La fecha le quedó grabada: el último día de Felipe Harboe en política fue el 4 de julio de 2022. Uno incluso podría definir el momento exacto: la sesión final de la Convención Constituyente.
“Debo confesar que estaba muy contento de que hubiera terminado, sinceramente”, recuerda ahora. De ahí vino el llamado a rechazar la propuesta, pero desde otra ubicación, en el ejercicio privado del derecho. Contrario a lo que uno pudiese creer, el exsenador dice apreciar la experiencia. Al menos, una parte. “Fue interesante porque me permitió conocer a gente que jamás habría conocido, entender proyectos refundacionales que no había escuchado nunca antes”, cuenta.
—Desde afuera uno podría decir que la Convención te pareció tan decepcionante que decidiste salir de la política…
“No, eso ya lo tenía presupuestado. Era senador en ejercicio, me quedaba un año todavía y podía reelegirme por un período de ocho años más. Tenía más de un 40% de la votación de mi zona, así que no tenía problemas con eso. Pero consideré que la crisis institucional era tan profunda que uno tenía que estar donde correspondía, no en la zona de confort. Y renuncié al Senado, aunque técnicamente no se puede renunciar, pero me inhabilité al presentarme como candidato a la Constituyente”.
—Podrías haber perdido…
“Fue una decisión consciente. Recuerdo que me llamó el expresidente Piñera y me dijo, oiga, ¿por qué hizo eso?. Y yo le contesté porque el país necesita que haya gente que esté disponible para dar una discusión, para defender ciertas posiciones”.
—¿Tenían una relación de cercanía con el Presidente?
“Hubo cierta lejanía inicial. Pero él probablemente me agarró mucho respeto por el rol que me tocó jugar para el estallido, de contener, digamos, a esta centroizquierda que se tentaba con el Frente Amplio y las barricadas. Y yo decía que la democracia se defiende siempre, que yo no voté por el Presidente, pero no estaba dispuesto a sacarlo por la ventana. Me opuse al acoso contra él y participé en el acuerdo político… entonces él estaba muy agradecido. Y a partir de eso se creó un vínculo”.
—En esa llamada, ¿qué más le dijo?
“Le dije mire, Presidente, cuando uno está en la vida política, no tiene mucho sentido quedarse en la zona de confort. Fui diputado, pero después me presenté para un cupo en el Senado en una región donde jamás mi partido había tenido ni un alcalde… y salí. Él me decía que yo era un emprendedor de la política”.
—Para usted fue una experiencia interesante la Convención…
“Más o menos. Más allá de lo interesante, también hubo un maltrato, no verbal, pero con agresiones tácitas. Yo salía de la Convención a conversar algo y las personas con las que me encontraba se iban del lugar”.
—¿Bullying?
“Claro. Pero no era solo para mí. A Fuad Chahín, a todos los que representábamos la política tradicional. Eran muy pasivo-agresivos. Gente, yo diría, con muy mala educación en el trato y en la lógica de que el que no piensa como tú es tu enemigo. Yo no enganchaba con eso, porque en mi vida política en general siempre ha sido de discutir sobre ideas, nunca sobre personas. Yo era más fome para responder, diferencia de Teresa Marinovic o Rosario Cantuarias. Fueron momentos difíciles para el país”.
—¿Qué fue lo más difícil?
“Quizás lo más complejo de todo fue que se usaron mecanismos delictuales para silenciar la opinión. Mi familia ya había recibido ciertas amenazas, pero esta vez fue con mis niños, y eso fue más complicado”.
—¿Había recibido amenazas?
“Claro. Por mi historia en el Gobierno, en los temas de Interior y Seguridad, ha sido algo que me ha acompañado siempre. Y yo, generalmente, lo que hacía era más bien canalizarlo ante el Ministerio Público. Hay algunas que fueron verdaderas y otras que no. Pero para la Convención fue un poquito más delicado, porque enviaron fotos de mis hijos a mi casa. Mi familia tuvo que salir de Chile un rato”.
—¿Se investigó?
“Se hicieron las denuncias como correspondían. Yo nunca he hecho aspaviento de esto y tampoco me interesa que haya revuelo. En su momento denuncié, y entonces se adoptaron algunas medidas de seguridad. Desde ese punto de vista fue un momento muy difícil para la familia pero, bueno, entendimos que era parte del sacrificio de los servidores públicos. En un momento muy agitado, muy efervescente, donde había poco respeto por el otro”.
—Decías que decidiste postular a la Convención porque era el lugar donde había que estar en ese momento. ¿Hoy no es necesario estar en la vida pública?
“Le dediqué al servicio público 21 años. En primera línea. Llega un minuto en que uno tiene que volver a encontrarse con lo común, con lo corriente. Se empiezan a perder ciertas sensibilidades y eso no es bueno ni para legislar ni para gobernar. Hay que volver a caminar por la calle, pagar impuestos, estar con los niños, estar con la pareja, volver a hacer cosas que la otra rutina no nos permitía”.
—¿No echa de menos la política?
“Echo mucho de menos que fueran tiempos para un proyecto más moderado. Me habría encantado una disputa entre la Carola Tohá y Evelyn Matthei. Creo que el mundo nuestro, el mundo de centroizquierda, perdió la sensibilidad con esta sociedad que evolucionó. Fuimos súper buenos para poder interpretar la sociedad de los 90 y el inicio de los 2000. Pero nos quedamos un poquito atrás. Creo que hoy no hay un proyecto convocante, no hay una misión de sociedad, no hay un propósito de país que nos diga… allá vamos. Sino campañas que son como listas de supermercado. Y con tono como de feriante.”
—¿Te sigues considerando de centroizquierda?
“Sí, sí, yo soy de centroizquierda, centroliberal. Siempre lo he sido. Trabajé con el Presidente Lagos, con ese mundo que tenía la capacidad de entender que crecimiento y equidad son compatibles, que seguridad y libertad son compatibles, conceptos que algunos ven como antagónicos. Sin seguridad no hay libertad para la gente y sin crecimiento no hay nada que repartir”.
—Decías que la centroizquierda perdió la sintonía con la sociedad ¿Hay algún sector que sí lo está logrando?
“Lo que está pasando, creo, es que hoy tienes un sentimiento de mucho rechazo al Gobierno y, con la mayor visibilización de la participación de extranjeros en los delitos, una alternativa más dura, más restrictiva, interpreta mayoritariamente a la gente. Lo otro es lo que pasó con Franco Parisi, que logró interpretar los dolores económicos de una sociedad a la que le cuesta llegar a fin de mes. Parisi es al 2025 lo que fue Joaquín Lavín al 99, cuando decía que había que resolver los problemas reales de la gente. Pero la sociedad está demasiado líquida, hay gente que votó apruebo en el primer proceso, después votó Apruebo en el primer proceso, después votó Rechazo, después votó por los Republicanos, después eligió a Gabriel Boric y ahora va a elegir a José Antonio Kast. Y el mundo de centroizquierda no ha sabido mostrar un camino de futuro”.
—¿Y por qué no?
“Primero porque centroizquierda terminó siendo una palabra muy amplia y segundo porque el mundo de la socialdemocracia es un mundo que supone la participación del Estado en ciertas partes del desarrollo de la sociedad. Pero tenemos un Estado tremendamente ineficiente, entonces reivindicar hoy el rol del Estado —con el nivel de ineficiencia, con el nivel de desidia que hay— no está fácil. Aparte, hay una discusión mucho más profunda, que tiene que ver con el sentido de la sociedad, con equilibrar crecimiento con sustentabilidad, con el desarrollo de oportunidades desde la educación para que el ciudadano se pueda valer por sí mismo… pero son cosas que no se hablan en los 15 segundos que dura un Tiktok o en 140 caracteres de Twitter (X). Al mundo de la socialdemocracia le cuesta mucho explicar en fácil la propuesta social. Finalmente, no ha habido un recambio generacional en el mundo de la socialdemocracia. Y toda la generación que fue promisoria en algún momento tuvo ahora una derrota aplastante a manos de la candidata comunista”.
—¿Tienes resuelto tu voto?
“Sí”.
—¿Va a ser por José Antonio Kast?
“No”.
—¿Vas a apoyar a Jeannette Jara?
“No, no puedo, no puedo”.
—¿Blanco?
“No, los blancos se suman a la mayoría, así que no lo voy a hacer. Este es un entierro en el cual yo no tengo vela. Pero obviamente, y como siempre lo he hecho, desde mi espacio privado ayudaré a que al país le vaya bien. Pero por ahora no voy a participar ni contribuir con mi voto, como tampoco lo hice con Boric. Ni con Guillier. Desde Guillier para adelante vengo sin opción”.
—Decías que, en este momento, donde más puedes aportar es desde el sector privado. ¿Cuál es el rol del privado en la construcción de un proyecto de sociedad?
“Uno tiene que aportar planteando observaciones desde la experiencia pública. De hecho, en este Gobierno me han pedido ayuda en algunas materias. Segundo, yo creo que la política ha sido tremendamente ninguneada y es una actividad muy noble —no siempre ejercida con la nobleza que debiese, ok— pero dedicarse a intentar resolver los problemas de otros debería ser más reconocido. Es muy importante reivindicar la política en ciertos sectores. Tercero, aportar los conocimientos que uno tiene. Y yo he estado dedicado a la investigación en materia de seguridad durante 30 años, acá en Chile y afuera. Me ha tocado ser asesor de algunos países, hago clases en la Universidad Católica, en materia de protección de datos estoy muy vinculado con el mundo mucho más joven”.
—Mencionabas el tema de seguridad. ¿Cuál crees que es actualmente el principal problema en materia de seguridad?
“La gente no siente que el sistema sea capaz de evitar delitos violentos. Si te roban el teléfono, es una lata, pero no te ponen en riesgo. Pero ahora te puedan pegar un balazo. Cuando tú miras las encuestas internacionales, la población con mayor preocupación por la inseguridad es la población chilena. Eso refleja que los indicadores de temor son mucho mayores, y probablemente desproporcionados, respecto a la cantidad de delitos que tenemos”.
—¿Por qué se produce eso?
“Porque antiguamente había una especie de código de ética del delincuente, una especie de proporción instantánea. Hoy, por un teléfono te ponen un balazo en la cabeza. Y el sistema no se hace cargo de tu caso. Es engorroso, no es humano, no se hace cargo del daño al entorno”.
—¿Cómo llegamos a esto?
“Por un efecto de imitación, la violencia desproporcionada es una copia de Centroamérica. Aquí no había descuartizamiento, no había decapitación. Y de un tiempo a esta parte hemos ido viendo el aumento de ese tipo de delitos, el aumento de las extorsiones, el aumento de los secuestros, que eran cosas que no ocurrían en Chile. Mi percepción es que lo que ha habido es una especie de sesgo cognitivo, donde las autoridades niegan la realidad por miedo al discurso político”.
—¿Qué se debería hacer entonces?
“Hay un problema que tenemos que afrontar: las instituciones no están preparadas. Carabineros, la PDI, el Ministerio Público se formaban más bien en España para los delitos europeos. Y tenemos delitos completamente distintos. Por ende, los procedimientos tienen que ser distintos”.
—¿Cómo dialoga esto con lo que está sucediendo en el sistema judicial?
“Es tremendo. La democracia en los 90 se sustituyó sobre tres pilares: el mercado, la Iglesia y la política. El mercado, porque nos estaba brindando bienestar. La Iglesia, por el rol que había tenido en la dictadura. Y la política, porque había logrado una transición ejemplar. Esos tres pilares se cayeron por los abusos de la Iglesia, por las colusiones en el mercado y por la corrupción en la política. Y en algún minuto se eligió el Poder Judicial como un nuevo pilar que estaba, de alguna forma, conteniendo a través de sanciones a políticos y empresarios. Aparecía como un pilar. Pero ese pilar también se nos viene al suelo”.
—¿Y qué surge como pilar ahora?
“Figuras populistas, que dicen que son capaces de resolver la delincuencia y la corrupción en 30 segundos, en TikTok. Entonces, comienza la degradación de la democracia liberal donde personajes autócratas se erigen a sí mismos como grandes solucionadores de todos los problemas”.
—¿Hay riesgo de una autocracia en Chile?
“Sin duda. Chile, hoy día, es un caldo de cultivo; podría ser un super experimento social para un candidato autócrata en la próxima elección. Por eso es tan importante que el próximo Gobierno logre resolver las cosas”.