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IA y trabajo: la transición pendiente

Durante años se anunció un escenario terrible. La IA reemplazando a abogados, contadores y programadores, entre muchos otros. Un tsunami que iba a empezar en 2026. Pero la realidad se ha mostrado un poco más amable.

La IA aún no ha dejado a millones de personas sin trabajo. Pero a Cristóbal, parece que sí. Cristóbal tiene 45 años, es ingeniero industrial y lleva tres meses manejando Uber. Perdió su puesto administrativo en una empresa mediana hace más de un año. Como tenía experiencia, pensó que encontraría trabajo rápido. Pasó más de ocho meses postulando, recibió algunos rechazos y, sobre todo, mucho silencio. Cuando sus ahorros empezaban a flaquear, dejó de buscar. “Uno no puede esperar para siempre”, me dijo, y agregó que tenía varios compañeros de generación que estaban en las mismas. “Todos ingenieros, y creo que varios perdieron la pega por la IA”. 

La afirmación de que habría sido culpa de la IA, me dejó pensando. Su despido puede haber sido producto de una reorganización o una mala situación de la empresa, pero su sospecha no es infundada. 

Muchas tareas administrativas llevan años pudiendo ser automatizadas. Emitir una orden de compra, aprobar o rechazar una factura, y conciliarla contra la cuenta bancaria son tareas que un computador puede hacer más rápido que una persona y sin errores, y desde antes de la IA. Sin embargo, el crear cada una de esas automatizaciones era un proyecto en sí mismo, que comprendía construir software, controlar su calidad, probarlo y echarlo a andar. 

La IA hizo esas automatizaciones muchísimo más baratas. Hoy, el tiempo que toma ese proyecto de automatización se redujo en más de un orden de magnitud, y no requiere un experto en software para lograrlo. La reducción de costo de este tipo de proyectos está cambiando el cálculo de cuánta gente requiere una empresa para hacer el mismo trabajo. 

Ese patrón ya aparece en soporte, ventas, producción de contenido y desarrollo de software. A veces se ve como un despido; otras veces es más difícil de detectar: una vacante que no se repone, un equipo que no crece o una meta de productividad que se duplica. 

Durante años se anunció un escenario mucho más terrible. La IA reemplazaría abogados, contadores, diseñadores, vendedores, conductores y programadores. La pérdida de trabajos ocurriría tan rápido que la economía no alcanzaría a crear otros nuevos. Estudios advertían que, hacia 2026, la automatización comenzaría a provocar una disrupción masiva de trabajos a nivel mundial. 

En mi industria, la de tecnología, los programadores iban a sentirlo más fuerte y más temprano: pasarían de ser uno de los trabajos mejor pagados a ser reemplazados en masa por la IA, que crearía todo el software por ellos. Las empresas que creaban software podrían prescindir de sus servicios. Eran, según varias predicciones, uno de los roles más automatizables de todos. 

Sin embargo, aquí estamos, a mediados de 2026, y el desempleo masivo está retrasado. La mayoría de los programadores, que nada tendrían que programar porque la IA lo programaría todo por ellos, siguen con trabajo. Lo que cambió es cuánto se espera que produzcan: con ayuda de la IA, una persona puede programar en mucho menos tiempo cosas que antes requerían equipos considerablemente mayores. 

Quizás el desempleo masivo nunca llegue como una gran ola visible en las estadísticas. Quizás llegue como miles de historias privadas: un despido aquí, una vacante que no se repone allá, una carrera que pierde valor antes de que aparezca la siguiente. 

Mi impresión es que la IA puede destruir puestos de trabajo en el corto plazo y, a la vez, generar crecimiento económico en el largo plazo. Al aumentar la productividad de cada trabajador, la IA permite producir más bienes y servicios con los mismos recursos. Si esas ganancias se traducen en menores precios y nuevas inversiones, aumentan también el consumo y la demanda por nuevos productos. Una economía más productiva termina creando actividades nuevas, o haciendo factible resolver necesidades que antes eran demasiado caras de atender. 

Puede que dentro de algunos años la economía tenga más empresas, más servicios y más empleos gracias a la IA. Eso no le devuelve a Cristóbal el año que pasó buscando trabajo ni el sueldo que perdió. El costo de esta transición estará, en buena parte, en ese tiempo entre el empleo que desaparece y el que todavía no existe. 

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