“Si uno solo va a decir que las ideas de la libertad son buenas, eliminemos las contribuciones, el Estado es muy grande y hasta aquí llegamos, muchas gracias, eso no pasa de ser un panfleto”, advierte Juan Antonio Urzúa, secretario general del Partido Nacional Libertario (PNL), sobre lo que espera —y lo que no— del discurso del presidente José Antonio Kast en la V edición regional del Foro Madrid.
El encuentro, que reunirá el 2 y 3 de septiembre en el Centro de Eventos San Carlos de Apoquindo, en Santiago, a figuras como Javier Milei y Santiago Abascal, ha abierto una fractura en el oficialismo respecto a su pertinencia y la participación del mandatario.
Sobre esas críticas, Urzúa —que participará como exponente— señala que el foro “puede generar resquemores porque ahí te vas a encontrar con las debilidades de ciertos partidos”. Asimismo, en conversación con EL DÍNAMO, sostiene que la habilidad política de Kast no debe medirse por repetir consignas, sino por mostrar que esas ideas ya se están aplicando en el ejercicio de su gobierno.
—¿Qué se puede esperar de este evento?
—Lo que se puede esperar es que, al igual que lo hacen distintas organizaciones políticas —desde la transparencia y la apertura al público— se discutan las ideas que están viviendo los distintos partidos de derecha en el mundo.
—¿Cuáles son esos tópicos?
—Creo que hay coincidencia en que la soberanía de los países se ve deteriorada por la influencia permanente de organismos internacionales que se superponen a las facultades propias de cada Estado. Otro ejemplo son los temas de inmigración ilegal y los conflictos que se han vivido en distintas jurisdicciones, como en España o en Estados Unidos. En definitiva, creo que va a ser un mix de temas —defensa de la libertad, la soberanía, el derecho a la vida—, con expositores que den a conocer sus visiones y que también aborden una cuestión práctica: lo que ha venido ocurriendo en los distintos países, y los desafíos que se enfrentan.
—¿Por qué cree que en algunos sectores de la derecha —como Renovación Nacional o Evópoli— este tipo de foro genera ruido?
—Creo que sucede porque hay una lucha constante entre las ideas y cómo puedes plantearlas en la realidad y en la política; esto lo planteaba Daniel Mansuy en su libro, en su crítica al Frente Amplio, y yo tomo ese mismo criterio para mirar lo que nos pasa a nosotros. Cuando se junta un foro en el que se va a plantear específicamente la defensa de ideas que representan a nuestro sector, puede generar resquemores porque ahí te vas a encontrar con las debilidades de ciertos partidos: se hacen comparaciones.
—Se podría interpretar como “ataques” a ciertos partidos, ¿o no?
—Insisto, el tema político pasa por el ejercicio de la defensa de ciertas ideas de las que algunos partidos se han ido alejando, y este tipo de foros —en que se pueden marcar hitos de defensa de esos conceptos— es súper importante porque permite que tanto los militantes como las distintas directivas sepan cuál es la mejor forma de defenderlas. Puede generar resquemores, claro, pero está todo dentro del ámbito de la defensa de las ideas de la libertad, y bienvenida sea la discusión.
—La oposición también ha levantado alertas por este evento.
—Claro, están las reacciones de otros sectores. A mí me tocó escuchar en un programa que decían que “se va a juntar la ultraderecha”, como si fuera algo peligroso. Pero nada más lejos de la realidad, porque se anuncia dónde nos vamos a juntar, te invitan, es una cuestión razonable y respetuosa. Pero para algunos eso ya es terrible. Ahí quedan al descubierto sectores a los que, en el fondo, les incomoda la libertad de expresión.
—¿Es correcto decir que el Foro de Madrid apunta a la derecha que se etiqueta como “conservadora” o “radical” y no a la derecha tradicional?
—Hay una cuestión muy importante ahí. Cuando te aproximas a la realidad de un fenómeno, o lo haces con la honestidad intelectual de revisar cada tema, o lo haces desde el “gaslighting”: empiezas a confundir a la gente sin siquiera llegar a hablar de lo que realmente se va a hablar. Solo tienes el impulso irrefrenable de decir “ultraderecha”, porque -dicen- la ultraderecha quiere un Estado más acotado o quiere defender el derecho de propiedad. Creo que quienes sienten ese impulso de usar la caricatura de “ultraderecha” son los que tienen el deber intelectual de explicar por qué lo hacen, porque la flojera intelectual de decirlo por decirlo es entendible, pero no vale como argumento en un debate de ideas.
Acá se va a hablar de la defensa de la libertad y de la soberanía, y ahí hay distintos conceptos de libertad. El que yo trabajo, por ejemplo, es el de Lord Acton, que dice que la libertad no es solo la habilidad de hacer lo que quieras, sino que implica un deber, una cuestión que busca desarrollar la virtud. Hay otros conceptos de libertad relacionados con el ejercicio de tu capacidad racional, con hacerte cargo de las consecuencias de tus actos, pero de forma autónoma. Si eso es ultraderecha, entonces hemos perdido el sentido de las definiciones de las palabras.
—¿Y esa definición de conceptos cómo se aterriza a la contingencia?
—Por ejemplo, si vamos a hablar de soberanía, piensa en lo que nos pasó con Argentina por el Estrecho de Magallanes, nosotros le decimos a los chilenos que tenemos clarísimo que cada centímetro del territorio de la República se mantiene tal como está y va a seguir así, ¿eso es ultraderecha? Lo que no pueden esperar de nosotros es que aquí alguien vaya a llamar a las armas. En el Partido Nacional Libertario nos caracterizamos, más bien, por llamar al sentido común, al resguardo y a la prudencia. El tema de la caricatura es simplemente un voladero de luces para no abordar los temas que a algunos les cuesta abordar.
—Si uno revisa este tipo de eventos en otros países, se percibe un tono bastante estridente, o declaraciones de autoridades que normalmente no se dicen en público. ¿Eso no es parte de la preocupación que existe?
—Tendría que conocer los casos específicos, porque, por ejemplo, ahora va a hablar el Presidente de la República. Por lo menos puedo hablar del cargo que desempeño yo como secretario general: siempre he buscado que desarrollemos una institucionalidad, y eso es lo importante. Yo creo que en este tipo de eventos cuando se revisa nuestras intervenciones se da cuenta de que ese tono estridente no lo vas a encontrar ahí. Lo que encuentras es la discusión sobre un Estado acotado, sobre cuál es el objeto y las funciones del Estado, el derecho preferente de los padres a educar a sus hijos, la protección de nuestra soberanía. Son valores anclados en el sentido común, y la ciudadanía, al verlos, les puede encontrar sentido o no. Ahora, que haya ciertas retóricas en distintos foros, puede ser, pero tendría que saber específicamente qué declaraciones son estridentes. Mi impresión es que el presidente Kast va a dar un discurso propio de un jefe de Estado que quiere trascender con su gobierno, sin olvidar cuál es su orientación ideológica. Esa es la impresión que tengo.
Lo que se espera del discurso de Kast
—¿Qué más esperas del discurso del Presidente en esta ocasión, considerando que, antes de asumir el cargo, tenía un tono bastante más duro?
—Tengo la impresión de que, en este caso, quien va a hablar en el Foro de Madrid es necesariamente la figura institucionalizada como jefe de Estado. Eso es lo que espero. Ahí viene la habilidad de la persona: poner en la palestra, desde el ejercicio de su cargo, temas como los que ya mencioné. Creo que va a ser un ejercicio intelectual muy interesante para entender al presidente que eligieron los chilenos, y creo que, por las ideas que planteó en campaña, el presidente Kast va a tener la habilidad de poner esas ideas en la palestra desde su figura de jefe de Estado. Porque si lo comparas con lo que hizo Gabriel Boric -que siempre habló desde el “yo”-, acá se debería hablar desde la institucionalidad del Presidente de la República, que defiende ciertas ideas establecidas en su campaña.
—Pensando en el buen momento electoral que ha tenido la derecha en la región —partiendo por la propia elección del presidente Kast—, ¿qué tan importante cree que es este discurso para que la derecha tenga un camino más claro hacia adelante y se consolide como el principal eje político en Sudamérica?
—Es importante. Creo que el desafío que va a tener la derecha, y el Presidente, es poner ciertos temas sobre la mesa. ¿Cuáles son los relevantes hoy? Iimplementar, por ejemplo, un Estado más acotado. Creo que muchos chilenos lo necesitan y lo anhelan, porque no es razonable que el Estado de Chile tenga más ministerios que Haití. ¿Por qué le planteo esto? Porque detrás de eso subyace una ideología: que el Estado puede ir resolviendo todos los problemas. Ahí se enfrenta a una izquierda. Un ejemplo es el caso de Nueva York representada en Zohran Mamdani, quien dijo en su discurso de asunción como alcalde que no hay ningún problema que sea tan grande como para que el Estado no lo pueda abordar, y tampoco hay ninguna preocupación de las personas que sea tan pequeña para que no sea de interés del Estado.
Cuando lo escuché pensé que, si lo hubiera dicho un italiano, me habría asustado un poco más, pero esa figura de Estado totalitario es súper preocupante. Y no lo dijo en un pasillo, grabado a escondidas: lo dijo en su discurso de asunción. Eso demuestra que, aunque hoy haya más gobiernos de derecha, sigue habiendo una izquierda que propone un Estado prácticamente totalizante.
—¿Y el presidente Kast debiera salir a combatir esas ideas en este tipo de espacios?
—Lo que planteo es que es importante tener una clase política, partiendo por quienes están en La Moneda, con la capacidad de confrontar estas ideas y de decir que no es necesario que el Estado esté en cada intersticio de la vida de las personas, que podemos funcionar con más libertad, creyendo que el Estado está al servicio de la persona humana y no al revés. Por eso creo que el desafío del Presidente debería ser lograr que la Presidencia haga suyas estas ideas de la libertad y las proponga en un foro como este.
La batalla cultural, más allá del aborto
—Lo que planteas se puede asociar a la batalla cultural, que muchas veces se reduce al tema del aborto, por ejemplo, pero que también tiene que ver con esta idea más general que mencionas.
—Sí. El tema de la batalla cultural no se agota en materias como el aborto o la ideología de género. En términos resumidos, contempla la idea de lograr instalar en nuestra sociedad aquellas ideas propias de nuestro partido, y dentro de ellas está, necesariamente, hacerte cargo de las consecuencias de tus actos. Por eso nos llamó tanto la atención el tema de las licencias médicas irregulares en el aparato público, que no fueron exclusivas del gobierno de Boric: nos da lo mismo que sea de este o de otro gobierno -de Piñera, de Bachelet, de Lagos-, es la actitud del funcionario lo que está en juego. Hubo personas que llegaron a estudiar carreras completas, que se fueron de vacaciones, con licencia médica, con la plata de todos los chilenos: es ridículo, es malo, es terrible. Ahí dijimos: esto es batalla cultural, y en esta batalla van a estar de acuerdo personas de todos los sectores. Ahí es donde tenemos que poner los puntos sobre la mesa frente a la sociedad. Por eso digo que el tema de la batalla cultural va mucho más allá del aborto o la ideología de género.
—Uno podría decir que, en su afán de conducir el gobierno de manera responsable, el Presidente ha dejado de lado el componente más ideológico y cultural, apuntando más a la gestión concreta. ¿Crees que esta participación en el Foro de Madrid podría marcar un punto necesario para que vuelva a hablarle a la masa militante?
—Creo que el concepto de batalla cultural, como decía, requiere definición. Si planteamos que nuestras ideas se pueden aplicar en la realidad -un Estado más acotado, eliminar las contribuciones, la defensa del derecho de propiedad, la protección del derecho a la vida-, la batalla se da precisamente porque sostenemos que sí se pueden aplicar. Por lo tanto, no podría darse un escenario en que el Presidente haga una cosa y diga otra en un foro. Creo que el desafío, como decía al principio, es la habilidad de que esas ideas se plasmen en el ejercicio político, y ese logro debiera ser comentado y divulgado frente a quienes asistan a este tipo de foros.
—¿A qué te refieres cuando haces esa distinción entre lo que se dice y se hace en torno a la batalla cultural?
—Si uno solo va a decir “las ideas de la libertad son buenas, eliminemos las contribuciones, el Estado es muy grande, y hasta aquí llegamos, muchas gracias”, eso no pasa de ser un panfleto. Por eso creo que la habilidad política debe estar orientada a decir que nuestras ideas se pueden aplicar, podemos tener un Estado más acotado y lograr los objetivos que nos habíamos planteado. Entonces, cuando un presidente que defiende ideas de derecha se dirige a la ciudadanía, creo que necesariamente debe referirse a las dificultades que viven las familias en el día a día. En la izquierda se dice mucho que todos tus problemas son culpa del capitalismo y que el Estado te va a proveer más recursos. Entonces, ¿cómo aborda esa necesidad un presidente que defiende ideas de derecha? Por eso digo que tus ideas deben poder aplicarse en la realidad y ser beneficiosas para la ciudadanía Una cosa que se hace en la práctica también puede decirse y formar parte de un discurso en un foro. Creo que esa debería ser la buena nueva.