El 11 de marzo, el diputado Rubén Oyarzo (PR) dejará el Congreso tras no conseguir la reelección. Sin embargo, debe cumplir una última tarea antes de abandonar la labor legislativa: sacar de la Comisión de Gobierno Interior, de la cual es presidente, la reforma política presentada por el Gobierno.
En entrevista con EL DÍNAMO, el parlamentario cuestiona la iniciativa en su estado actual y apunta a los temas sensibles que la mesa de negociación establecida por la ministra Macarena Lobos debe destrabar.
“El proyecto, como está, se ve poco viable”
—Ayer se reunieron con la ministra Lobos en La Moneda. ¿Qué saca en limpio de esa instancia?
—Hay voluntad de parte del Ejecutivo de poder llegar a algún acuerdo, porque el proyecto, como está, se ve poco viable. El Gobierno se comprometió a presentar una propuesta, lo que es valorable al considerar que estuvieron presentes representantes de casi todos los partidos que están involucrados en la discusión.
—¿Qué temas debe solucionar el Gobierno para llegar a un acuerdo?
—Nosotros les planteamos nuestras diferencias con el proyecto. Estamos de acuerdo con ese diagnóstico, en relación a que la fragmentación de los partidos políticos es un problema para la gobernanza del país. Sin embargo, este proyecto de ley lo que hace es cerrar la puerta para nuevos movimientos que quieran formar partidos políticos. El porcentaje del 0,5% del total del padrón es imposible de alcanzar. Hoy día el padrón aumentó en más de un 40% con el voto obligatorio, por ende, difícilmente esas personas van a entrar a militar a algún partido político. Estamos hablando de alrededor de 77.000 militantes o firmas. El partido más grande, que es el Frente Amplio —la coalición de varios partidos políticos y movimientos— logra llegar apenas a los 60.000 militantes.
—¿Cuál es la propuesta de la comisión?
—El Gobierno está abierto a un 0,4%, pero nosotros seguimos creyendo que es muy alto, porque hoy la participación de los partidos políticos va en baja. Además hay que considerar la representación de la territorialidad. Muchos partidos políticos, si bien no tienen representación parlamentaria, tienen representación local con alcaldes, concejales, cores e incluso gobernadores. Eso también debería tomarse en cuenta. Se le planteó también dar la posibilidad de que los partidos se puedan fusionar para disminuir la cantidad de partidos políticos. Obviamente partidos que tengan afinidad, que tengan algunas ideas en común.
“La norma antitransfuguismo es inviable y antidemocrática”
—Hay otra reforma política que viene desde los senadores, que también está alojada en la Cámara. Si bien el umbral no tiene apoyo ni en el gobierno ni en la Cámara, está la norma anti díscolos. ¿Hay alguna posibilidad de que esa norma vea la luz a través de este proyecto del gobierno?
—No, eso lo veo mucho más complejo. Yo creo que este proyecto de ley es el que tiene más viabilidad si es que llegamos a un acuerdo. El proyecto que viene de la Comisión de Constitución del Senado ni siquiera se conversó, ni siquiera se tocó, porque en realidad es inviable y es antidemocrático.
—Hay un diagnóstico de que los parlamentarios que se cambian de partido generan una situación problemática. Usted mismo lo hizo. Y el Gobierno ha compartido esa visión.
—Se ha tocado el tema sobre eventuales sanciones por el cambio de partido. Pero de ahí a perder el escaño, eso yo no estoy de acuerdo, ni ninguno en la mesa estuvo de acuerdo con eso. En la Cámara no tiene sustento.
—¿Se ha hablado de una salida para los partidos que serán disueltos por el Servel?
—Lo que hablamos es sobre la posibilidad de que los partidos se puedan fusionar. También bajar los umbrales, a exigencia de las ocho regiones en particular. Los ejes básicos de la reforma deben ser: bajar de ocho regiones discontinuas o el umbral de 750 militantes por región. Eso es lo que consideramos que era complejo.
“Chile necesita orden político, pero no clausura democrática”
—¿El proyecto va a salir en este Gobierno?
—Yo creo que está la voluntad para poder sacarlo de forma responsable y que le haga bien a Chile. Las líneas rojas que se pusieron en la mesa son bajar el guarismo de subsistencia, flexibilizar la exigencia territorial y no matar a los independientes.
—Pero todo lo que usted me explica igual chocaría con el Senado. Ellos tienen otras aspiraciones con la reforma política, ¿no es así?
—Sí, por eso vamos a esperar la propuesta que llegue del Ejecutivo, porque Chile necesita orden político, pero no clausura democrática. Fortalecer partidos, incentivar fusiones y coaliciones amplias, pero sin asfixiar proyectos legítimos que representan territorios y sensibilidades reales. Y eso es lo que estamos buscando.
—Pero más allá de los acuerdos, cuando termine el receso legislativo, al Congreso le quedará una semana para tramitar, ¿saldrá el proyecto con este Parlamento y este Gobierno?
—Si es que llegamos a un acuerdo, yo me comprometo a votarlo en Sala esa misma semana. Ahora, si hay cambios del proyecto, obviamente eso ya va a quedar para el gobierno del presidente electo José Antonio Kast. No sé en qué situación quedaría ahí el proyecto, porque va a depender del nuevo gobierno.
—En el Senado la reforma política pasó sin problemas, ¿por qué ese choque de miradas entre ambas Cámaras?
—Lo que pasa es que lamentablemente este proyecto, a mi parecer, lo que busca es volver al binominal, al duopolio, y eso resta miradas totalmente democráticas de otros movimientos, de otras visiones de la ciudadanía. Yo creo que efectivamente la fragmentación le hace un daño a la gobernanza, pero hay que ser prudente y no poner candados al sistema político y solamente dejar a los que están participando. Porque este proyecto de ley lo que hace es que no ingrese ningún nuevo partido político y que todos tengamos que converger hacia los partidos más grandes, que son cuatro o cinco en Chile.