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El fotógrafo de la República

A sus 42 años, Marcelo Segura es parte del equipo de fotógrafos oficiales de la Presidencia. Desde ese rol, le ha tocado retratar a Sebastián Piñera, Gabriel Boric y José Antonio Kast, además de conservar un archivo con imágenes de todos los mandatarios que lideraron al país desde el regreso de la democracia.

Hay una imagen del último día de la presidencia de Gabriel Boric que hasta ahora pocos habían visto. A minutos de dejar su oficina, el exmandatario sentó a su hija Violeta sobre su escritorio luego de mudarla.

Ese momento quedó inmortalizado gracias a la fotografía de Marcelo Segura (42 años), quien ha ejercido como fotógrafo oficial de la presidencia desde el inicio del segundo gobierno de Sebastián Piñera, pasando por el mandato de Boric hasta llegar a trabajar hoy con el presidente José Antonio Kast.

Con un estilo cercano a la fotografía documental que hizo popular el fotógrafo Pete Souza con Barack Obama, Segura llegó a La Moneda luego de trabajar durante 15 años en La Tercera y Qué Pasa. Estando ahí le tocó seguir la campaña de Piñera en 2017, tras lo cual fue invitado a incorporarse a su staff luego de sacarle la foto oficial para su segundo mandato. “Ese día yo estaba nervioso, porque por más que ya le había hecho fotos antes, sentía el peso de que esa imagen iba a estar en todos lados. Fue una sesión muy larga en que se cambió de corbata, camisa y traje mil veces, pero fue muy amable. Con el paso de los días me confirmaron que me incorporaba al equipo de La Moneda”.

Acostumbrado a hacer reportajes y retratos, uno de sus trabajos favoritos durante su época como reportero gráfico era seguir a una persona durante una semana para mostrar su personalidad, por lo que cuatro años siguiendo a un mismo personaje le daba muchas más posibilidades de tener buen material.

“Cuando llegué, todo era nuevo y todo me asombraba. Tenía acceso total a cumbres, a giras y, a veces, también a los momentos más privados”.

Sin embargo, ganarse ese espacio fue algo que costó al principio. “Por mucho que uno sea el fotógrafo oficial no es que tenga la puerta abierta para meterse todo el rato a sacar fotos; lo principal es ganarse la confianza, y eso toma, inevitablemente, un par de meses. Al comienzo fue un poco complicado, porque el Presidente Piñera estaba acostumbrado a la foto protocolar. Costó que entendieran que retratar a un presidente no es solo una foto de su cara o de medio cuerpo, sino que hay que ponerlo en contexto, alejarse, interesarse también en la gente que lo rodea. Una vez que entendió la forma en que yo quería retratarlo, se soltó. Ahí sentí que hubo un clic que me dio acceso total: yo subía, golpeaba la puerta, le preguntaba a la secretaria o a la jefa de gabinete si podía entrar a fotografiar mientras él trabajaba, y pasaba sin problema; él seguía en lo suyo. Uno termina siendo una especie de sombra, un fantasma. La idea es que se olviden de tu presencia”.

El estallido social: “Él es parte de mi equipo”

El momento más recordado de la segunda presidencia de Sebastián Piñera es sin dudas el estallido social. Muchas de las fotos más íntimas que hay de esos días dentro del Palacio fueron sacadas por Marcelo. Sin embargo, una vez que terminaba su jornada, salía a fotografiar lo que sucedía en la Alameda y sus inmediaciones. Eso queda muy bien reflejado en su libro “Retrato Presidencial: Sebastián Piñera” (324 páginas), el que cubre todo el periodo hasta los funerales de Estado del fallecido mandatario.
Durante el estallido, no olvida una reunión entre el Presidente y los jefes de las Fuerzas Armadas en la que sintió la confianza y responsabilidad que Piñera depositaba sobre él. “Comenzaba la reunión y él estaba escribiendo, todos sentados, yo haciendo fotos, y nadie hablaba. El Presidente dijo: Bueno, ¿por qué no comenzamos? Habían pasado un par de segundos y el resto esperaba a que el fotógrafo saliera de la sala. Y él dice: Él es parte de mi equipo, comiencen, por favor. Fue un clic: ahí sentí que tenía acceso total a lo que yo quisiera”.

El cambio de tono con Gabriel Boric

Después de trabajar con Piñera, Segura pasó a seguir al Presidente Gabriel Boric, alguien que, según cuenta, se preocupaba mucho menos de la fotografía que su antecesor. Con Boric había menos acceso a la intimidad, pero asegura que nunca puso ninguna traba; fue siempre muy cordial. Esas cosas te van permitiendo avanzar un poco más en la relación.

“Recuerdo una vez que unos amigos le dijeron al Presidente que yo era el fotógrafo de Piñera, casi como diciendo que venía del otro bando. Y recuerdo perfecto que él respondió: ‘Eso habla muy bien de él, porque si puede seguir trabajando ahora es porque es un buen profesional’. Ese tipo de gestos son como espaldarazos. Él entendió que hay funcionarios que son del Estado más que del gobierno, y que si hacen bien su trabajo deberían permanecer”.

Dada la reserva de Boric hacia su vida privada, Marcelo sentía que, para mostrar el retrato completo de un presidente, tenía que registrar que tuvo una hija durante esos cuatro años. “Un par de veces le tomamos fotos con ella en actividades, pero yo sentía que necesitaba una foto potente, dentro del Palacio. Ya se estaba acabando el gobierno y yo pensaba: no tengo la foto, no tengo la foto”. No obstante, el día 10 de marzo de 2026 —en su último día de gobierno— el mismo Presidente lo llamó para que les hiciese fotos en su oficina. “Cuando entro, él estaba mudando a Violeta en su cuna, al lado de su escritorio. Apenas entro, me dice: Toma foto, toma foto. Era el 10 de marzo, un día antes del cambio de mando. Le hago la foto mientras la muda, muy natural, jugando con ella, y después la sentó en el escritorio; ahí me alejé un poco e hice un par de planos generales, hasta que me dijo: Ya, Marcelo, estamos. Bajé con una sonrisa: tenía la foto que necesitaba”.

El tercer presidente

Actualmente Marcelo Segura está trabajando bajo su tercer presidente en ejercicio en La Moneda, y según cuenta, es bien particular lo que pasa en Chile, ya que ninguno de los tres, ni sus equipos, le ha dado nunca una instrucción sobre cómo quieren que se vea el mandatario. “Siento que te dan la confianza para retratarlo, y lo que sale en las imágenes es lo que transmite la esencia de cada uno. No hay un mandato de muéstralo como estadista o muéstralo cercano. Con el presidente José Antonio Kast ha sido lo mismo: no hay instrucción directa, y el trato con nosotros es muy bueno. También nos da acceso total a las reuniones; si uno pide algo, accede”, dice Marcelo. “El equipo que llegó ahora me ha dicho que le gustan mucho mis fotos más documentales, así que eso me da la libertad de seguir haciendo lo mismo”.

Retratar la democracia

Junto con los presidentes en ejercicio que ha retratado, Marcelo Segura también pudo fotografiar a todos los mandatarios electos desde el regreso de la democracia en 1990. En su archivo se encuentran imágenes del fallecido Presidente Aylwin, las últimas fotos en la vida pública del Presidente Lagos, y fotos de la Presidenta Bachelet, y del Presidente Frei. Para el profesional es importante tener registrada la democracia de Chile desde el 90 en adelante, dándole un valor histórico a esas fotografías.

“Siento que la fotografía presidencial tiene una gran responsabilidad para cada fotógrafo al que le toca hacerla, ya que son fotos que van a trascender en el tiempo y que van a relatar, en parte, el momento en que gobernó cada presidente. No fotografié a Aylwin cuando era presidente, pero sí en una actividad a la que asistió durante el primer mandato de Piñera”.

Actualmente, Marcelo Segura presenta, en el hall de la Municipalidad de Ñuñoa, la exposición Retrato Presidencial: Sebastián Piñera Echeñique, que cuenta con 50 imágenes sacadas durante el segundo periodo del mandatario, las que también se pueden ver en el libro que editó con el mismo nombre y que incluye una carta de despedida que Cecilia Morel escribió especialmente para el libro. Además, dentro de sus planes está sacar un segundo tomo, bajo el mismo nombre, con las fotos de la presidencia de Boric.

Por otro lado, apunta a realizar una segunda muestra con imágenes de todos los presidentes que han liderado Chile desde 1990, con el fin de poner de relieve el valor y el respeto por la democracia. “Hay que entender que el retrato de una persona no es solo su cara: es todo lo que la rodea, cómo tiene puesto su escritorio, la taza con la que toma té. Piñera tomaba café en una taza de Fanaloza, histórica en La Moneda; el Presidente Boric, en cambio, tomaba en un tazón de la Universidad Católica. Eso también habla del personaje: cómo está hecha su banda presidencial, quién es su escolta, sus asesores. Todo eso narra un poco su personalidad. Por eso la importancia de la fotografía documental: ningún fotógrafo tiene esa libertad ni ese acceso. Créeme que cómo se compone su escritorio habla mucho del personaje: el Presidente Boric tenía recuerdos de Codelco, de fundaciones sociales; el Presidente Piñera tenía el escritorio lleno de carpetas, todas subrayadas. Eso habla mucho de cada uno”.

Las fotografías de Segura

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