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El show social de Lavín

“Esperemos que, si es que se hacen, estas viviendas sean construidas con cuidado y de manera responsable, para que la gente que las habite no sea víctima de un acto electoral más”.

Esta semana hemos visto a vecinos desclasados de Las Condes gritar y enojarse porque les van a poner una vivienda social cerca de sus casas. Por esto, todos en las redes sociales los condenaron, los trataron de clasistas y de “vergüenza humana”, lo que dio pie para que comenzara nuevamente una competencia por mostrarse más bueno que quien está al lado.

Es lógico que la actitud de estos vecinos demuestra un problema social demasiado evidente como para pasarlo por alto, más aún cuando sabemos que no son precisamente de una estirpe especial, ni forman parte de una aristocracia nacional que no existe, sino que son más bien de esa “clase media emergente” que perteneció a algo de lo escapó para irse a un “lugar mejor”. Sin embargo, el asunto parece más complejo cuando sabemos que es Joaquín Lavín quien comanda este proyecto social.

¿Estoy con esto desconfiando de Lavín? No, pero es importante poner atención. ¿La razón? Simple: porque la gran obra no ha sido detallada por los medios, y por lo tanto que no se sabe cómo se hará lo que se ha anunciado, ni menos si es que tiene garantías mínimas para quienes vivan en esta nueva construcción que tanto alimenta el ego caritativo de quienes la promocionan. Solo hemos conocido reacciones cubiertas someramente, provocando sensaciones rápidas.

Hay que tener cuidado en caer nuevamente rendido ante las medidas artificiales y vistosas del edil, sobre todo en días como estos en que la vereda de la bondad está repleta de quienes quieren aferrarse a esta sin dar a conocer los verdaderos motivos por los que lo están haciendo.

Recordemos que el Chile arribista que gritó fuertemente esta semana su rabia es una creación del sector del alcalde. Ellos no son una casualidad ni una expresión del clásico clasismo chileno, sino más bien de otro que fue, gracias al consumo, esparcido entre quienes que ven a sus autoridades como integrantes del retail a los que se les puede pedir de todo cuando se está descontento con algo. Y hoy algunos están descontentos con quienes los pueden hacer lucir mal.

¿No fue esta parte de la ciudadanía la que alimentó Lavín con sus políticas comunicacionales? ¿No fueron acaso sus soluciones eficaces y pintorescas las que acostumbraron a ciertos ciudadanos a exigir cosas como lo hacen ahora? Todo parece indicar que sí, que todo lo que hoy está sufriendo este personaje de la política nacional no es más que producto de lo que él inventó en los noventa. Por esto es que no es tan espantoso para él, ya que sabe cómo manejar la situación y dejarlos contentos a todos.

¿Qué quiero decir con esto? Que tarde o temprano este problema se solucionará desviando la atención o simplemente no haciendo la construcción social. ¿Por qué? Porque ya no importa tanto si se logra o no lo que está en disputa. Lo que ayer se quiso fervientemente, mañana puede ser desarmado de manera rápida, sin que nadie lo recuerde. Y es que por estos días nadie recuerda mucho las cosas que pasaron, lo que le conviene bastante a Lavín, ya que en las mentes frágiles los shows sociales son vistos alegremente mientras duran.

Esperemos que, si es que se hacen, estas viviendas sean construidas con cuidado y de manera responsable, para que la gente que las habite no sea víctima de un acto electoral más.

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