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28 de Noviembre de 2022

Ricardo Toro, ex director de la Onemi: “Si hoy hubiera un 27-F, los tiempos de respuesta serían de 6 ó 7 minutos, no de 20”

“Los presidentes Piñera, Bachelet y Boric entendieron que la Onemi era un organismo de Estado y que no podía depender del vaivén político”, afirma el retirado general que lideró el servicio de emergencia desde 2012 y del cual desclasifica detalles.

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El martes pasado Ricardo Toro, ex director nacional de la Onemi: "Después del 27-F todo el mundo quería cambiarle el nombre a la Onemi, y hoy todos quieren mantenerlo, eso es un orgullo (...) Entregué un servicio distinto al que recibí".
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“Como usted sabe, me marcó tener pérdidas familiares en el terremoto de Haití y haber manejado las horas más críticas posteriores al terremoto como general de Naciones Unidas. Esa sensibilidad me significó llegar al área de las emergencias y aportar con mi experiencia, con lo sentido y vivido en el terremoto de ese país, para evitar al máximo que eso volviera a ocurrir, y menos en Chile. Así asumí en la Onemi”, dice el ex director de la Onemi, y general en retiro, Ricardo Toro a EL DÍNAMO, mientras toma unos días descanso en la playa, al comentar un hecho que lo motivó para dedicarse por una década 24/7 al trabajo de emergencias.

Ricardo Toro, el rostro y líder de la Oficina Nacional de Emergencias (Onemi) por más años en la historia de ese organismo, dejó su cargo de director nacional la semana pasada. En esta entrevista, por primera vez relató los principales hitos de sus 38 años de carrera militar y sus 10 años como encargado de la entidad a cargo de las emergencias. Uno de esos hitos fue el terremoto en Haití, en 2010, que afectó al país caribeño mientras era comandante de la Misión de Paz de la ONU (Minustah) en ese país.

El retirado general, especialista en montaña, había conocido cómo es vivir en una zona de crisis cuando era niño. A los 9 años de edad, su padre, también oficial militar, mientras era observador de Naciones Unidas, lo llevó a vivir a la frontera de India y Pakistán en 1964, donde un año más tarde estalló la guerra entre ambos países. “Era una vida distinta, ahí conocí como era vivir en un conflicto, estuvimos cuando comenzó la guerra, recuerdo que debimos pintar las ventanas de negro para que en las noches no se viera la luz, a veces había bombardeos y nos efugiamos en las trincheras por precaución, hasta que tiempo después nos evacuaron a Irán hasta que pudimos volver”, relata a EL DÍNAMO.

Más tarde, en 1993, como mayor de Ejército, Ricardo Toro fue observador militar de la ONU en Líbano, Siria e Israel, donde se instaló con su familia. “Yo hacía patrullajes en la zona, en turnos de siete días en el lugar de conflicto y luego estábamos otros cuatro días en la zona de seguridad de Líbano que controlábamos en la ONU. Después me tocó trabajar en los Altos del Golán, en Siria, en los puestos de observación de la Misión de Paz”, cuenta.

“Un latigazo de 30 segundos”

Sin embargo, fue su experiencia en el terremoto en Haití, donde su falleció esposa, María Teresa Dowling, y la resiliencia posterior lo que incentivó a postular a la Onemi. 

Eran las 16.53 horas del 13 de enero de 2010, cuando el entonces general Ricardo Toro, se subió a su jeep, en el estacionamiento del cuartel general de la Misión de Paz de ONU en Puerto Príncipe, Haití, en compañía del mayor Guillermo Vásquez, y algunos escoltas filipinos. Antes de llegar a la barrera de entrada del recinto, vino el sismo que destruyó el país y dejó 230 mil muertos. 

“Fue un latigazo de 30 segundos”, cuenta. Recuerda que al bajar del auto, a pocos metros, vio que el edificio de la sede internacional se había desplomado. En el lugar, conocido como “El Hotel Montana”, había dos víctimas chilenas. Una era su esposa, María Teresa. La segunda, era la funcionaria de la ONU, la abogada Andrea Loi. En medio de la tragedia personal y el dolor siguió trabajando coordinando rescates y el arribo de efectivos militares desde Estados Unidos y otros países con ayuda humanitaria.

Pero esa fuerte experiencia quedó atrás, y hoy Ricardo Toro prefiere contar de su gestión en la Onemi, de la que se siente orgulloso. En esta entrevista con EL DINAMO abordó en profundidad sus reflexiones sobre el 27-F,  su trabajo con los presidentes Sebastián Piñera, Michelle Bachelet, y Gabriel Boric, el difícil momento del terremoto y tsunami de Coquimbo en 2015, y la creación de la Senapred, el ente que reemplazará a la Onemi desde el 1 de enero de 2023. “He cumplido un ciclo, entrego un servicio distinto al que recibí”, afirma Toro.

—¿Por qué deja la Onemi después de una década?

—Cumplí en noviembre mi tercer periodo por Alta Dirección Pública, ese es el máximo. Eso implica que si hubiera querido seguir, tendría que haber postulado nuevamente. Y creo que desde que asumí hasta ahora ejercí un buen liderazgo, pero para la nueva etapa, donde comienza el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta (Senapred) que reemplazará a la Onemi, es bueno que haya otro liderazgo.

—¿Qué marcó su carrera profesional, en 38 años de militar y diez en la Onemi?

—Yo era oficial de infantería, me marcó trabajar con la tropa y directamente con la gente en terreno. También ejercer como profesor en la Academia de Guerra. Y antes de ser general, ser jefe de operaciones de la Misión de Paz en Haití (Minustah). Luego como general, volví en calidad de comandante de operaciones terrestres en Haití.  Como usted sabe, me marcó tener pérdidas familiares en el terremoto de ese país en 2010. Y la experiencia de haber manejado las horas más críticas posteriores al terremoto como general. Eso significó de alguna manera que llegara al área de las emergencias para aportar con mi experiencia, con los que había sentido en ese terremoto, para evitar al máximo que eso volviera a ocurrir, y menos en Chile. Así asumí la Onemi.

Lo que encontró en la Onemi en 2012

Toro afirma que cuando asumió en la Onemi en 2012 “era un desafío importante, cuando asumí había una imagen muy negativa y con muchas críticas a la Onemi por lo ocurrido para el 27-F. En 2012, comencé con una estrategia para salir de esa imagen, había que considerar todo lo que falló en el sistema de alerta y respuesta, mejorar los protocolos técnicos, potenciar la Onemi en regiones para que tuvieran un centro de alerta 24/7 y no pasara que no hubiera con quién comunicarse para compartir información en una emergencia. Luego, apoyé el Centro Sismológico Nacional para que pasarán de 18 precarias estaciones de monitoreo a 108 en todo el país, con más de 230 acelerógrafos para ver la mecánica y aceleración del suelo de terremotos, también mejorar los mareógrafos del SHOA, las boyas y sus sistemas. Así se mejoró, se rebajó de 20 minutos a 6 la posibilidad de determinar si un terremoto puede generar un Tsunami, algo muy importante en un país de costa, donde puede llegar la primera ola en los primeros 15 minutos. Entre muchas cosas más. Si hoy hubiera un 27-F los tiempos de alerta y respuesta serían de 6 ó 7 minutos, no de 20”.

—¿Cómo comprobó la reducción de los tiempos de respuesta de alerta de 20 a 6 minutos?

—Se instalaron muchos más instrumentos de medición en el país, el Centro Sismológico Nacional hoy permite captar antes el hipocentro de un terremoto y la magnitud. Y el desarrollo de capacidades de medición del SHOA permite bajar los tiempos para determinar si un sismo puede generar tsunami o no. También ayuda el sistema de alerta para celulares que avisa a la gente. Así para el terremoto de 2015 en Coquimbo, de 8,3 grados, que duró 3 minutos, con tsunami en la bahía, se comprobó que parte de lo que había fallado para el 27-F, estaba solucionado.

 —¿Y la tragedia en Haití cómo la recuerda hoy?

— Lo primero fue el latigazo, muy fuerte y corto. Duró 30 segundos, pero muy potentes. Yo salí 2 minutos y medios antes del edificio de la ONU que se derrumbó completamente. Superado el impacto de los primeros minutos, me vi en la obligación de seguir tomando decisiones para poder determinar qué hacer primero y conocer cuál era la situación de Puerto Príncipe y el país en general. Horas después del terremoto, supe que María Teresa, mi esposa, estaba desaparecida. Me apareció también una tremenda preocupación por mi hijo, que estaba también en Haití, pero me avisaron poco después de que estaba bien. Fue una combinación de un sentido de responsabilidad y de dolor. Sabía que tenía que seguir ejerciendo mi función de mando, a pesar del gran dolor que sentía la pérdida de María Teresa, que estaba en El Montana. Como general tenía que seguir en mi labor porque no había nadie que pudiera hacerlo en ese momento. Fue una carga muy fuerte que por suerte pude manejar. Al pasar de las horas fuimos viendo cuál era la verdadera situación para priorizar qué hacer y tomar contacto con Nueva York para que llegaran refuerzos lo antes posible. Yo salí dos minutos antes del Montana para una reunión. Incluso, había previsto que la reunión fuera en el edificio que colapsó, pero se cambió el lugar. Todos los que estaban en el edificio fallecieron. Yo salí antes de El Montana para ir a una reunión. Incluso, había previsto que la reunión fuera en el edificio que colapsó, pero se cambió el lugar. Todos los que estaban en el edificio fallecieron.

—¿En la Onemi cuál fue el momento más difícil?

—Lo más difícil fue al principio porque recibí una Onemi, muy golpeada, y con muchas críticas, a pesar de los esfuerzos que se estaban haciendo para salir adelante. La época más difícil, fue entre 2014 y 2017, donde se registraron los terremotos de Iquique y de Illapel, los eventos meteorológicos de 2016 y los incendios forestales de 2017, donde no había diferencia entre el día y la noche y se hacía imposible poder detener el fuego, incluso pedimos ayuda internacional porque estábamos sobrepasados. También recuerdo lo ocurrido en el aluvión de Atacama, que fue muy difícil. Y todas fueron situaciones que vinieron una tras otra, pero ya teníamos capacidades de alerta bastante desarrolladas. 

“Piñera, Bachelet y el presidente Boric entendieron que la Onemi era un organismo de Estado y no podía depender del vaivén político”

 Fue director bajo cuatro gobiernos. ¿Cómo recuerda su trabajo con los presidentes Piñera, Bachelet y Boric?

Llegué en el penúltimo año del presidente Piñera. Él me expresó que valoraba lo qué pasó conmigo en Haití. De hecho, el ministro Chadwick y el ministro Allamand, me llamaron cuando era general, sabían que tenía 38 años de servicio y que me correspondía irme a retiro. Ahí me dijeron que veían que la Onemi necesitaba de una persona con un liderazgo especial y transversal. Me preguntaron si podría participar en el concurso público para director de la Onemi cuando pasara a retiro.

 —¿Y el regreso de la presidenta Bachelet a La Moneda, con los fantasmas del 27-F?

—Ella también me conocía, porque cuando ocurrió lo de Haití, en enero de 2010, ella era presidenta. Me ratificó en el puesto. Eso prueba -en general- que los presidentes de los cuatro gobiernos en que dirigí la Onemi, Piñera, entendieron que era un organismo de Estado y que no podía depender del vaivén político ni estar sujeto a permanentes cambios de director, de directores regionales, jefes de Departamento, eso le dio estabilidad a un organismo tan importante como este. Un organismo como la Onemi genera cohesión social, porque en la emergencia todos estamos en el mismo problema. 

“Post 27-F todo el mundo quería cambiarle el nombre a la Onemi, hoy todos quieren mantenerlo. Eso es un orgullo”

—¿Cuáles cree que fueron las fallas del 27-F?

—Más que errores, Chile no tenía estructura ni capacidades para enfrentar un terremoto de la magnitud del 27-F. Era muy difícil liderar la respuesta sin capacidades operativas en un terremoto que afectó a más de la mitad del país. Cuando esto ocurrió, en la región del epicentro había dos funcionarios de la Onemi que trabajaban en días hábiles y horario hábil en la Intendencia. Hoy hay un director de la Onemi en cada región; un centro de alerta temprana con un equipo numeroso de profesionales; se funciona 24/7 y hay equipos de comunicaciones para emergencias. Si hubiera habido eso, se habría tomado contacto rápido con las regiones. También en 2010 había un sistema precario para definir cuándo se podría generar un tsunami. Todo eso hoy está superado, se cuenta con una larga lista de elementos que antes no había.Si hoy hubiera un 27-F, la Onemi está totalmente preparada, tiene las capacidades operativas para enfrentarlo y las alertas de evacuación de tsunami se activarían en 6 o 7 minutos. Post 27-F todo el mundo quería cambiarle el nombre a la Onemi, y hoy todos quieren mantenerlo, eso es un orgullo. Chile es un referente mundial en respuesta a terremotos y tsunamis.

 —¿Se sintió respaldado por el presidente Boric ?

—Si, claro. De hecho, él me entregó una carta muy afectuosa el día previo a que yo entregara mi puesto. La ministra Carolina Tohá y el subsecretario Manuel Monsalve me demostraron apoyo permanente para cumplir mis labores.

—¿En qué momento comunicó a La Moneda que no continuaría en la Onemi?

—En marzo pasado, cuando llegó el Gobierno, en una reunión con la ex ministra Izkia Siches. Ahí le señalé que iba a estar en mi puesto hasta noviembre, hasta el término de mi tercer periodo en alta dirección pública. Le comuniqué que era el momento de que llegara un nuevo liderazgo. 

 

“Con el nuevo Senapred se tipifica y amplía la función que se cumple en la Onemi”.

—¿Qué diferencias tendrá en facultades el nuevo organismo con la Onemi?

—Con el nuevo Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) se tipifica y amplía la función que se cumple en la Onemi. Entre muchas disposiciones, establecerá tener un mapa de riesgos y amenazas por comunas que habrá que desarrollar con los municipios; habrá aviones para cada ministerio; un sistema de información y coordinación territorial más amplio, mayor coordinación con otros servicios, de Oficina para a ser un Servicio en la estructura del Estado, que contempla también la prevención no solo la respuesta en la gestión de desastres, ya no solo habrá que asesorar y coordinar emergencias sino también supervisar, organizar y planificar, se permitirá hacer consultas a organismos públicos los que estarán obligados a entregar información más allá de la buena voluntad como era antes. Esto permite que su estructura jerárquica, el primer y segundo nivel jerárquico, puedan estar sujetos a alta dirección pública, es decir, el director nacional, los subdirectores y los directores regionales van a ser de alta dirección pública y eso permite poder delegar y entregar atribuciones que favorecen a la descentralización. Además, se amplía su planta, se reconoce otro sistema de turno, se incrementan a 60 funcionarios en las direcciones regionales, entre muchas cosas.Los desafíos futuros serán en los fenómenos meteorológicos, ese yo creo que es el tema que viene.

 

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