La innovación no está presente sólo en las aulas, en el emprendimiento o en los grandes centros tecnológicos. Es que cuando hablamos de innovación solemos pensar primero en la tecnología, pero en la práctica municipal se trata de algo más amplio, como nuevas formas de generar cultura, organizar a la sociedad, gestionar un territorio y acercar soluciones a la vida diaria.
En nuestra comuna llevamos tiempo trabajando para ser un polo de desarrollo en ese sentido amplio, y participar en instancias como esta nos confirma que el camino avanza mucho más rápido cuando se recorre colaborativamente.
La crisis medioambiental es sólo uno de los frentes donde esa vocación de innovación se pone a prueba, aunque probablemente uno de los más urgentes. El cambio climático, la escasez hídrica, la pérdida de biodiversidad o cómo reciclar una cantidad de desechos cada vez mayor son problemas que exigen respuestas eficaces, innovadoras y con los pies en la realidad local.
En ese sentido, iniciativas globales como el Fondo Juventud y Acción Climática, impulsado por Bloomberg Philanthropies son un buen ejemplo de que las mejores alianzas se concretan cuando un gobierno local y una organización filantrópica identifican una meta específica y deciden potenciarla juntos utilizando la innovación. Hoy, gracias a este programa, junto a la Corporación Cultural, abrimos una convocatoria para que jóvenes de entre 15 y 24 años presenten proyectos de acción climática alineados con nuestras prioridades ambientales. Las iniciativas seleccionadas recibirán micro subvenciones para llevar sus ideas a la práctica, y eso demuestra cómo la filantropía fortalece una estrategia territorial que como municipio ya veníamos impulsando en materia de desarrollo sostenible.
Creo que esa es la principal enseñanza de este tipo de iniciativas, y también de instancias como Bloomberg Harvard City Leadership Initiative. La innovación municipal no va tanto por la cantidad de recursos, sino por saber conectar capacidades distintas para resolver un desafío común. El municipio aporta conocimiento del territorio y capacidad de gestión; las organizaciones filantrópicas suman recursos, experiencia y redes internacionales; y la comunidad -en este caso los jóvenes- ponen la energía, la creatividad y el compromiso para ejecutar las soluciones.
Cuando las demandas sociales crecen y los recursos siempre parecen insuficientes, el camino está en impulsar alianzas que multipliquen el impacto y en convertir a las comunas en verdaderos polos de innovación climática, cultural, tecnológica y social. Si existe un propósito compartido, es mucho más probable que el financiamiento encuentre un mejor destino y que el talento local tenga una oportunidad real de transformar su propio territorio.