiene un rol clave en la formación de estas competencias. Y las vacaciones de invierno, lejos de ser sólo una pausa escolar, ofrecen múltiples oportunidades para enseñar estas habilidades de manera práctica y natural.
¿Cómo aprovechar las vacaciones, entonces?
Las vacaciones son una excelente oportunidad para que los niños comprendan que los recursos son limitados y que cada decisión implica elegir. En lugar de resolver todas las salidas como adultos, podemos invitarlos a participar en algunas decisiones: si existe un presupuesto para una actividad, conversar juntos sobre las alternativas, comparar precios o decidir en qué vale más la pena gastar. Incluso se les puede asignar un monto para un paseo y dejar que elijan cómo utilizarlo. Así aprenden que administrar el dinero no significa dejar de disfrutar, sino tomar decisiones conscientes y priorizar aquello que realmente valoran.
También es un buen momento para enseñar la diferencia entre querer y necesitar, una de las bases de una buena educación financiera. Durante las vacaciones aparecen muchas tentaciones: un juguete, un helado extra, un recuerdo del paseo o una actividad adicional. En vez de responder automáticamente con un sí o un no, vale la pena conversar sobre qué necesidad busca satisfacer esa compra y si realmente es imprescindible. Estas conversaciones, sencillas y cotidianas, ayudan a desarrollar pensamiento crítico frente al consumo y a entender que no todos los deseos requieren una respuesta inmediata.
Otro aprendizaje importante es comprender que el valor de las vacaciones no depende del dinero que se gasta. Muchas de las experiencias que más recuerdan los niños nacen de actividades simples, como cocinar juntos, recorrer un parque, organizar una tarde de juegos o visitar un museo gratuito. Mostrarles que existen distintas formas de disfrutar, con costos muy diferentes, les permite entender que un mayor gasto no garantiza una mejor experiencia. Es una forma concreta de enseñar que el dinero es un recurso que debe administrarse, no el objetivo de las vacaciones.
El ahorro también puede enseñarse con metas pequeñas y cercanas. Si, por ejemplo, un niño dispone de $1.000 diarios durante las vacaciones, pero quiere comprar una pelota que cuesta $2.000, tendrá que decidir si gasta todo cada día o si guarda parte del dinero para alcanzar ese objetivo. Esa experiencia les permite entender que ahorrar no es simplemente dejar de gastar, sino postergar una recompensa para conseguir algo que realmente desean.
Finalmente, las vacaciones son un buen momento para sembrar la idea de la planificación a largo plazo. Cuando termina una salida o un viaje, se puede conversar sobre qué les gustaría hacer en las próximas vacaciones y cómo podrían prepararse desde ahora para lograrlo. Ahorrar con una meta definida, buscar alternativas más económicas, comparar opciones, ver en qué ahorrar en conjunto o planificar con anticipación son hábitos que ayudan a los niños a comprender que muchos objetivos importantes no se alcanzan de un día para otro, sino gracias a la constancia y la organización.