Secciones
Sociedad

Enshittocene: el suicidio de las marcas

La excelencia parece volverse obsoleta y la calidad, un lujo del pasado. Estamos en un momento de la historia donde la rentabilidad inmediata desplaza al valor de marca. Cuando la masificación sacrifica el estándar, elegir calidad deja de ser consumo para volverse un propósito.

Hoy, cuando abrimos una aplicación que solía resolvernos la vida o compramos un objeto que prometía durabilidad y se deshace en meses, sentimos que la promesa de valor no se cumple. Ojo, no estamos ante un error aislado; estamos habitando una nueva era llamada el Merdoceno.

A menudo nos queda esa sensación extraña de que las cosas ya no funcionan como antes, y no se trata de nostalgia o que “todo tiempo pasado fue mejor”, no es por ahí.

Según el periodista y experto en medios digitales canadiense Cory Doctorow, hemos entrado en una fase histórica que él llama el enshittocene o el merdoceno. Un ciclo progresivo e inapelable de empeoramiento nacido desde las plataformas digitales, que hoy parece haber tocado un punto de no retorno invadiéndolo todo.

Doctorow acuñó el término enshittification o mierdización para describir un proceso que se divide en tres etapas: primero, las plataformas son útiles para los usuarios para generar dependencia; luego, exponen a los usuarios para favorecer a sus clientes comerciales; y finalmente, exprimen a ambos para maximizar sus propios beneficios, dejando el servicio en un estado que no fue el inicial.

Facebook es el ejemplo de manual: comenzó como un club social, y pasó de privilegiar las interacciones humanas a ser un recolector de publicidad invasiva que ha vuelto la plataforma prácticamente inútil y añeja.

Más allá de la pantalla

A lo largo de mis años en el mundo de la comunicación y el marketing, he visto cómo este fenómeno ha saltado del código digital a la vida real. Internet es solo una parte del problema; hoy, casi todo lo que nos rodea -bienes de consumo, servicios y experiencias- suele relacionarse con una calidad dudosa.

Estamos viviendo el auge del Efecto Temu y Shein. Representan la validación del objeto desechable como norma. Lo que antes era un estándar de durabilidad, hoy es lujo. Se supone que el libre mercado hace que la competencia traiga progreso, pero la realidad del merdoceno muestra que, ante la falta de controles o frenos a la masificación, la calidad es lo primero que se sacrifica.

El choque generacional y la Cultura Fake

Este deterioro impacta de formas muy distintas según a quién le preguntes:

  • La Generación Silver: Se educó en un mundo donde las cosas estaban hechas para durar. Para ellos, ver la mierdización progresiva genera una fuerte tentación de creer que el sistema en su conjunto era mejor antes. No es que las empresas eran más honestas, es que no tenían el permiso social para ser mediocres.
  • La Generación Z: Habita este ecosistema con una resignación ansiosa. Han normalizado que las redes alimenten mecanismos de polarización y competencia inconsciente. Para ellos, un evento análogo ya no vale por la experiencia en sí, sino por qué tanto me sirve para generar una historia de Instagram. Si no lo publico “no estuve ahí”. Por lo cual lo que pase, bueno o malo, todo depende de cómo lo muestro no de la calidad.

Otra cosa preocupante es cómo vemos líderes en el mundo que promueven esta cultura fake, sacándole valor a la intelectualidad, al pensamiento y al conocimiento técnico bajo el mantra de que “todos somos inteligentes en redes”. Se ha perdido la validación del oficio, la experiencia y el saber profundo, reemplazándolos por una superficie brillante, perfecta visualmente pero vacía y hueca.

La dificultad de elegir

Lo que une la mierdización de Internet con la de la industria es la dificultad para cambiar. Juramos que la competencia sería la condición previa del progreso y que ganaría quien tuviera el mejor producto.

Sin embargo, el merdoceno nos demuestra que, en la práctica, el sistema ha optado por sacar valor en lugar de una construcción de marca a largo plazo.

Como alguien que ha navegado décadas en el marketing, entiendo que la mierdización es un síntoma de una sociedad que ha bajado la guardia. La calidad se ha vuelto un acto de resistencia.

Al final del día, también depende de nosotros hacer un pequeño esfuerzo por elegir mejor dónde gastar nuestro dinero y, sobre todo, nuestro tiempo. La tendencia es clara, pero la última palabra siempre la tiene el usuario. La mierdización nos persigue, pero reconocer el ciclo es el primer paso para no dejar que nos consuma.

Notas relacionadas







Enshittocene: el suicidio de las marcas

Enshittocene: el suicidio de las marcas

La excelencia parece volverse obsoleta y la calidad, un lujo del pasado. Estamos en un momento de la historia donde la rentabilidad inmediata desplaza al valor de marca. Cuando la masificación sacrifica el estándar, elegir calidad deja de ser consumo para volverse un propósito.

Luis Bellocchio