Vivir más es una buena noticia. Pero también significa que debemos prepararnos para financiar más años de vida, y eso cambia la manera en que tenemos que pensar el trabajo, el ahorro y la jubilación.
La longevidad está extendiendo una etapa de la vida en la que muchas personas mayores de 55 años quieren y pueden mantenerse activas. Por eso, hablar de bienestar financiero en este segmento requiere ampliar la mirada, ya que va mucho más allá de cuánto dinero tendrán (tendremos) mensualmente de pensión, sino también de las posibilidades de seguir trabajando, emprendiendo, generar ingresos, ahorrar y mantener nuestra autonomía económica durante más tiempo.
La Encuesta de Bienestar, que desde hace siete años realiza Mutual de Seguros en conjunto con la Escuela de Negocios de la UAI y Cadem, refleja con mucha claridad esa preocupación. Entre los +55 años que aún no están jubilados, el 72% teme que su pensión no le alcance para vivir y que esto deteriore su calidad de vida. A esto se suma el temor a enfrentar gastos de salud elevados, mencionado por un 66%, y a perder autonomía financiera y depender económicamente de hijos o familiares, con un 47%.
A ello se suma una brecha especialmente relevante: aunque un 60% declara estar informado sobre el nuevo sistema de pensiones, solo 16% se siente preparado financieramente para su jubilación. Existe, por lo tanto, una distancia importante entre conocer los cambios previsionales y sentirse en condiciones de enfrentar económicamente esta etapa.
El ahorro es parte de esta ecuación, pero los datos también nos obligan a evitar una mirada simplista. Solo un 22% de las personas mayores de 55 años declara contar con ahorro voluntario. Sin embargo, entre quienes no ahorran, un 69% señala que no lo hace porque el dinero no le alcanza y otro 16% porque no cuenta con ingresos fijos.
Esto muestra que no siempre quien no ahorra lo hace por falta de planificación o conocimiento. Hay restricciones económicas concretas que reducen o eliminan esa posibilidad. Por eso, fomentar el ahorro requiere educación financiera, pero también condiciones que permitan generar ingresos y mantener capacidad de ahorro a lo largo del tiempo.
Aquí la empleabilidad de las personas mayores de 55 años es un factor que también debemos abordar desde las políticas públicas. Si estamos viviendo más, necesitamos avanzar hacia trayectorias laborales que puedan extenderse y adaptarse a esta nueva realidad, reconociendo la experiencia y las capacidades de quienes quieren y pueden seguir participando del mundo del trabajo.
Mantener oportunidades laborales durante más tiempo no solo tiene un impacto en el empleo. También permite sostener ingresos, fortalecer la capacidad de ahorro y reducir el riesgo de dependencia económica en una etapa de la vida que será cada vez más extensa.
La longevidad nos obliga, entonces, a cambiar la forma en que pensamos el futuro. Prepararnos para vivir más años requiere educación financiera y capacidad de ahorro, pero también oportunidades para seguir generando ingresos. Pensión, ahorro y empleabilidad forman parte de un mismo desafío: construir las condiciones para que una vida más larga pueda vivirse también con mayor autonomía financiera y con mayor tranquilidad.