Los datos del INE para el trimestre abril-junio 2026 revelan un desempleo que se mantiene en 9,4%. Si bien este número es igual al trimestre inmediatamente anterior – quebrando así la tendencia al alza entre trimestres consecutivos- , acá lo que conviene observar es la variación comparada con el mismo trimestre del año anterior. En este ítem los números de desempleo siguen siendo negativos, con la tasa mostrando un incremento de 0,5 puntos porcentuales en un año.
Detrás de este deterioro anual hay un desajuste claro entre la oferta y la demanda de trabajo: mientras la fuerza de trabajo creció 1,5% en doce meses, las personas ocupadas lo hicieron apenas 0,9%, brecha que se tradujo en un salto de 7,7% en el número de desocupados. El alza responde tanto a quienes perdieron su empleo, con los cesantes aumentando 7,5%, como a quienes recién se incorporan a buscar trabajo, un 9,8% más, lo que confirma una economía que no está generando puestos al ritmo en que nuevas personas intentan sumarse al mercado laboral.
Dentro de los resultados, destaca la tasa de informalidad, la cual crece 1 punto porcentual respecto de hace un año y se ubica en 27%, acumulando ya 7 trimestres móviles consecutivos de alzas a 12 meses, un fenómeno que responde a la falta de creación de empleo formal y golpea sobre todo a las mujeres, que exhiben una tasa mucho más alta. De hecho, hoy la ocupación se sostiene en el trabajo por cuenta propia y en el asalariado informal, mientras el empleo asalariado formal se contrae.
Por el lado del empleo femenino, se observó un descenso marginal de la tasa respecto del trimestre inmediatamente anterior, hasta 10,4%. Aun así, sigue lejos de bajar de los dos dígitos y a un año aumenta 0,5 puntos porcentuales. Estas alzas se dan en un contexto de mayor participación laboral femenina, en aumento desde mediados de 2025, que presiona a un mercado incapaz de responder con más empleo y acelera la informalidad entre mujeres. De esta forma, se reafirma la urgencia de políticas pro empleo que faciliten la contratación de grupos vulnerables como las mujeres.
En cuanto a lo que viene en lo inmediato soy poco optimista, pues históricamente, el desempleo tiende a subir en los trimestres móviles que vienen producto de la estacionalidad propia de los meses de invierno. Acá los estímulos propuestos por el gobierno pueden servir de amortiguadores, pero no estarán completamente reflejados en la siguiente encuesta y el efecto pleno es aún incierto. Además, la actividad económica todavía no da las mejores señales en materia de crecimiento e inversión, dos elementos esenciales para la generación de empleo. Ya más a mediano y largo plazo, tengo una mirada más optimista, pensando en que elementos como el subsidio unificado al empleo estarán en régimen, que hay más espacio para implementar reformas estructurales al mercado laboral y que la actividad económica y la inversión se pueden recuperar.