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La culpa

Tener la culpa de todo en todo momento se transforma en una costumbre, y quien tiene la culpa (o la supuesta culpa) en un imán de las miradas y de las críticas que se aprovechan del posicionamiento del gobierno y del presidente en el inconsciente colectivo.

Todos los caminos conducen al gobierno del presidente Kast, dónde la desaprobación parece no tener límite. Un 60% de disconformidad a meses de haber asumido, dan cuenta de una cierta deriva que ya genera especulaciones y debates acerca de los potenciales candidatos para un futuro período.

Son varios los motivos que hacen de este gobierno un blanco fácil de atacar, no sólo desde la oposición sino hasta de un fuego amigo despiadado.

Y aquí aparece de manera flagelante la idea que todo es culpa de este gobierno, hasta de los efectos ingratos de la naturaleza como el aluvión de hace pocos días atrás.

Tener la culpa de todo en todo momento se transforma en una costumbre, y quien tiene la culpa (o la supuesta culpa) en un imán de las miradas y de las críticas que se aprovechan del posicionamiento del gobierno y del presidente en el inconsciente colectivo.

Pero obviamente ese posicionamiento es consecuencia de la relación entre el relato y la promesa, y las decisiones que surgen de las situaciones de las que el presidente y su equipo debiesen darse cuenta. La culpa está dada por no darse cuenta.

El darse cuenta del presidente está en que el resultado de la caída constante de la confianza ciudadana está relacionado con la calidad de la política, algo que su gobierno no parece tan predispuesto a mejorar.

Surge entonces la pregunta: ¿Cuáles son las acciones y decisiones que están llevando a esta sensación de pasividad y parálisis en la que está envuelta la sociedad chilena?

  1. La comunicación
    Un gobierno que supone transformar, no puede descuidar la manera de comunicar, y este gobierno adolece de ese principio. La política, como la estrategia, es comunicación y el presidente parece no haber entendido que su vocero es quién debe ocupar un rol preponderante si consideramos su falta de movilidad y carisma.
  2. La actitud
    Un gobierno no reacciona, actúa. Se gobierna desde la intención y desde la anticipación y no intentando dar respuesta permanentemente. Eso es inacción y es lo que transforma a este gobierno en pasivo. Chile vive de expectativas, pero hay que generarlas.
  3. La calidad política
    La política es el elemento de resolución de conflictos y para ello generar acuerdos. En tal sentido, un gobierno aislado tiene pocas posibilidades de remontar un escenario complicado. Para respetar la promesa programática del gobierno, el presidente debe darse cuenta de quienes son sus aliados y comprender especialmente que un aliado no necesariamente es el que está en el mismo lado de las ideas, por lo que necesariamente debe proponer una alianza sostenida en lo necesario, más que en lo posible. Nuclear a sus potenciales aliados de las distintas variantes de la “derecha”, es determinante para acumular poder, el que aún no ha podido ejercer, tal vez por confundir principios con valores. Los principios se cumplen y los valores se ponderan.
  4. El lenguaje
    El presidente debe entender la diferencia entre el lenguaje político y el de la gestión y la operación. El lenguaje político es un lenguaje abierto, fundado en valores que evolucionan para poder resolver conflictos de interés necesarios para desatar el nudo que está paralizando los avances prometidos. Sin un lenguaje abierto, es imposible contar con la plasticidad que exige gobernar con pragmatismo.

Hay tiempo de corregir, por supuesto. Pero la dificultad es corregir aquello que tienen que ver con el sistema cultural de quien gobierna.

Cuando la ciudadanía está pensando en quién podría ser el presidente en 2030, la sensación es que esto pase rápido aunque recién comienza.

La solución está en pedir ayuda, y posiblemente la ayuda no provenga de su mismo núcleo sino de una integración de sectores y de ideas para resolver los problemas de la gente.

El presidente tendrá la culpa si no puede hacerlo.

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La culpa

Tener la culpa de todo en todo momento se transforma en una costumbre, y quien tiene la culpa (o la supuesta culpa) en un imán de las miradas y de las críticas que se aprovechan del posicionamiento del gobierno y del presidente en el inconsciente colectivo.

Foto del Columnista Guillermo Bilancio Guillermo Bilancio