La agresión a la ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, en la Universidad Austral de Valdivia sacudió a La Moneda y a todo el espectro político.
Alrededor de las 15:00 horas se comenzaron a difundir en redes sociales los primeros registros de la agresión. En los videos se aprecia a la secretaria de Estado corriendo hacia un auto para salir de la tensa situación. Según relató la ministra de Energía Ximena Rincón, su par de gabinete debió ser escoltada por funcionarios de la PDI para lograr salir del recinto tras estar dos horas retenida en el aula magna.
En La Moneda, la noticia fue recibida como una señal de alarma. En el segundo piso de asesores del presidente el episodio fue catalogado inmediatamente como “grave” e “inédito”. De hecho, la imagen de Linconao siendo rociada de un líquido por una estudiante recordó a la imagen de una estudiante secundaria arrojándole un jarro de agua en la cara a la entonces ministra de Educación, Mónica Jiménez.
De todas maneras, en el palacio de gobierno hacen el punto en que la agresión a Linconao fue aún más grave, ya que implicó empujones y una persecución que obligó a correr a la ministra mientras recibía insultos de grueso calibre.
La respuesta del Ejecutivo no se hizo esperar. La ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, que participaba en ese momento en una comisión de la Cámara, fue la primera en pronunciarse y anunció una querella criminal por atentado a la autoridad.
Minutos después, el ministro del Interior, Claudio Alvarado, encabezó una vocería desde La Moneda junto a la ministra vocera, Mara Sedini, y el subsecretario de Seguridad, Andrés Jouannet en que confirmó la acción penal de parte del Gobierno.
“Lo ocurrido es absolutamente inaceptable. Una autoridad de gobierno fue amedrentada, retenida y posteriormente agredida en el ejercicio legítimo de sus funciones en un recinto universitario, que debe ser, por definición, un espacio de aprendizaje, debate y convivencia. La violencia no tiene lugar en las aulas, ni en los campus, ni en ningún espacio de la vida democrática chilena. Este Gobierno no se va a amedrentar”, señaló Alvarado.
El presidente Kast siguió la misma línea, pero con un matiz político. Sin mencionar a la izquierda directamente, apuntó a actores con un perfil ideológico definido: “Esta tarde, la ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, fue agredida al interior de la Universidad Austral por un grupo ideologizado que tiene solo un objetivo: silenciar y amedrentar. No buscan dialogar ni mejorar la educación. Su actuar no tiene explicación ni justificación”.
Desde la derecha, la lectura fue más explícita. La exministra de Educación, Marcela Cubillos, escribió en su cuenta de X: “La izquierda y las funas, un patrón. Todo el apoyo a la ministra Linconao ante el cobarde ataque que acaba de sufrir. La ultraizquierda no tolera que la derecha gane y gobierne”.
La Universidad Austral, por su parte, condenó las agresiones y anunció una investigación interna para identificar a los responsables. El Gobierno, mientras tanto, ya tiene querella en mano.

La incómoda posición que quedó la izquierda
En la oposición, el episodio cayó como un balde de agua fría en un momento especialmente inoportuno. La izquierda lleva semanas intentando articularse para enfrentar el ingreso de la ley miscelánea del Gobierno, y la agresión fue leída internamente como una oportunidad que La Moneda aprovecharía para reencuadrar la agenda en una semana clave en el Congreso.
La reflexión que circuló en el sector fue que, casi inevitablemente, el hecho sería vinculado a partidos como el PC y el Frente Amplio, históricamente cercanos al movimiento estudiantil universitario.
Así ocurrió, y la respuesta fue veloz: parlamentarios de ambas colectividades —sumándose el PS y el resto del arco opositor— salieron a condenar la agresión antes de que terminara la tarde. De hecho, diputadas de la oposición integrantes de la Comisión de la Mujer impulsaron una declaración conjunta de repudio.
La condena fue, en los hechos, transversal.
Desde la DC, la senadora Yasna Provoste expresó solidaridad con Lincolao. El senador Vlado Mirosevic (Liberales) rechazó “categóricamente el ataque” y aclaró que las diferencias con el Gobierno “se expresarán pacíficamente, no con agresiones”. El senador Fidel Espinoza (PS) afirmó que “las diferencias en democracia son legítimas, pero jamás pueden expresarse con violencia” y la diputada Ericka Ñanco (FA) sostuvo que lo ocurrido era “inaceptable” y que “la protesta es legítima, pero nunca debe transformarse en agresión”.
El cortocircuito entre La Moneda y el movimiento estudiantil
El episodio, en todo caso, lo envuelve un contexto más amplio. La agresión ocurrió el mismo día en que la Confech lanzó una crítica pública al ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, por el cobro del CAE, calificándolo de “miserable”.
El telón de fondo es una relación que viene tensionándose desde que asumió Kast a mediados de marzo: el Gobierno de Kast endureció el cobro a deudores del crédito universitario y recortó recursos para becas en el extranjero, medidas que han encendido el malestar del movimiento estudiantil que tuvo un bajo perfil durante el gobierno de Gabriel Boric.
El presidente de la Comisión de Educación de la Cámara, Sergio Bobadilla (UDI), fue tajante al respecto: “Es francamente insólito que la Confech salga a defender a deudores que ganan sobre $5 millones mensuales y, aun así, deciden no pagar sus obligaciones. Eso no tiene nada que ver con justicia social ni con apoyar a quienes realmente lo necesitan. Es derechamente avalar privilegios y premiar el incumplimiento”, señaló en conversación con EL DÍNAMO.
Y añadió: “Mientras millones de chilenos hacen un esfuerzo enorme por cumplir mes a mes, algunos pretenden instalar la idea de que pagar es opcional según conveniencia. Ese doble estándar es inaceptable y le hace un daño profundo al sentido de responsabilidad que debe sostener cualquier política pública seria”.