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Autodiagnóstico: la razón sin respaldo médico que aleja a las mujeres de los lácteos

Las Guías Alimentarias para Chile recomiendan mantener tres porciones diarias de lácteos, meta que grupos prioritarios —niños, mujeres embarazadas y adultos mayores— podrían no estar alcanzando.

Un primer estudio del Comité Científico de Lácteos, realizado sobre una muestra de más de dos mil personas en todo el territorio, reveló que la intolerancia a la lactosa es la principal barrera de consumo de leche en Chile: un 48 por ciento de las mujeres encuestadas señaló esta condición como el motivo principal para no ingerir lácteos, frente a un 36 por ciento de los hombres.

“La leche es uno de los alimentos más ricos en términos de nutrientes y que tiene una gran cantidad de beneficios en relación al bajo costo del producto. Es un alimento de precio relativamente accesible, pero de calidad nutricional muy alta. El problema es que la gente está dejando de consumir un alimento muy valioso debido a una percepción, muchas veces no diagnosticada médicamente”, señaló el Dr. Andrés Bustamante, académico del Departamento de Nutrición de la Universidad de Chile.

La leche aporta energía y diversos nutrientes, entre los que destacan proteínas de alto valor biológico; minerales como calcio, fósforo, magnesio, potasio, zinc y selenio; y vitaminas A, D, B1, B2, B3, B6 y B12. Las Guías Alimentarias para Chile recomiendan mantener tres porciones diarias de lácteos, meta que grupos prioritarios —niños, mujeres embarazadas y adultos mayores— podrían no estar alcanzando.

La ausencia de lactasa

La intolerancia a la lactosa se produce principalmente porque esta no es digerida a la velocidad suficiente por el organismo. “La lactosa es un disacárido formado por glucosa y galactosa. Lo usual es que tengamos una enzima llamada lactasa, ubicada en el epitelio del intestino delgado, con la capacidad de romperla. La intolerancia se produce cuando nos falta esa enzima”, explicó Bustamante.

Sin lactasa, la lactosa sigue su tránsito hacia el intestino grueso, donde fermenta por efecto de la microbiota intestinal, causando distensión abdominal, diarrea y flatulencias. Todos los seres humanos nacen con lactasa activa al cien por ciento —la leche materna contiene un 7% de lactosa, casi un 40% más que la leche de vaca—, pero su actividad disminuye naturalmente a partir del primer año de vida. “A medida que envejecemos, también baja la cantidad de enzimas disponibles”, precisó el especialista.

Se estima que los humanos pueden tolerar hasta diez a doce gramos de lactosa diarios sin manifestar síntomas relevantes. Pese a esto, la comunidad científica local está preocupada por el autodiagnóstico. “Vemos dos fenómenos: uno, que hay mucho autodiagnóstico; ante cualquier malestar digestivo lo asocian a intolerancia a la lactosa, cuando podría haber otras causas. Y lo segundo, que esto ha derivado en una explosión de alternativas sin o bajas en lactosa”, advirtió Bustamante.

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