El próximo sábado 17 octubre se conmemora el día de los Cerros Islas, y me parece apropiado en ese contexto resaltar que hay obras que cambian lugares, son embargo hay otras que cambian la manera en que una comunidad mira su futuro. Creo que el Parque Cerros de Renca es una de ellas.
Durante demasiado tiempo en Santiago, la naturaleza, los grandes parques y los buenos espacios públicos parecieron estar reservados para algunas comunas. Por eso recuperar los Cerros de Renca y transformarlos en un gran parque metropolitano tiene un significado mucho más profundo. Es empezar a corregir una desigualdad histórica y reconocer que la naturaleza, la belleza y los espacios de encuentro también tienen que estar donde durante años hubo menos.
Esta obra también significa empezar a saldar una deuda con Renca.
Una deuda con generaciones de vecinos que miraron estos cerros y fueron capaces de imaginar algo distinto. Con una comuna que durante mucho tiempo recibió menos de la ciudad y que en la última década, la actual alcaldía le devolvió el derecho a aspirar a más, a soñar en grande, a sentirse orgullosa.
Vivimos un tiempo de mucha desconfianza. Desconfianza en la política, en las instituciones, en las empresas y, muchas veces, también entre nosotros. Cada vez que el Estado promete algo y no cumple, esa desconfianza crece un poco más.
Por eso este parque es una fórmula para recuperar confianza. Demuestra que las cosas se pueden hacer. Que un proyecto puede enfrentar dificultades, pasar por distintas etapas y necesitar años de trabajo, pero finalmente avanzar. Y demuestra algo todavía más importante. Cuando las instituciones perseveran, las comunidades participan y distintos actores, públicos y privados, trabajan juntos, las ideas pueden convertirse en realidad.
Los proyectos no solo requieren de idoneidad técnica, sino que antes que eso, requieren de voluntad y decisión, en ese sentido Claudio Castro y Claudio Orrego han compartido una forma de entender este proyecto basada en liderazgo, innovación y colaboración.
Liderazgo para imaginar algo que todavía no existía y perseverar hasta hacerlo posible. Innovación para entender que transformar la ciudad también significa recuperar su naturaleza. Y colaboración porque una obra de esta magnitud nunca puede depender de una sola institución.
Quizás esa sea una de las principales lecciones que dejan los Cerros de Renca. Las grandes transformaciones empiezan cuando dejamos de preguntarnos quién debería hacerse cargo y empezamos a preguntarnos qué podemos hacer juntos. Y en ese empezar a hacerlo juntos, sacarse los velos y los prejuicios, esto lo digo derechamente por el enorme aporte privado que está siendo gestionado por el municipio, en donde empresas de diferentes tamaños, comprometidas con este espacio de la ciudad, hacen su aporte concreto para que la ciudad saque esta maravillosa obra adelante.
Consolidar este parque significa recuperar la naturaleza para la ciudad. Pero también significa que Renca y su gente pueden seguir soñando en grande.
Desde la cumbre vamos a poder mirar Santiago de otra manera. Pero lo más importante es que también podremos mirar de otra manera el futuro.
Porque cuando una comunidad ve algo que durante años pareció imposible empieza finalmente a hacerse realidad, algo cambia.
Vuelve la confianza. Vuelve el orgullo. Y se reafirma la esperanza de que todavía somos capaces de construir juntos una ciudad mejor.