En febrero de 2014, cuando se dio a conocer que la actividad económica del país medida por el Imacec llegó a un 2,9%, el en ese entonces ministro de Hacienda (s), Alejandro Micco, dio a entender que la economía del país podía estar viviendo un punto de inflexión. “Son brotes verdes que hay que cuidar”, dijo en esa oportunidad. Pero quienes creían que con estas señales y con el cambio de ministro de Hacienda era hora de descorchar las champañas, recibieron un balde de agua fría con los últimos resultados anunciados por el Banco Central: el crecimiento de abril fue de un 1,7%. Los brotes verdes volvieron a ser pasto seco. Y el actual ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, tuvo que reconocerlo: “Esta cifra no nos deja contentos y pone de manifiesto que todos trabajemos por el crecimiento”.
Anteriormente la OECD había recortado su proyección de crecimiento para Chile en 2015 de un 3,2% a un 2,9%. Lo mismo hizo el FMI, que redujo su pronóstico de un 2,8% a un 2,7% y -ojala sin que se repita lo mismo en Copa América-, situó al país por debajo de Bolivia, Paraguay, Perú y Colombia.
El académico de la Universidad de Chile, Joseph Ramos, explicó a La Tercera que los escándalos políticos han afectado la inversión y que es una de las causas de este bajo rendimiento. “…Creo que hay una pérdida de confianza en mucho de los actores y eso, desafortunadamente, empañó los brotes verdes de fines del año pasado y comienzo de éste”. Y agrega: “Si alguien estaba pensando invertir un poco más, ahora tal vez dice que es un mal momento para hacerlo”.
Desde Libertad y Desarrollo culparon a las reformas del estancamiento económico: “Creo que es, básicamente, el programa de gobierno. Nosotros desde que se dio a conocer dijimos que era negativo para el desarrollo de la economía”. Mientras que en el gobierno excusaron que las últimas “cifras están algo influidas por los aluviones”.
La OECD explica que las causas de la desaceleración chilena tienen un origen más profundo. Por un lado, el abaratamiento del precio del cobre, que está llevando al fin a una economía impulsada fuertemente por la actividad minera. Y por otro lado, la menor demanda de China, que ha hecho disminuir a nivel mundial la confianza, la inversión y el comercio.
Pero hay un punto adicional que complica las cosas. Para recuperar el crecimiento, el ex ministro Arenas impulsó un agresivo aumento del gasto público. De hecho, el gasto de Gobierno creció cerca de un 12% al año, cinco veces más que el crecimiento de la economía. Ni siquiera la reforma tributaria alcanzará a recaudar todo lo que necesita el gobierno para financiar su gasto. Por eso, algunos analistas sitúan al déficit fiscal en un 3%. “A pesar de la reforma tributaria, para poder financiar sus gastos, el Gobierno debería endeudarse, o usar parte de sus reservas, por un monto cercano a los US$ 7.500 millones”, explicó el economista José Ramón Valente en una columna. Eso hace más difícil la recuperación: pues el gobierno tiene cada vez menos recursos disponibles para hacer frente a la crisis.
Aún queda todo un semestre para revertir las cifras. Desde Hacienda se preveía -aunque no de manera tan dramática- que el crecimiento sería más lento durante este trimestre y que la recuperación sería costosa. Y desde el empresariado se han dado señales de confianza al ministro Valdés. Este 11 de junio deberá dar explicaciones al empresariado en ICARE, junto al ministro Burgos. Pero por mientras, ya se han notado bajas en los sueldos, menos consumo e incluso para algunos economistas ya comenzaron a encenderse las alarmas de una palabra que hace algunos años parecía absolutamente descontextualizada: recesión.

