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Franco Parisi: “Boric habitó el poder, Kast lo está disfrutando. Nosotros vamos a ejercerlo con la gente”

Franco Parisi asegura que no piensa en el 2029, pero cada uno de sus movimientos dice lo contrario: cuida a sus diputados como activos de largo plazo, busca alcaldes en los distritos donde sacó primera mayoría y ya tiene en mente quién debería ser senadora por la Región Metropolitana. En entrevista con EL DÍNAMO, el economista y fundador del PDG analiza la megarreforma tributaria con una dura crítica al presidente y su ministro de Hacienda.

–Vivo como los mineros–, dice Franco Parisi sobre su nuevo estilo de vida tras la elección presidencial. El economista, tres veces candidato presidencial y fundador del PDG, tomó la decisión de dividir su rutina: quince días es un ciudadano cualquiera que lleva a su hijo al colegio, saca la basura y va de compras; los otros quince es el líder del partido político de moda, que cosechó la no despreciable suma de 14 diputados y que logró el tercer lugar en la presidencial, a menos de 600 mil votos de pasar a la segunda vuelta. 

Este sostenido crecimiento tiene a todos en el PDG soñando con 2029. Pero Parisi dice que no piensa en eso, que se está cuidando. Asegura que su principal preocupación es no cometer los mismos errores del periodo anterior, cuando los seis diputados que eligió se fueron del partido. Ahora se reúne periódicamente con los legisladores, los alienta a pensar más allá de este periodo presidencial. Podrían ser senadores, por qué no.

Pero por más que lo intente, a Parisi se le hace difícil no pensar en La Moneda: 

Nosotros vamos a ejercer el poder. Boric habitó el poder y Kast está disfrutando del poder. Yo tengo que ejercerlo. Con la gente– dice en esta entrevista con EL DÍNAMO.

―¿Han cambiado tus prioridades luego de la presidencial?

―Lo principal y mi mayor foco es cuidar a los diputados. Ganar en la elección de diputados de 2021 tuvo un costo muy alto: creo que me perjudicó mucho perder a los seis diputados anteriores. Pero mirando a Luis Enrique, el entrenador del Paris Saint-Germain, en política no se necesitan estrellas, se necesitan equipos. Lo entendimos así, y lo interesante es que los diputados de la primera generación que se creían estrellas quedaron estrellados. Tengo que cuidar que eso no ocurra.

―¿Cómo?

―Primero, estando cerca, hablando todos los días —digital o presencialmente—. El domingo pasado me junté con más de cuatro de ellos siendo que era el Día de la Madre. Me preocupa ver cuáles son sus principales desafíos en lo profesional, en lo legislativo y también en lo personal: es un cambio significativo. Eran personas comunes y corrientes y ahora son autoridades de la nación.

―¿Y a nivel de diseño político? Porque siguen siendo un partido relativamente nuevo.

―Estamos interesados en cambiar el relato: no me interesa que sean diputados por cuatro años, quiero que lo sean por doce. Y después, senadores. Por ejemplo, Pamela Jiles lo más probable es que sea electa senadora por la Región Metropolitana, y voy a hacer todo lo posible para que sea la primera mayoría a nivel nacional.

―O sea que ya está pensando en el 2029.

―Así es. Incluso un poco antes. Les encomendé a los diputados que comiencen a revisar en sus distritos las comunas donde yo saqué primera mayoría, buscando ya potenciales alcaldes, cores y concejales. Estamos cambiando la estructura: ya no es “tú eres diputado, que te vaya bien”, sino que forman parte de una familia política con proyecciones hacia arriba, hacia abajo y hacia los lados, fortaleciendo el partido orgánicamente y evitando errores de cara a una figura presidencial —mía u otra— el 2029.

Foto: Bárbara San Martín

―Más allá de la labor con la bancada, ¿cómo trabajas a nivel personal la imagen de ser quien está en la pole position para la próxima presidencial?

―Primero, no me pierdo: son cuatro años, y una semana en política es mucho tiempo. Pero lo interesante es que, por razones laborales, familiares y de seguridad, mi esposa y mi hijo menor me esperan siempre en Estados Unidos. Y cuando llego allá, soy un tipo común. El que saca la basura soy yo, el que corta el pasto soy yo, el que lleva al hijo al colegio —y nadie te saluda— soy yo. Eso te lleva a la tierra.

―¿Y acá en Chile cómo es?

―Acá hay un reconocimiento a mi persona que es creciente y transversal. Y está cambiando la demografía: antes no tenía tanta aceptación en el tramo sobre 55 años, y eso cambió de manera significativa en esta vuelta. Además, estoy más en terreno: reuniones, juntas de vecinos, visitas a regiones. Allá, en cambio, voy al supermercado tranquilo.

―¿La decisión de presentarse el 2029 ya está tomada?

―No estoy preocupado por eso ahora. Estoy preocupado de los diputados, de ayudarle al Gobierno porque lo está haciendo bastante mal, hay que decirlo; hay algunos que creen que Dios los va a ayudar, pero hay que ayudarle a Dios. Pero mi prioridad es seguir ordenando el PDG y las elecciones de gobernadores, alcaldes, cores y concejales.

―Las carreras presidenciales son largas. ¿Por eso tomaste la decisión de estar más presente en Chile?

―Porque no me puedo dar el lujo de equivocarme. Y además porque Chile necesita que alguien cuide a la clase media. Veo que ni la derecha ni la izquierda se interesan en ella: gobiernan para sus nichos. Boric gobernó para sus amigos —para conseguirles pegas, contratos, embajadas—. Y vemos lo mismo con Kast: almuerza con los amigos, los manda de embajadores, va cuatro días a misa. Esas cosas me dicen que por ahí no va.

―¿Y cómo manejas la dinámica de estar entre Chile y Estados Unidos?

―Estoy entre 10 y 15 días acá y allá. Según mi señora, paso mucho tiempo acá. Según la prensa, paso muy poco. Nunca gano, pero es lo que me tocó vivir y lo que tengo que hacer.

―¿Evalúas estar 100% en Chile?

―Me encantaría. El problema es el colegio de mi hijo: está en un colegio público allá, habla más inglés que español, y los colegios que me interesan acá son carísimos. Además, tengo casa allá, acá no. Mi vida económica está allá. Cuando se dé el momento, feliz.

―¿No crees que eso genera cierta lejanía con la clase media a la que apunta el PDG?

―¿Y los mineros? Los mineros pasan 15 días fuera, no saben lo que pasa en su casa, se pierden cumpleaños. La vida del minero en el campamento queda completamente en stand-by por 14 días. Mi vuelo es más largo, de acuerdo, pero es la misma lógica.

―¿Vivir de la política no es una opción?

―No. Si yo recibo un peso del partido político, salgo en todos lados como alguien que está lucrando con la política. No puedo cometer ese error. Otros son los que lucran. Yo no lo voy a hacer porque perjudicaría a todos los alcaldes, gobernadores, cores, concejales, diputados y senadores que vamos a tener. Esto es más grande que yo.

Foto: Bárbara San Martín.

―¿Cómo sería el ejercicio del poder para ti? Tanto Boric como Kast tuvieron que gobernar con socios incómodos.

Nosotros vamos a ejercer el poder. Boric habitó el poder y Kast está disfrutando del poder. Yo tengo que ejercerlo. Con la gente. Hay mucha gente capaz y dispuesta a trabajar. 

—Nosotros somos un partido de centro —todas las encuestas lo confirman— y estamos dispuestos a llamar a gente buena de Chile Vamos, del PS, del PPD. También hay personas que me llaman la atención como el alcalde de Puente Alto, Matías Toledo, con quien nos reunimos esta semana. O Cecilia Pérez: me gustan mucho las mujeres orgullosas de serlo y con personalidad.

―La alianza entre Javier Olivares y Pamela Jiles se veía improbable. ¿Esa es la gracia del PDG?

―Exactamente. Estoy seguro de que este fin de semana, en cualquier casa celebrando el Día de la Madre, había un tío que adora a Allende y otro que adora a Pinochet, y convivían. Bueno, esos somos nosotros, eso es el PDG.

―¿Cómo evalúas los primeros meses de la bancada?

―Partimos bien. El único problema fue el “Dr. File”. Pero aquí estamos como el Paris Saint-Germain: no queremos estrellas. El que se cree estrella va afuera. Los diputados han entendido la importancia de estar cohesionados, ordenados, mesurados, dándole el beneficio de la duda a los procesos. Tenemos muy buen jefe de bancada: Juan Marcelo Valenzuela. Y Pamela Jiles ha sido extraordinaria. Todos saben que su voto vale más estando en el PDG y votando unido que jugando al llanero solitario.

―¿Qué rol cumples tú en esa dinámica?

―Me reúno periódicamente con ellos, pero también tengo que tener cuidado. Yo podría estar en el Congreso, pero no quiero. Quiero ir, con suerte, una vez al mes o cada dos meses. Quiero que ellos se empoderen. Yo sé que puedo distraer a la prensa y a la dinámica interna, entonces prefiero no ir.

―¿Es una lección aprendida del periodo anterior?

―Absolutamente. Soy muy crítico de mí mismo, soy el peor crítico de mi persona y de mis actuaciones. Cuando me critican en la prensa, para mí es juego de niños. La lección más importante es que hay que estar presente, informar, dialogar, respetar. Yo nunca le digo a la gente “voten por mí”. Les recomiendo, y ellos llegan a su propia conclusión.

―Mencionabas al Dr. File, el diputado Contreras. En el periodo pasado todos los diputados terminaron en otros partidos. ¿Ves un patrón?

―Eso pasa en todos los partidos. ¿De dónde salió Kast? De la UDI. ¿De dónde salió Kaiser? De los Republicanos. Eso es normal. Hay que atender que es un problema de gobernanza y nosotros sí nos atrevemos a solucionarlo: creemos que el diputado que es expulsado o se va debería perder el escaño. O bien que se vaya como independiente, o que le cobren la mitad del sueldo. Tú sabes que hay diputados bastante tacaños y por lo tanto se van a quedar.

―Entonces estás de acuerdo con la reforma política que se impulsó en el gobierno anterior.

―Hace rato. Se necesita. Porque si no, pasan a ser reyezuelos que hacen lo que quieren.

―Sobre el diputado Javier Olivares, que parece estar en la misma dinámica. ¿Cómo ves su actuación en la bancada?

―Nosotros somos bien abiertos. Vístete como quieras, nunca te vamos a criticar. Si querés ocupar la capa, ocúpala. Nosotros no somos inspectores de colegio, y tampoco nos metemos en decisiones personales —sus sexualidades, sus preferencias—. Nunca hemos preguntado absolutamente nada en ese sentido, ni a un militante ni a una autoridad del partido.

―¿La capa no te preocupa?

―Él tiene que evaluarlo. Todos tenemos derecho a cometer errores. Yo no lo haría, pero si para él es importante, que él lo vea. Si me quiere preguntar, que me lo pregunte. A lo mejor le gusta, es fashionista. Yo no andaría con una camiseta del Che Guevara, ni de Pinochet, ni de Allende.

―Ustedes dicen que su identidad es defender a la clase media. ¿Pero no hay un sustento ideológico más profundo?

―Nosotros defendemos al que tiene que levantarse para trabajar. Porque nosotros creemos en la practicidad. La mega reforma que está planteando Kast no es una reforma tributaria ni económica, es una reforma ideológica. De la misma forma en que Boric quería una constitución no para Chile, sino para su ideología. Nosotros no queremos ser basados en ideología, porque la ideología sesga la decisión correcta para la gente. Hay algunos de la extrema derecha que dicen que la educación pública debe desaparecer. Nosotros decimos, por el contrario, hay que fortalecerla. El de la extrema izquierda dice que hay que colocar mayores impuestos. Nosotros decimos, menores impuestos. Yo creo que necesitamos la practicidad de la anti-ideología.

―El PDG, el Partido Republicano y el PNL comparten una característica: los tres están sustentados en una figura presidencial fuerte. ¿Cómo se logra que el PDG sea algo más que el partido de Parisi?

―Con tiempo y trabajo.

―¿Nada más?

―Es que en los otros casos que mencionas tampoco hay recambio. Piensa que Kast no tiene en estos momentos un sustituto para la presidencial. ¿Quién va a ser el candidato presidencial de Republicanos? Carter o Poduje, y ninguno de los dos es republicano de raíz. Yo creo que María Pía Adriazola tiene más potencial y debería ser su candidata presidencial. Además, el Partido Republicano se percibe como un partido de un determinado perfil, y levantarla a ella —que es la esencia del kastismo— sería una buena movida. En cuanto al PDG, te desafío a que me señales un diputado con el reconocimiento público de Pamela Jiles en Republicanos o en el PNL. No hay.

―¿Cómo tomaste el resultado de la elección interna del PDG, con baja participación y la derrota de tu lista?

―La baja participación es lo que más me preocupa, y por eso estoy pretendiendo lograr que la votación sea digital, bajo la supervisión del Servel con su base de datos. Ahora, te adelanto que el Tribunal Superior del partido va a revisar el proceso y lo más probable es que se repita la elección, porque se demoraron en entregar unas actas. Frente a eso, el proceso se tiene que hacer de nuevo.

―¿Eso no genera una mala imagen hacia afuera?

―Es normal. De hecho, siempre pasa algo similar. Es muy difícil llevar adelante elecciones internas en los partidos porque no hay financiamiento suficiente. Nuestra gente, lamentablemente, trabaja mucho los fines de semana: hay muchos emprendedores que tienen puestos en las ferias. Prefiero que se haga bien, por clave única y con supervisión del Servel.

Foto: Bárbara San Martín.

Franco Parisi: “La ausencia de conocimiento económico y de sentido social de Kast lo llevó a elegir a Quiroz como ministro de Hacienda”.

―La semana pasada te reuniste con el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz. A la salida dijiste que fue una reunión intensa. ¿Qué pasó?

―Tenemos distintos puntos de vista. Él quiere un equilibrio macro y yo quiero un equilibrio micro. Si tú tenés 100 y yo tengo 0, macroeconómicamente tenemos 50 —pero eso es mentira. Uno tiene 100 y el otro tiene 0. La política del PDG es que nadie quiere tener la mejor casa en un barrio que se deteriora: en algún momento te van a robar, en algún momento te van a quemar la casa. Nosotros no queremos eso, pero tampoco queremos que la casa sea del Estado. Queremos que sea meritocrático, pero con la cancha nivelada.

―¿En qué punto chocaron concretamente?

―Empezamos con la estructura de la reforma. Él decía que puede ganarla con dos votos pirquineados, lo cual creo que es un tremendo error. No puedes hipotecar la reforma más importante de tu gobierno en dos votos inestables. Ese equilibrio significa la tumba del Gobierno, y todo lo que se dice que se va a lograr no se va a lograr. Lo principal fue eso: traté de convencerlo de llegar a un consenso para poder hablar con los diputados y lograr que concurran nuevamente con los 13 votos. 

—¿Y cuál fue el desenlace?

—Empezamos a escribir ese rayado de cancha para la gran reforma. Estoy bastante conforme, y creo que los diputados también.

―Más allá de esa reunión particular ¿Cómo ves la conducción política del ministro Quiroz?

―El jefe de Quiroz es Kast, él lo eligió. Yo habría elegido otro tipo de ministro de Hacienda —porque también yo sé de economía, y Kast no tiene idea—, un perfil más de retail. Hay CEO en el sector que habrían sido excelentes para lo que se necesitaba en Hacienda, más que un economista duro como Quiroz. Pero entiendo que la ausencia de conocimiento económico y de sentido social que tiene Kast lo llevó a elegirlo.

―Tú mismo dices que no es una reforma tributaria, sino ideológica. ¿Cuál es tu evaluación de sus ejes centrales: reintegración del sistema tributario, baja del impuesto corporativo, invariabilidad y repatriación de capitales?

―El problema es que pueden ser buenas medidas, pero el cuánto, el cómo y el dónde es lo relevante. Hay varios problemas. Con la invariabilidad: no puedes fijarla al 23% sin cobrar una mayor tasa de entrada. En todo el mundo funciona así: paga 23% pero te la puedo cambiar, o paga 25% y te la dejo fija por 20 años. Está mal hecha. Después, me dices que hay que bajar el impuesto a las ganancias de capital de un 10% a un 0%, pero la OCDE te cobra 19%. Y al mismo tiempo me dices que hay que bajar el impuesto corporativo porque estamos sobre el promedio de la OCDE. Entonces, cuando te conviene tomas a la OCDE como referencia y cuando no, no. Hay un desaguisado gigantesco.

―El economista Carlos Ominami señaló que si esta reforma se implementara en los términos planteados por el gobierno, causaría un shock económico e inestabilidad. ¿Compartes ese diagnóstico?

―No. La inestabilidad la generó Boric cuando uno de sus hombres de confianza dijo públicamente que iban a meterle inestabilidad al sistema. Esto va a tener un shock, sí, pero hay gradualidad y el mercado se ajusta. Lo que puede generar un shock más recesivo es un recorte fuerte del gasto. Las modificaciones tributarias son de largo plazo. No lo veo de esa forma. Respetando a Carlos, creo que en esto está llegando a una conclusión apresurada.

―¿Qué pasa con las advertencias del Consejo Fiscal Autónomo sobre la recaudación?

―Es irrelevante porque esto es una decisión política, no económica. Es como cuando te vas a comprar un auto caro: es una mala decisión económica, pero te lo compras por gusto, por preferencia. Al CFA, por definición, nadie le hace caso.

―¿Y en cuanto a la recaudación efectiva?

―Va a caer mucho más de lo esperado, eso es por definición. Nunca, cuando haces una modificación tributaria de gran magnitud, recaudas lo que proyectas. Si dices que vas a recaudar 10, recaudas 4. Y si dices que la rebaja va a reducir la recaudación en 2.000, la reduce en 6.000. Está mal calculado. De hecho, el subsidio a la contratación de los 2.400 millones de dólares está pésimamente calculado: eso va a costar entre 2.250 y 2.300 millones.

―Entonces los efectos de corto plazo van a ser negativos.

―Obviamente. Quizás en el largo plazo va a ser bueno, pero ese “quizás” es muy largo. Por eso nosotros preferíamos el FUT acotado más que la rebaja directa.

―¿Con esta reforma se puede volver a crecer al 4%?

―No. Lo único que puede llevarnos a crecer al 4% es una reforma del Estatuto Administrativo y del Consejo de Monumentos Nacionales, y que el precio del cobre se mantenga sobre 6 dólares y el litio siga subiendo.

―Un diputado del oficialismo dijo que la bancada del PDG vendió muy barato sus votos en esta reforma. ¿Qué te parece?

―Quizás él está acostumbrado a venderse. Si él dice que venderse es ayudar a la clase media para que dejen de cobrarle el impuesto canalla a los medicamentos, entonces es un maleducado sin sensibilidad. Aquí no estamos consiguiendo una pega a un amiguito: estamos diciendo que es impresentable cobrarle IVA a los medicamentos, impresentable cobrarle IVA a los pañales de adultos y de menores. Si para él eso es venderse, creo que él es miserable.

―Si el gobierno no incluyera en la reforma la rebaja del impuesto a las pymes, ¿qué pasaría?

―Se va a incluir. Dijeron que lo harían en un proyecto aparte, y si es así, se va a dar. Estoy más que seguro. Y ahí la gente les va a tomar la palabra.

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