Secciones
Política

Galli critica falta de querella contra Llaitul y recuerda moción firmada por Boric como diputado

El ex subsecretario del Interior afirmó que el presidente patrocinó una iniciativa que buscaba establecer como delito las expresiones que incitaran a la violencia.

El ex subsecretario del Interior, Juan Francisco Galli, criticó la decisión del Gobierno de no querellarse en contra del líder de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), Héctor Llaitul, quien llamó a “organizar la resistencia armada” durante el debate por el fallido Estado Intermedio que se buscó implementar ante de la declaración de Estado de Excepción en la Macrozona Sur.

A través de su cuenta de Twitter, la otrora autoridad del gobierno del ex presidente Sebastián Piñera mostró un proyecto que fue respaldado por el presidente Gabriel Boric durante su periodo como diputado, el que apunta a las sanciones contra las expresiones que llamen a la violencia.

“El presidente Gabriel Boric hoy sostiene que no se querellará contra Llaitul por llamar a la resistencia armada contra el Estado pero el mismo firmó proyecto para crear nuevo delito contra discursos que llamen a la violencia”, afirmó la ex autoridad.

Galli añadió además que “justamente para eso está la ley de Seguridad del Estado”, apuntando a la posible aplicación de la medida para enfrentar el llamado del líder de la organización radical mapuche.

 
 
 

Durante el jueves el presidente Boric se refirió a la decisión de no presentar querella en contra de Llaitul, asegurando que “nuestro Gobierno persigue delitos y los va a perseguir con todo el peso de la ley. Nuestro Gobierno no persigue ideas ni declaraciones”.

“Ahí puede que tengamos diferencias, esas diferencias se pueden debatir, pero que sepan que quienes cometan delitos van a ser perseguidos con todo el peso de la ley, pero nosotros no vamos a perseguir ideas”, precisó el mandatario.

Notas relacionadas







Del fin de los pitutos a la pitutocracia

Del fin de los pitutos a la pitutocracia

Quizás el problema nunca fue el pituto en sí, sino quién lo ejercía. Porque al final del día, el Estado no se transformó en un espacio más transparente, más justo o más meritocrático. Solo cambió de manos. Y con ello, cambió también el tono: menos pudor, más autoindulgencia y la persistente convicción de que el poder, cuando es propio, siempre está justificado.

Foto del Columnista Bárbara Bayolo Bárbara Bayolo