En medio del debate sobre el uso de la tecnología en los colegios, el proyecto Gravitas XR propone una mirada distinta: pasar de la discusión sobre restricciones hacia una discusión en torno a una integración pedagógica pertinente. La iniciativa, desarrollada por la Escuela de Pedagogía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) y financiada por ANID mediante su programa FONDEF IDeA I+D, utiliza tecnologías inmersivas para promover el aprendizaje de fenómenos científicos como gravedad, roce, fuerza elástica, distancia estelar y luminosidad.
El proyecto ya realizó una experiencia piloto con estudiantes de séptimo básico de diferentes colegios de Viña del Mar, quienes han participado de una simulación espacial, la que es guiada por una narración hecha por el astrónomo José Maza.

Conversamos con Juan de Dios Oyarzún, director del proyecto, y Alejandra Verdejo, directora alterna del equipo, sobre cómo la tecnología puede renovar la sala de clases.
—En el último tiempo se ha debatido mucho sobre celulares y tecnología en los colegios. ¿Cómo observan esa discusión?
Juan de Dios Oyarzún: “Estamos de acuerdo con los lineamientos generales que restringen significativamente el uso de celulares por menores en espacios escolares. Ahora bien, la prohibición por sí sola suele quedarse corta. Junto con regular, también es fundamental formar en el buen uso de la tecnología dentro de las escuelas. Resolver el tema solo desde la restricción limita lo que una escuela y un docente pueden hacer para una formación de mayor complejidad y con efectos de largo plazo”.
Alejandra Verdejo: “Circunscribir la tecnología a su función pedagógica, permite entender la tecnología como una herramienta que puede promover aprendizajes profundos y activos. El rol del profesor es clave: decidir qué herramientas utilizar y cómo hacerlo, siempre desde una perspectiva de cuidado”.
—Es interesante ese punto, porque se ha hablado poco de una educación cívica en torno a la tecnología, algo clave para promover buenos usos y prácticas.
Alejandra Verdejo: “En enseñanza media, por ejemplo, es fundamental promover la autorregulación, ya que en educación básica la restricción es más explícita. Hay colegios que han optado por permitir que los estudiantes tengan sus celulares a mano, pero sin utilizarlos, y eso abre un camino para enseñar autorregulación. Este es un aprendizaje clave hoy: formar ciudadanos capaces de autocontrolarse en el uso de la tecnología, no solo en el ámbito escolar, sino en todos los espacios de la vida. Es especialmente relevante en contextos donde está demostrado que su uso no es adecuado”.
Juan de Dios Oyarzún: “El uso de tecnologías, y en particular de los teléfonos celulares, tiene un potencial que ojalá seamos capaces de encauzar como sociedad y sistema educativo, sobre todo para fortalecer la participación y la discusión ciudadana. Pero eso exige autorregulación, responsabilidad, cuidado y reflexión. Y esos son justamente los desafíos que enfrentan hoy los contextos escolares y los procesos formativos”.
—¿Qué condiciones deben darse para que una tecnología tenga impacto real en el aula y no sea solo un recurso llamativo?
Alejandra Verdejo: “Es clave que su uso esté intencionado hacia el desarrollo de habilidades y aprendizajes profundos. Además, la tecnología permite diversificar los recursos. Sabemos que no todos los estudiantes aprenden de la misma manera, y en ese sentido ofrece oportunidades más cercanas, significativas y potencialmente inclusivas. Esta diversificación puede traducirse finalmente en mejores aprendizajes, que es lo que buscamos”.
Juan de Dios Oyarzún: “Vemos la tecnología no como un reemplazo, sino como un apoyo a la labor docente. Permite renovar el aula, innovar y generar mayor motivación, lo que se traduce en aprendizajes más activos y profundos”.
—¿Cómo nace Gravitas XR?
Juan de Dios Oyarzún: “Surge de una inquietud muy concreta: muchas experiencias inmersivas ocurren fuera del aula y no necesariamente están alineadas con lo que los estudiantes ven en clases. Entonces nos preguntamos si era posible llevar estas experiencias al currículum y utilizarlas para profundizar aprendizajes definidos en el Currículum Nacional. O sea, nos preguntamos si es posible pasar de lo extra a lo intracurricular en el uso de estas tecnologías en colegios”.
Alejandra Verdejo: “Desde la didáctica sabemos que hay contenidos abstractos difíciles de comprender porque no se pueden observar directamente. La tecnología permite acercar conceptos abstractos. Tal es el caso de educación en física y astronomía, al acercar conceptos como distancias, tamaños o proporciones de manera más concreta y significativa”.
Aprender haciendo
—¿En qué consiste la experiencia que viven los estudiantes?
Juan de Dios Oyarzún: “En este proyecto trabajamos con la productora 500 Nanómetros, quienes aportan con el diseño y desarrollo de los contenidos inmersivos del proyecto. Actualmente contamos con un primer capítulo completo y otro próximo a pilotearse. El primero aborda fuerzas como gravedad y roce; el segundo se centra en estrellas, trabajando conceptos como distancia y luminosidad. En ambos casos, los estudiantes participan en una aventura resolviendo desafíos mediante la interacción. La clave es que el aprendizaje ocurre desde la acción”.
Alejandra Verdejo: “Uno de los grandes desafíos fue pasar de un relato inmersivo puramente contemplativo a experiencias interactivas donde se desarrollan habilidades curriculares específicas. En ciencias, los sentidos son fundamentales. Aquí incorporamos más que solo la vista. Por ejemplo, en el capítulo sobre fuerzas, los estudiantes pueden experimentar la sensación de gravedad cero. No es lo mismo ver algo que experimentarlo”.
—¿Puede este modelo expandirse a otros colegios y asignaturas?
Juan de Dios Oyarzún: “Creemos que sí es posible expandir esta iniciativa hacia todas las áreas del conocimiento, basado en el currículum escolar. Partimos con astronomía, pero vemos posibilidades en otras áreas del aprendizaje escolar. Sí es una pregunta aún en proceso de indagación, cuán factible es su aplicación sistemática en nuestras aulas escolares. Los desafíos principales son el financiamiento de tecnologías relativamente caras y la apropiación de tecnologías complejas en las escuelas. No basta con tener equipos; también se requiere capacitación docente e integración pedagógica real”.
—¿Cómo imaginan la sala de clases de los próximos años?
Alejandra Verdejo: “Estas experiencias nos obligan a repensar el aula. Las salas deben transformarse para mejorar las experiencias de aprendizaje y dejar atrás algunos modelos que llevan décadas sin cambios.”
Juan de Dios Oyarzún: “El aula del futuro deberá flexibilizar su materialidad: espacios dinámicos, infraestructura, mobiliario y tecnologías disponibles, todo orientado a facilitar aprendizajes más fluidos y dinámicos”.