Falta de elenco. Esa ha sido la lectura de analistas y especialmente de la oposición tras el sorpresivo cambio de gabinete de ayer martes en que Mara Sedini y Trinidad Steinert abandonaron el gabinete ministerial a sólo 69 días de haber asumido.
La crítica, que se ha extendido en paneles, programas políticos y los pasillos del Congreso, responde al diseño que escogió el presidente José Antonio Kast para salir adelante del delicado momento que atraviesa su administración. En vez de llamar nuevos rostros, el mandatario optó por intercambiar a ministros de su confianza —como es el caso de Martín Arrau, que pasó a Seguridad— y fortalecer la apuesta por los biministerios, que es el caso de Claudio Alvarado (Interior y Segegob) y Louis de Grange (Transportes y MOP).
Según indican fuentes de La Moneda, el ajuste va en la dirección de unificar carteras que puedan tener funciones similares, como Interior y Segegob.
Por lo demás, indican las mismas fuentes, la práctica del biministerio ya se había puesto en marcha desde el inicio del Gobierno, cuando Kast nombró de emergencia a Daniel Mas en Economía y Minería.
Arturo Squella, presidente de Republicanos, explicó que la opción de los biministros “pasa por una convicción de que al Gobierno hay que adelgazar desde el punto de vista de interacción política. No solo por la repercusión económica y para ser coherentes con el mensaje de ajuste fiscal, también respondiendo a la promesa de campaña de fusionar ministerios”.
Sin embargo, hay otra lectura que corre en sectores del oficialismo, especialmente en Chile Vamos: el presidente, en su primera crisis constatable, decidió seguir adelante con su diseño de dejar fuera de la toma de decisiones a los partidos. En cambio, la apuesta sería mantener las riendas del Gobierno en un estrecho círculo de personas que se identifican en su círculo de hierro.
La lectura se debe, en parte, a que el presidente no echó mano a los rostros de Chile Vamos que en en el periodo de confección de gabinete habían sido acercados por los partidos para ser considerados en la nómina ministerial.
Por el contrario, el poder quedó concentrado aún más en Alvarado, amigo personal de Kast y que más allá de su militancia UDI no es cercano a la directiva del partido; en Arrau que dio un paso al frente al ser uno de los colaboradores más estrechos del mandatario en campaña; y en De Grange, un independiente que se acercó a la figura de Kast tras el estallido.
Consultada por EL DÍNAMO, la diputada Constanza Hube asegura no ver “una distancia con los partidos” en tanto que “la UDI como los partidos de la coalición siguen siendo fundamentales para darle sustento político al Gobierno”.
“Ahora, una cosa distinta es que el Presidente haya optado, en este ajuste, por fortalecer perfiles que ya estaban dentro del gabinete y que son de su confianza. Eso no significa excluir a los partidos, sino priorizar continuidad y conducción política en una etapa compleja”, aclara.
En contraste, la diputada Natalia Romero (IND-UDI), asegura que “el presidente Kast es ante todo el líder de su propio partido, y es completamente lógico que busque primero dentro de sus propias filas antes de mirar hacia los socios de segunda vuelta. Eso no es distancia, es coherencia política. Lo que sí me parece relevante preguntarse es si esa lógica le alcanza para gobernar los cuatro años con la solidez que Chile necesita“.