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Duerme democracia, duerme…

Europa no es ajena a esta tendencia, con países que encaran un proceso de “autocratización”, en una nueva versión acerca de que el poder ya no lo tiene el ciudadano, sino quien gobierna. Y quien gobierna usa todo el arsenal para destruir todo lo que sea ajeno a su realidad. Entonces, quemamos lo libros.

Tiempos de Homero Simpson.

Tiempos dónde el que piensa diferente es subnormal o peor aún, un discapacitado intelectual. Tiempos en los que gobiernan agreden al otro para cubrir su propia impericia y para esconder su propia ignorancia. Cuestión de prepotencia.

Tiempos dónde lo digital no le da permiso a la distorsión natural, como dice Charly Garcia, cuando debiésemos darnos cuenta que lo humano está en provocar la distorsión que promueve la ruptura necesaria para evolucionar.

Porque sin evolución no hay transformación.

Tiempos en los que la política está en manos incapaces, lo que la entristece…

Y tiempos dónde la democracia parece adormecida frente a generaciones que viven la inmediatez y confunden rapidez con claridad.

El riesgo del fin de los tiempos democráticos está más cerca que nunca.

En Estados Unidos, sucede lo que no ocurría en más de medio siglo, y es que la democracia liberal ha dejado de ser lo que era a cambio de lo que se denomina “democracia electoral”, dónde solo el voto cuenta.

Y esta corriente, de la que Donald Trump es uno de los impulsores, se expande al resto del mundo como una moda de pseudo pragmatismo, que esconde hasta viejos modelos feudales que erosionan los tiempos de libertad,

Europa no es ajena a esta tendencia, con países que encaran un proceso de “autocratización”, en una nueva versión acerca de que el poder ya no lo tiene el ciudadano, sino quien gobierna. Y quien gobierna usa todo el arsenal para destruir todo lo que sea ajeno a su realidad. Entonces, quemamos lo libros.

La politóloga Virgine Raisson-Victor, afirma que “La amenaza para la democracia se ha transformado, y que celebrar elecciones libres ya no es suficiente para garantizarla”.

Es que quienes vencen en las urnas tienen la legítima voluntad de reescribir las reglas de juego de una sociedad, solo para beneficiar sus propios inteeses.

Así aparecen estos nuevos modelos autocráticos en nombre de la voluntad popular, que vota con una expectativa inmediata que es la que genera un vaivén insostenible de exitismo y frustración.

Esos nuevos modelos autocráticos legitimados en las urnas, no surgen porque si.

El cansancio social que han generado las democracias liberales por las brechas entre las élites y el ciudadano común, la ineficiencia en el manejo de la cosa pública, la corrupción proliferada y un relato prometedor de ciencia ficción, son los motivos por los que la ciudadanía, cada vez más aturdida por situaciones que amenazan no solo su bienestar,sino también su supervivencia, adopta el camino más fácil. Una solución cuasi religiosa.

Entonces aparecen falsos profetas disfrazados de pragmáticos eficientes que hablan de apertura económica y libre mercado pero que aman al proteccionismo, que hablan de universalidad y son cerradamente nacionalistas, que dicen promover el pensamiento en libertad pero que coartan a la prensa y hacen de las redes un verdadero rio infestado de mentiras.

Pero todo esto no esta sucediendo porque si.

Cuándo nuevas generaciones piensan en la inmediatez, abandonan la historia para proclamar que todo lo que sucede, sucedió y sucederá es el ahora, cuándo la mayoría abandona la intención de aprender y entender conformándose con la triste fama de cinco minutos en una red, estamos en decadencia.
Entonces la democracia como debe ser, un concepto de participación activa, de interés comunitario y de defensa de la libertad, pasa a ser una práctica de elegir al que suponemos nos va a llevar al paraíso. A uno propio.

La tendencia a la democracia electoral está probada, y como toda tendencia quienes las siguen son parte del rebaño. Los pastores felices.

No es culpa de Trump, ni de Orban, ni de Bukele, ni de Milei, ni de Ortega o de otro personaje con ansias de dictador o monarca autoritario.

Es la sociedad que se ha creado, dónde el “no se lo que quiero pero lo quiero ya” supera a todo orden colectivo.

Cualquier demócrata liberal sería hoy un “salmón” nadando insistentemente contra la corriente, inclusive inmolándose.

Tal vez necesitemos de esos salmones, que tengan siempre presente que se gobiernan personas y no números ni minerales ni posesiones.

No es cuestión de derecha o izquierda, ni siquiera de capitalismo o socialismo, lo que sería una conversación o un debate de ideas más elevado. Es libertad o vivir en una jaula mental.

Duerme la democracia, duerme. Despertémosla si nos interesa el porvenir, antes de que sea demasiado tarde.

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Duerme democracia, duerme…

Duerme democracia, duerme…

Europa no es ajena a esta tendencia, con países que encaran un proceso de “autocratización”, en una nueva versión acerca de que el poder ya no lo tiene el ciudadano, sino quien gobierna. Y quien gobierna usa todo el arsenal para destruir todo lo que sea ajeno a su realidad. Entonces, quemamos lo libros.

Foto del Columnista Guillermo Bilancio Guillermo Bilancio