La humanidad puede respirar tranquila: Donald Trump reunió en la Casa Blanca a los líderes de la inteligencia artificial y consiguieron una fotografía en la que el futuro parece estar bajo control. Estados Unidos sabe organizar un rescate planetario: una amenaza formidable, un elenco de celebridades y el presidente al centro. Faltaban las capas de superhéroes, pero nadie iba a detener la ceremonia por un problema de vestuario.
Entre los participantes estaban líderes de Meta, Google, OpenAI, Anthropic y otras grandes empresas tecnológicas. Hubo un acuerdo de autorregulación y compromisos de controles y auditorías. Consultado sobre el carácter del acuerdo, Trump lo describió como “moralmente vinculante”. Una expresión suficientemente solemne para acompañar la firma y suficientemente imprecisa para dejar pendiente qué ocurre si alguien incumple.
La ceremonia tuvo resultados inmediatos. Trump apareció conduciendo el futuro. Los líderes tecnológicos, haciéndose responsables de él. Todos consiguieron una imagen útil. Los demás tendremos que esperar para saber cuánto vale el compromiso que la acompaña.
La frase “Moralmente vinculante”, entretanto, merece salir de la Casa Blanca: hay unas cuantas promesas conocidas que encontrarían cómodo alojamiento en esas dos palabras. Promesas que permiten obtener una ventaja sin asumir lo que exige cumplirlas.
Los gobiernos de todos los colores, conocen el procedimiento: las soluciones se anuncian en campaña; las dificultades se conocen en el cargo. Las familias siguen pagando por atenderse ante una enfermedad, protegerse de la delincuencia o llegar a fin de mes. “Moralmente vinculante”, al parecer, era la parte del programa que permitía ganar la elección. La espera corre por cuenta del elector.
El político promete también, terminar con los privilegios, poner fin al cuoteo y nombrar a los mejores. Hasta que los mejores resultan ser sus amigos, el cuoteo se convierte en un acuerdo necesario y los privilegios, vistos desde dentro, tienen su justificación. “Moralmente vinculante”. La indignación duró hasta que le tocó repartir los cargos.
En espacios más cotidianos, como lo es una oficina, por ejemplo, el jefe promete un aumento que no tiene intención de gestionar y deja que el trabajador organice sus gastos contando con él. Después informa que las condiciones cambiaron. “Moralmente vinculante”, explicó. Qué curioso que cambien las condiciones de la promesa y permanezcan intactas las del arriendo.
Y en la pareja incluso, quien promete fidelidad sin estar dispuesto a practicarla suele descubrir después que las relaciones son complejas. ¡Por supuesto que lo son! La promesa era “moralmente vinculante”. La otra persona debía confiar; quien la hizo se reservaba el derecho a reinterpretarla.
Los nuevos medios facilitan el procedimiento: permiten anunciar ante millones de personas sin responder preguntas, bloquear a quien pide explicaciones y reemplazar una promesa incumplida por una publicación nueva. “Moralmente vinculante” puede pasar por explicación suficiente si quien la pronuncia administra también las preguntas.
No cumplir no siempre significa haber engañado. Hay obstáculos reales, errores y circunstancias que cambian. Precisamente por eso los liderazgos deben comprender que, en esta nueva era, dar explicaciones es indispensable para la credibilidad de las instituciones que representan.
También habrá que avanzar en la discusión judicial. Una promesa electoral, una oferta comercial y una obligación contractual tienen alcances distintos. Pero cuando una afirmación induce decisiones, genera ganancias para quien la emite y provoca daños a quienes confiaron en ella, corresponde examinar qué responsabilidad existe. Esto cobra especial importancia en el desarrollo tecnológico. Las empresas amplían el alcance de sus efectos y ganancias. Los tribunales también tendrán que avanzar para examinar las responsabilidades que surjan: qué se aseguró sobre un producto, qué riesgos se conocían, qué decisiones se tomaron y quién resultó perjudicado. Los daños pueden afectar el patrimonio, la privacidad, la seguridad o la salud de las personas.
Volvamos a la Casa Blanca. Sus protagonistas ya tienen la fotografía. Habrá compromisos cuyo cumplimiento dependa de la voluntad de sus firmantes y responsabilidades que deban determinarse si se producen daños. El adverbio elegido durante la ceremonia no resuelve esa distinción: “Moralmente vinculante”. Las empresas seguirán desarrollando la tecnología. Pero las respuestas para sus consecuencias no siempre podrán quedarse en el terreno de la moral. La cuenta del daño a futuro difícilmente aceptará tanta delicadeza.