Más de 50 países del mundo carecen de una guía alimentaria oficial, y la mayoría de ellos pertenece a los grupos de menor ingreso, según un análisis de procesamiento de lenguaje natural aplicado a 98 guías vigentes para comparar cómo cada país orienta sus recomendaciones de alimentos, en particular el consumo de lácteos y realizado por académicos chilenos.
El estudio fue liderado por Samuel Durán-Agüero, académico de la Universidad San Sebastián y presidente del Comité Científico de Lácteos, instancia impulsada por el programa Gracias a la Leche del Consorcio Lechero y que reúne a investigadores de distintas universidades chilenas. En el trabajo, publicado en The Lancet Regional Health – Americas, participaron también Ayleen Bertini y Hugo Cáceres-Ozimica, de la misma casa de estudios, y el Dr. Rodrigo Valenzuela, del Departamento de Nutrición de la Universidad de Chile.
Antes de este estudio, las comparaciones entre guías alimentarias se hacían mediante revisión manual de documentos, un método que permite detectar la presencia o ausencia de un mensaje, pero no analizar la densidad ni la complejidad del lenguaje empleado. El procesamiento de lenguaje natural automatiza esa lectura y ordena la información en patrones que un examen manual difícilmente detecta.
“El procesamiento de lenguaje natural, es una tecnología de inteligencia artificial que permite analizar miles de palabras al mismo tiempo y descubrir patrones que serían muy difíciles de detectar leyendo documento por documento”, explica Durán-Agüero.
The Lancet es una de las revistas médicas más antiguas y prestigiosas del mundo, fundada en 1823 y con sede en Reino Unido. The Lancet Regional Health – Americas, donde se publicó este estudio, es una de sus revistas regionales, enfocada en investigación de salud pública relevante para el continente americano.
Brecha global en el acceso a guías alimentarias
El equipo constató que solo 98 de los más de 200 países del mundo cuentan con una guía alimentaria oficial vigente. Las naciones sin ese documento se concentran mayoritariamente entre los de ingreso bajo, según la clasificación del Banco Mundial.
La ausencia de guía repercute directamente en la salud pública, porque el documento cumple un rol orientador para las políticas alimentarias, los programas escolares y el trabajo de los profesionales que atienden a la población.
“La guía es un orientador para generar políticas públicas y para orientar a los profesionales de la salud en las recomendaciones para la población general”, señala el académico de la USS.
El análisis de redes semánticas mostró que, en los países de mayor ingreso, la palabra leche aparece fuertemente conectada con yogur, queso, grasa y otros alimentos, y forma una red densa de asociaciones. En los países de menor ingreso esas conexiones son más débiles y escasas, lo que refleja textos más breves y un número menor de recomendaciones.
Durán-Agüero atribuye las diferencias al reflejo de la capacidad institucional de cada país para actualizar sus recomendaciones nutricionales y traducir la evidencia científica en políticas públicas.
“Las recomendaciones se van fortaleciendo en la medida que los países tienen mayor cantidad de ingresos, probablemente porque tienen más capital humano o más acceso a información”, sostiene el Dr. Durán-Agüero. El estudio no evaluó cuánto consume la población, sino cómo los gobiernos comunican sus recomendaciones alimentarias