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La brecha olvidada de la salud masculina

Por causas biológicas y conductuales, los hombres viven menos que las mujeres. Esta brecha se acentúa aún más, casi 20 años, entre hombres de grupos socioeconómicos distintos, incluso en países de altos ingresos. Expertos advierten que las políticas públicas siguen sin abordar el problema de forma integral.

Dos grandes brechas recorren la salud masculina y femenina. Ellas viven más, pero pasan más tiempo de su vida enfermas, por diagnósticos tardíos o erróneos relacionados con la malinterpretación de sus síntomas. Ellos, en cambio, viven menos pero tienen más probabilidad de morir por causas prevenibles o tratables.

A nivel global, según datos de la ONU, los hombres viven en promedio cinco años menos que las mujeres: 76 años ellos y 71 años ellas. El tiempo acumulado bajo enfermedades también es dispar: ocho años de mala salud versus 10 en el caso de las mujeres.

¿Por qué se generan estas brechas en la esperanza de vida? Según recoge la BBC, hay factores genéticos que influyen: los cromosomas XX de las mujeres contienen genes que ayudan a enfrentar mejor ciertos defectos genéticos y el estrógeno, la hormona sexual asociada a las mujeres, actúa como antioxidante ante ciertas sustancias que causan estrés en las células.

Sin embargo, la genética no es la única razón, también inciden factores conductuales que llevan a los hombres asumir conductas de riesgo, que llevan a muertes en contextos violentos o en accidentes automovilísticos, una mayor proporción de suicidios y menor asistencia a chequeos médicos.

Un rezago en las políticas públicas y la disparidad entre hombres

Para ir cerrando estas brechas, las instituciones han creado políticas focalizadas como aquella que a partir de los 90 estableció en Estados Unidos la obligatoriedad de la inclusión de las mujeres en ensayos clínicos y creó la Oficina de la Investigación de la Salud de la Mujer (ORWH, por sus siglas en inglés). Sin embargo, en décadas recientes investigadores han advertido un rezago en las políticas únicamente focalizadas en la salud masculina.

Un informe elaborado por la epidemióloga e investigadora Morna Cornell y publicado por la Organización Mundial de la Salud el año pasado, advierte que hay países que “han formulado políticas de salud masculina, en algunos casos hasta 20 años después de formular políticas para mujeres, personas mayores y personas con discapacidad”. A su vez, el fisiólogo y académico estadounidense, James L. Nuzzo, menciona que en Estados Unidos no hay un equivalente federal como la ORWH dedicado a la salud masculina.

La discusión al respecto, consigna Cornell, es delicada. “Estos debates se han percibido, y a veces todavía se perciben, como un refuerzo del privilegio masculino, en lugar de una realización del derecho de los hombres a la salud”, asevera. Este derecho, describe, se ve aún más amenazado en grupos de hombres marginados por raza, discapacidad, edad u orientación sexual, particularmente en sociedades poscoloniales. Incluso en países de altos ingresos como Gran Bretaña, la diferencia en la expectativa de vida entre hombres de distintos estatus socioeconómicos es de 27 años en algunos casos más extremos.

La deuda con la salud masculina

Un estudio publicado en 2022 por el doctor Nashat Abualhaija, académico de la St. Thomas University, concluyó que el interés por disminuir las disparidades en la salud masculina “sigue siendo inconsistente y poco definido”.

Los esfuerzos para erradicar estas disparidades, a juicio del doctor Abualhaija, “deben enmarcarse en la educación, la investigación y las políticas de salud interdisciplinarias, utilizando enfoques de salud basados ​​en el sexo y el género”.

Un análisis de las políticas que involucran a los hombres, realizado por la doctora Morna Cornell, advierte que la mayoría de ellas propone puntos de entrada para involucrar a los hombres en la atención médica, como la circuncisión voluntaria en Sudáfrica, pero que éstas “no se centran lo suficiente en el seguimiento y carecen de objetivos y plazos específicos y alcanzables”.

Cornell también da cuenta de la necesidad de alianzas sólidas globales para reducir los factores de riesgo, como el alcohol, las armas de fuego y los niveles de violencia interpersonal. Según la Organización Mundial de la Salud, hombres de todos los grupos socioeconómicos muestran hábitos de tabaquismo y de consumo de alcohol y de violencia interpersonal mayores que las mujeres.

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Paz Rubio