El deterioro cognitivo, manifestado en problemas de memoria, aprendizaje y fluidez verbal, es un proceso que acompaña inevitablemente al envejecimiento, pero es posible retrasarlo. En ese contexto, los lácteos juegan un rol clave, asegura el Dr. Rodrigo Valenzuela, director del Departamento de Nutrición de la Universidad de Chile.
Según el especialista, estos alimentos aportan proteínas de alto valor biológico y la mayor parte de las vitaminas del complejo B, nutrientes fundamentales para la función neurológica y el bienestar cognitivo.
“Hoy sabemos que la grasa láctea es beneficiosa para el ser humano y, cuando se consume en productos fermentados como el yogur entero, ayuda incluso a controlar el peso y mejorar la presión arterial”, señala Valenzuela.
El especialista cita un estudio publicado en diciembre en la revista Neurology, liderado por el epidemiólogo Yufeng Du y colaboradores internacionales, que analizó el consumo de alimentos y el riesgo de demencia en 27 mil personas durante 25 años en Suecia. El análisis encontró que quienes consumían 50 gramos o más al día de queso con alto contenido graso presentaban un riesgo 13 por ciento menor de sufrir demencia por todas las causas y un 29 por ciento menor de desarrollar demencia vascular, en comparación con quienes consumían cantidades mínimas.
En el caso de la crema, las personas que consumían al menos 20 gramos diarios con alto contenido graso presentaban un 16 por ciento menos riesgo de demencia. Este patrón se repitió para la enfermedad de Alzheimer y la demencia vascular. Los investigadores también identificaron que la asociación protectora del queso variaba según factores genéticos: era más pronunciada en personas que no portaban la variante APOE ε4, considerada uno de los principales factores de riesgo para Alzheimer. Los datos provienen de la cohorte Malmö Diet and Cancer, con seguimiento clínico hasta el año 2020.
“Lo primero que hay que destacar es que el consumo de lácteos no aumenta el riesgo de desarrollar Alzheimer”, aclara Valenzuela. “Por el contrario, este estudio demostró que el consumo de queso y grasa láctea puede disminuir ese riesgo”.
Yogur y salud mental
Un segundo estudio reciente, publicado en la revista Nutrients, refuerza esa línea. Realizado en adultos mayores australianos, evaluó hábitos alimentarios y síntomas depresivos, observando que el consumo diario de yogur, cercano a una porción estándar, y el consumo de queso bajo en grasa se asociaron con menos síntomas depresivos y menor riesgo de depresión. Los investigadores sugieren que este posible efecto podría estar relacionado con la interacción entre microbiota intestinal, inflamación y funcionamiento cerebral.
“El consumo de lácteos fermentados, particularmente yogur, queso y leche fermentada, se asocia a beneficios en el bienestar mental y en la vejez”, señala Valenzuela.
Para el especialista, el lácteo es además el “puente” ideal para construir una dieta saludable. “Si el queso va en un sándwich con tomate y lechuga, o el yogur se acompaña con frutas de la temporada, se enriquece la calidad de lo que comemos”, explica. La recomendación para adultos es alcanzar las tres porciones diarias: un vaso de leche, un yogur y una rebanada de queso o quesillo.
“No hay contraindicación con el tipo de queso por su grasa. El problema no es el alimento en sí, sino el exceso o acompañarlo con ultraprocesados. Consumido de forma equilibrada, el queso es un gran aliado para la salud mental”, concluye el nutricionista.