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Una sociedad más longeva necesita otra estrategia tecnológica

Chile deberá desarrollar mejor las capacidades de quienes nacen, amplificar el potencial de quienes trabajan y extender la autonomía de quienes vivirán más años. La IA puede ser una herramienta para hacerlo, pero el progreso tecnológico no debiera medirse solo por cuánto la usamos, sino por las capacidades humanas que nos permite construir.

AGENCIA UNO

Chile nunca había tenido tan pocos hijos y, al mismo tiempo, nunca habíamos tenido tecnologías con tanta capacidad para amplificar lo que una persona puede aprender, producir y crear. Ambas transformaciones suelen discutirse por separado. No deberíamos hacerlo.

En 2025 nacieron 146.446 personas en Chile, un 46,9% menos que en 1993. Por primera vez, la tasa global de fecundidad cayó bajo un hijo por mujer, llegando a 0,99. Al mismo tiempo, en 2026 tenemos 92,5 personas de 65 años o más por cada 100 menores de 15. No estamos simplemente envejeciendo, la arquitectura demográfica del país está cambiando y, eso, también debería cambiar nuestra estrategia tecnológica.

La discusión que acaba de abrir Europa entrega una señal interesante. La Comisión Europea presentó una propuesta que restringe el acceso autónomo de menores a redes sociales y exige que los servicios digitales utilizados por niños y adolescentes sean seguros desde el diseño. El principio detrás es que no deberíamos preguntarnos solamente cuánto acceso queremos dar a la tecnología, sino qué capacidades humanas queremos desarrollar con ella.

En la infancia, esto implica dejar de asumir que toda exposición tecnológica genera capacidades digitales. Usar una plataforma no es lo mismo que desarrollar pensamiento crítico, creatividad o autonomía.

La misma pregunta aparece en el otro extremo de la vida. Si tendremos proporcionalmente menos jóvenes y una población más longeva, necesitaremos que las personas puedan aprender, trabajar y mantenerse autónomas durante más tiempo. En ese escenario, la inteligencia artificial puede convertirse en un multiplicador de capacidades, apoyar el aprendizaje continuo, aumentar la productividad, facilitar reconversiones laborales y extender la autonomía. Por eso, baja natalidad, longevidad e inteligencia artificial no son tres conversaciones independientes.

Durante años hemos hablado de transformación digital como una estrategia para hacer más eficientes a las organizaciones. El cambio demográfico obliga a ampliar esa mirada. Cuando las nuevas generaciones son más pequeñas y las personas viven más, desarrollar capacidades durante todo el ciclo de vida se vuelve una cuestión de competitividad.

Chile deberá desarrollar mejor las capacidades de quienes nacen, amplificar el potencial de quienes trabajan y extender la autonomía de quienes vivirán más años. La IA puede ser una herramienta para hacerlo, pero el progreso tecnológico no debiera medirse solo por cuánto la usamos, sino por las capacidades humanas que nos permite construir.

En un país con menos niños y vidas más largas, cada capacidad humana importa más.

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Chile deberá desarrollar mejor las capacidades de quienes nacen, amplificar el potencial de quienes trabajan y extender la autonomía de quienes vivirán más años. La IA puede ser una herramienta para hacerlo, pero el progreso tecnológico no debiera medirse solo por cuánto la usamos, sino por las capacidades humanas que nos permite construir.

Foto del Columnista Camila Mohr Camila Mohr