Patricio Artiagoitia es gerente general y fundador de Novis, una firma especializada en consultoría y servicios gestionados de transformación tecnológica, con presencia en América Latina y Norteamérica. Aunque hoy su mundo es la tecnología, partió trabajando en el sector financiero, llegando a ser, con solo 31 años, gerente de finanzas de El Teniente, tras lo cual fue vicepresidente de Enami y vicepresidente de finanzas de Codelco.
Tras 25 años emprendiendo y con una cartera de más de 100 clientes corporativos en la región, su foco actual es impulsar la transformación tecnológica de empresas e instituciones, aprovechando las oportunidades que crea la inteligencia artificial. Es en ese rol que actúa como interlocutor habitual de empresas para definir estrategias de adopción de IA, gobierno digital y modernización de plataformas críticas.
Según cuenta, sentado en la oficina que tiene en su casa, apenas apareció ChatGPT-3 comenzaron dentro de su empresa a experimentar con IA. “A medida que fue pasando el tiempo, la capacidad de aumentar la productividad fue brutal. A modo de ejemplo, nosotros tenemos una herramienta de nivel world class para gestión de tickets y flujos de trabajo (administración de tareas cumplidas). Empezamos un proyecto interno que hoy día tiene aprobadas 3200 millones de líneas de código… en el que solo están trabajando cuatro personas. Un programador antiguo desarrollaba cien líneas al día, por ende ya tenemos el equivalente de 302 mil días de un consultor antiguo. Nos costaría 7 u 8 millones de dólares desarrollar tanta línea de código y hemos gastado 40 mil dólares, una cifra 200 veces menor. Cuando ChatGPT partió, alcanzó 100 millones de usuarios mensuales en dos meses. Hoy supera los 900 millones de usuarios semanales. El teléfono fijo tardó 75 años en llegar a la misma cifra; internet, 7 años; Instagram, dos años y medio. Es un cambio de orden de magnitud”.
—Se expandió en tiempo récord. ¿Por qué esta adopción ha sido mucho más rápida que la de tecnologías anteriores?
“La IA es la tecnología disruptiva que más rápido se ha difundido en el mundo. Las empresas de inteligencia artificial han llegado a valorizaciones nunca antes vistas. Open AI está valorada en 850 mil millones de dólares. No hay empresas en el mundo que hayan tenido esa velocidad para llegar a estos niveles de valorización”.
—¿Qué cambio se generan en la estrategia de una empresa cuando la ventana de adaptación se acorta de décadas a años?
“En Estados Unidos, el 90% de las empresas tiene programas de inteligencia artificial. De ese universo, un 6% dice que hoy tiene resultados medibles. Esto tiene dos lecturas: una pesimista, que dice que esto no está teniendo impacto, y una positiva, que dice que no existe tecnología que a los tres años ya esté produciendo impacto. Yo diría que estamos en una fase de difusión, donde la gente, las empresas y las instituciones se están familiarizando con la herramienta. La fase de productividad llega cuando dejamos la herramienta al lado y empezamos a pensar en el entorno de la IA más que en la IA misma: qué es lo que permite. Ahí empiezas a mirar tus procesos de negocio o los procesos institucionales, porque esto también es válido para los gobiernos”.
—En una entrevista con Revista D, el experto en IA De Kai, inventor del algoritmo de Google Translate, decía que hay que dejar de ver la inteligencia artificial como si fuese una tostadora.
“Hay que dejarla de ver como un juguete. La gran transformación pasa por el cambio entre comprar y construir software. Hoy día las empresas se van a mover mucho más hacia el desarrollo propio, ajustado y ojalá con nivel mundial. Eso permite dos efectos importantes. Uno es que, a nivel de la empresa, puedes construir cosas totalmente customizadas para tu estrategia de negocio, dando saltos gigantescos de la calidad en tu servicio. Lo segundo es que las empresas productoras de software han venido cayendo del orden del 40%, porque les están comprando menos”.
—Hay muchas empresas que dicen que usan inteligencia artificial, pero pocas muestran resultados concretos. ¿Cómo se puede acortar esta brecha o pasar a una fase de productividad?
“Se va a acortar cuando la herramienta pase a un segundo plano y empiecen a mirar el proceso de negocio y se pregunten qué les gustaría que ocurriera. Se van a dar cuenta de que mucho de lo que les gustaría que ocurriera es fácil de conseguir. Cosas que antes ni se miraban, hoy son fáciles de obtener. Ese es el gran salto tanto para la empresa privada como para el sector público. En el sector público, en muchas zonas hay problemas de escasez de profesionales, pero hoy se puede suplir esa merma de manera mucho más sencilla”.
—Eso mismo pasó con internet, que al comienzo solo se veía como una herramienta más y no con todo el potencial que con los años fue ganando.
“Al principio era visto solo como una herramienta con la que se podían hacer cosas, pero el cambio se dio cuando se crearon nuevos negocios o nuevos procesos dentro de la empresa que podían hacerse gracias a que existía Internet. Hoy nadie dice que tiene que hacer un proyecto interno, sino que se habla de armar un portal de autoatención o crear redes sociales. Lo mismo tiene que pasar con la inteligencia artificial, pensando en hacer cosas que antes no se podían lograr. El entorno de la IA permite saltos brutales”.
—¿Cuáles son las principales ventajas competitivas que puede obtener una empresa si llega a implementar bien la inteligencia artificial?
“Tú puedes crear y automatizar procesos de negocio a una escala que hace seis meses —apenas seis meses— era impensable, porque el gran salto apareció con modelos como Opus 4.6 de Anthropic, 5.4 de ChatGPT y Claude. Eso generó un gran salto en las posibilidades. ¿Qué es lo que pueden hacer? Pueden convertir sus procesos de negocio en algo mucho más fluido, más rápido y más efectivo en todos los ámbitos”.
—¿Y están preparados los ejecutivos chilenos para entender esto? ¿Tanto quienes lideran las grandes empresas como sus gerentes de tecnología?
“Cuando aparecen estas tecnologías disruptivas es como cuando aparecen unos zapatos de fútbol nuevos que te hacen jugar mucho mejor. Entonces, los equipos que se ponen los zapatos primero empiezan a subir en la tabla. Estas tecnologías, cuando son bien usadas, hacen que se reordene la tabla de posiciones. Empresas que eran chicas pasan a ser grandes; empresas que eran grandes y no se adaptaron pueden desaparecer. La aparición de la tecnología disruptiva reordena la tabla a nivel de empresa, y también a nivel de gobierno y de países. El punto con la inteligencia artificial es que es una tecnología que está creciendo demasiado rápido y, por lo tanto, el potencial de producir esos saltos es… inmediato. Yo esperaría que, de aquí a dos años, veamos reordenada la tabla de posiciones de las empresas, de los gobiernos y de los países a los que les vaya bien”.
—Desde su posición liderando una compañía de servicios tecnológicos, ¿qué errores se repiten en las empresas que se inician en la IA?
“El principal error es pensar que la IA es el producto. Hoy vemos gente haciendo estrategias de IA en las empresas, pero hay que asumir que ese no es el producto. El producto es lo que vas a lograr hacer con tu negocio en el mundo gracias a la inteligencia artificial. Las empresas están avanzando bastante más rápido de lo que uno piensa”.
—¿Cómo se manifiesta esto?
“La forma más conocida es en la interacción con el cliente o con la ciudadanía. En Renca ya hay un chat que llama a las personas, hace seguimiento médico y manda correos. Esas cosas ya están ocurriendo. El caso de uso más documentado sobre procesos que se alteran con inteligencia artificial son los call centers, todo lo que tiene que ver con interacción con el cliente o con el ciudadano. Pero se puede llegar mucho más allá”.
—Insisto, ¿de qué forma, con el uso de IA, se pueden ver beneficiadas no solo las grandes compañías, sino también las pymes o los emprendedores?
“Cuando aparecen estas tecnologías disruptivas se crea un espacio para que actores pequeños pueden desafiar a los grandes. Las fintech son un ejemplo: son híper intensivos en el uso de la inteligencia artificial, y no veo el mismo ritmo en empresas financieras más grandes. Esto es oportunidad y amenaza conviviendo juntas; entonces, el que adopta rápido sube en la escala y el que se queda atrás va a bajar”.
—Chile aparece bien posicionado en rankings regionales de inteligencia artificial, pero con señales de alerta. ¿Cómo evalúa hoy la situación del país?
“Es difícil, porque no hay cifras para ver qué nivel real de adopción hay. Sin embargo, independiente de cómo estemos hay que correr más rápido. Eso se lo diría a las empresas, al sector público y al sector municipal. Imaginemos un instituto de fomento que tiene que recibir miles de postulaciones a sus programas, que hay que procesar y evaluar. Hoy puedes dar saltos en la calidad de servicio y hacer que esos recursos destinados a fomento lleguen realmente a los mejores. Esto permite democratizar el desarrollo de nuevos negocios. Así como eso, puedes tener un Estado que produzca muchísima más satisfacción y que sea más democrático y más justo”.
—¿Sirve tener una política de fomento al uso de la inteligencia artificial?
“Para mí, tener una política de inteligencia artificial no es, en sí mismo, algo bueno. Una buena política es decir que tenemos que dar un salto de calidad en la atención al ciudadano o que reduzcamos los tiempos de aprobación ambiental de ocho años a seis meses. Eso hoy se puede y se vuelve fácil. Yo, si fuese presidente, diría que todas las instituciones tienen que dar un gran salto en la atención al ciudadano”.
—¿En qué sectores productivos chilenos ves mayor potencial de transformación mediante el uso de la IA: banca, minería, retail, salud, educación u otros?
“Todos. Las empresas de tecnología deben tener saltos de gran magnitud… pero también las de servicios profesionales, las oficinas de abogados, arquitectos o diseñadores. En las empresas productivas no se produce con inteligencia artificial, pero también puedes mejorar un montón de cosas. En todos lados hay impactos significativos para la productividad”.
—¿Existe el riesgo de que Chile quede rezagado frente a otros países si no acelera su adopción tecnológica?
“Estoy seguro de que sí. Siempre existe el riesgo y la oportunidad. La oportunidad es que se masifique la transformación que la inteligencia artificial permite, y la amenaza es que seas más lento que el resto, porque la transformación se va a producir sí o sí y va a cambiar el orden. Está el caso de Estonia, que, en los años 90, cuando decidió ser un país digital, tenía el mismo ingreso per cápita que Chile y hoy tiene un 40% más que nosotros. Los países también se reordenan. Con la IA, todo puede ser alterado”.
—¿Por qué países como Emiratos Árabes Unidos lideran la adopción mundial, con un 64% de su población activa usando IA, mientras Chile ronda el 20%?
“Y aún con ese 20% somos el país más alto de América Latina. La inteligencia artificial estuvo radicada en las personas durante los últimos dos años, pero a partir de fines del año pasado se está masificando en las empresas. Tanto es así que Anthropic, que es la empresa líder de inteligencia artificial para empresas, logró tener una valoración similar a OpenAI teniendo menos del 10% de los usuarios. A nivel mundial se está disparando el uso de la IA en las empresas, y yo creo que en Chile también”.
—¿Por qué el caso de Renca, con su asistente virtual y procesos automatizados, no se ha replicado en las 345 comunas del país?
“Esto es parte de la dinámica de adopción de tecnologías disruptivas. Hay personas e instituciones que son early adopters. Yo me imagino que tiene que ver con el perfil del alcalde Claudio Castro, que es ingeniero de la Universidad Católica y debe tener cierta afinidad con la tecnología, y vio más rápido que otros que esto puede tener un impacto en la calidad de la atención de la municipalidad hacia sus ciudadanos. Así funciona todo. Luego vienen quienes adoptan los cambios en una segunda etapa y otros que se quedan solo como seguidores”.
—Respecto de la seguridad y la protección de datos. ¿Cuáles son los mayores riesgos y cómo las empresas pueden tomar resguardos para protegerse en un mundo donde los delitos también aumentan?
“Tanto las herramientas de ciberseguridad como los atacantes funcionan con inteligencia artificial . Esto es una guerra de inteligencia artificial. No estoy muy seguro de que el mundo vaya a cambiar mucho a este nivel, porque sigue siendo un empate”
—En otro tema relacionado con la IA, ¿qué impacto tiene sobre el empleo? Muchas empresas, tras adoptar la inteligencia artificial, han reducido sus plantas…
“Cuando tienes una herramienta que aumenta la productividad, puedes hacer dos cosas: o bajar los costos o aumentar las ventas. Esto tiene dos caras y yo creo que van a pasar ambas. Muchas líneas de trabajo al interior de una empresa van a ser afectadas por la inteligencia artificial, pero va a haber demanda por crecer en otras áreas, porque podrás hacer cosas que antes no podías. Lo más fácil es reducir costos, pero las empresas no se construyen reduciendo costos. Había un profesor que decía que se podían reducir los costos a cero… y se cerraba la empresa. Donde veo que hay más potencial para bajar costos es en el sector público, donde hay problemas en las municipalidades, en los permisos ambientales o en el Poder Judicial. Hay que procesar mucha información y faltan profesionales. Los fiscales, por ejemplo, podrían aumentar su productividad mediante el uso de la IA. En el sector público existe la posibilidad de dar grandes saltos”.