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¿Quién dijo retiro? La cultura no jubila

Durante muchas décadas hablamos de “dar espacio” a las personas mayores, como si se tratara de una concesión. De aquí a 2070 esta población sólo irá en aumento, por lo que corresponde diseñar instituciones, políticas públicas y espacios comunitarios que reconozcan que el desarrollo humano no termina con la vida laboral ni con la jubilación.

Hasta hace no mucho tiempo atrás, cumplir 60 años era sinónimo de comenzar a retirarse de la vida pública y profesional. Actualmente, en cambio, es un momento lúcido de madurez y experiencia que permite desplegar talentos como pocas veces antes y que nos lleva a repensar la adultez mayor desde nuevos enfoques.

La historia nos muestra que la vejez no sólo no ha sido un impedimento, sino que a menudo marca la cumbre del genio creativo de un artista.  Muchos de los creadores más influyentes realizaron sus obras más revolucionarias e icónicas bien pasados los 60 años, fenómeno conocido históricamente como el “estilo tardío”. Es el caso de Miguel Ángel que a los 61 años comenzó la Capilla Sixtina; de Claude Monet, que pasados los 70 realizó sus consagradas obras de su jardín en Giverny;  de Katsushika Hokusai, el maestro japonés que creó su obra más famosa, La gran ola de Kanagawa, cuando tenía alrededor de 70 años. Y con sabiduría, a esa edad señaló que todo lo que había dibujado antes no valía la pena y que esperaba alcanzar la verdadera maestría al cumplir los 100.

No obstante para muchos, los 60 siguen siendo un paso de un estadio a otro indefinido. No hay conciencia aún de que se trata de un buen momento de reencuentro, una oportunidad de reinvención/redefinición o un buen momento para hacer algo que antes se había postergado. Entre esas cosas aparecen las opciones de aprender pintura, tomar clases de teatro, leer, cantar, escribir, viajar, estudiar, conocer nuevas personas, hacer deportes y  participar en nuevas comunidades, entre otros.

El problema es que la expectativa de vida aumentó, pero todavía seguimos diseñando los espacios pensando en una adultez mayor pasiva. Según un informe del INE de 2024, la población de personas mayores en el país era de 14%, muy por sobre el 11% declarado en 2017, y se proyecta que para el año 2070 esa población sea más del 40%. En la práctica, estamos hablando de 4 de cada 10 chilenos que contarán con más tiempo para diversas actividades, sin que nuestras ciudades, instituciones y espacios culturales estén preparados para esa nueva realidad.

La pregunta es ¿qué oportunidades tienen hoy las personas mayores para seguir aprendiendo, creando, emocionándose o sentir que todavía forman parte activa de su comunidad? 

Desde la cultura hay opciones de aportar al futuro que queremos forjar para los mayores de las próximas generaciones. La experiencia nos muestra el re florecimiento de muchas personas que se integran a programas de música, literatura, historia, patrimonio, artes visuales e incluso artes escénicas, donde se abre un universo de nuevos aprendizajes y experiencias junto al conocimiento de nuevas personas. El aprendizaje, la curiosidad, los nuevos vínculos y nuevos desafíos son claves para una vejez con mejor calidad de vida. Y estudios recientes como el dirigido por el Kings College de Londres, muestran que el arte influye positivamente en los sistemas inmunitario, hormonal y nervioso de manera simultánea, sobre todo al contemplar obras originales de artes visuales.

Durante muchas décadas hablamos de “dar espacio” a las personas mayores, como si se tratara de una concesión. De aquí a 2070 esta población sólo irá en aumento, por lo que corresponde diseñar instituciones, políticas públicas y espacios comunitarios que reconozcan que el desarrollo humano no termina con la vida laboral ni con la jubilación. Y las organizaciones culturales a este respecto tienen hoy que tomar un rol activo pues son fundamentales.

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Foto del Columnista Alejandra Valdés Alejandra Valdés