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Diagnósticos tardíos: la brecha silenciosa que hace que las mujeres pasen más tiempo de su vida enfermas

Síntomas malinterpretados o tomados menos en serio influyen en que su diagnóstico se retrase.

Las mujeres viven más, pero pasan más de un 25% más de su vida con problemas de salud, en comparación con los hombres. Esa es una de las conclusiones a las que llegó ONU Mujeres en abril de este año, al identificar las principales brechas que persisten en esta área.

¿Por qué se genera esta brecha? A juicio de la ONU hay al menos tres factores claves que lo explican: las mujeres tienen más probabilidades de que sus síntomas se pasen por alto o se malinterpreten, lo que lleva a retrasar un diagnóstico que debiese ser oportuno.

Las enfermedades cardiovasculares, la principal causa de muerte femenina, son un ejemplo. En Chile, 20 mujeres mueren al día por este tipo de enfermedad, y en el mundo acumula 8,6 millones de decesos al año.

Los síntomas de un infarto al corazón suelen ser más sutiles que los del sexo opuesto. Más que el dolor o presión intensa en el pecho que suele irradiarse, las mujeres pueden experimentar fatiga, dificultad para respirar, náuseas, y que su dolor se localice en zonas disímiles como la mandíbula o la espalda. La malinterpretación de estos síntomas disminuye la probabilidad de que su tratamiento sea el adecuado por lo que el riesgo vital es más alto en comparación con los hombres.

Mujeres con autismo

Las consecuencias de un diagnóstico tardío no se limitan únicamente, como es el caso de las enfermedades cardiovasculares, a riesgos mortales mayores. También pueden significar una menor calidad de vida. Es el caso de las mujeres con autismo, cuyo diagnóstico suele ser más tardío que el de los hombres. Un estudio de 2013, sitúa la brecha en 1,8 años. Otros más recientes señalan que el diagnóstico podría llegar hasta ocho años después que el de un niño.

“Imagínate ser una persona adulta que debe cumplir con el trabajo, a veces la vida académica, la maternidad y el trabajo doméstico con desafíos para enfrentar los cambios, para interactuar con otras personas y percibir los estímulos sensoriales del entorno, sintiendo incomodidad irritabilidad sin saber por qué. Esto puede generar angustia, ansiedad y/o depresión“, resume sobre las consecuencias de vivir sin un diagnóstico oportuno la especialista Francisca Ojeda, cofundadora de Zona Divergente, un centro médico con un equipo multidisciplinario para acompañar personas con neurodivergencias como el autismo y el Trastorno de Déficit Atencional e Hiperactividad.

Imagen referencial de niñas. Foto: Anastasia Shuraeva.

Ojeda, fonoaudióloga con magíster en neuropsicología y estimulación cognitiva, explica por qué las mujeres suelen recibir este diagnóstico de forma tardía. “Tiene una fuerte relación con lo cultural y social.  Al ambiente no le llama la atención cuando observan a una niña, adolescente o adulta tímida, callada, con intereses en las manualidades, la lectura o el dibujo, porque esto ‘se parece’ a lo que el contexto espera de ellas. Esto genera que cuando aparecen desafíos en lo social, en lo conductual, sensorial o comunicativo, todo se atribuye a la emocionalidad y aparecen etiquetas erradas como bipolaridad, personalidad limítrofe, entre otras”, detalla.

Otro de los factores, detalla, es el uso de estrategias de camuflaje que enmascaran dificultades sociales y comunicativas. Vale decir, imitar expresiones faciales, forzar el contacto visual o ensayar conversaciones antes de una interacción social. Este fenómeno, que suele presentarse en personas del espectro autista para adaptarse, suele darse con mayor frecuencia en mujeres y termina repercutiendo de forma negativa en su salud mental.

A ello se suma, según la especialista, que hay profesionales que “continúan basando todo su trabajo en publicaciones antiguas” y “los altos precios para acceder a salud mental y la barrera que significa para muchas mujeres de nuestro país que quizás son jefas de hogar. Muchas mujeres priorizan por financiar los procesos de identificación y de apoyos terapéuticos de sus hijos/as, relegando su bienestar personal por necesidad”.

Enfermedades ginecológicas

Las enfermedades ginecológicas como la endometriosis o cánceres que afectan al aparato reproductor femenino también suelen ser diagnosticados de manera tardía. En el caso de la endometriosis, su diagnóstico suele retrasarse entre 7 a 12 años, según recoge la Clínica Alemana.

Los signos más frecuentes que entregan los cánceres ginecológicos son, a veces, considerados ‘normales’ por las mujeres, lo que retrasa las consultas. Entre ellos está el sangrado anormal por vía vaginal o uterina, sangrados después de las relaciones sexuales penetrativas y dolor pélvico”, se explica, por otra parte, en una publicación de la Universidad de Concepción.

El sangrado anormal fue el primer síntoma de alerta de Cristina, quien prefiere mantener en reserva su identidad para resguardar su privacidad. A sus 21 años fue diagnosticada con un tumor de Sertoli-Leydig, un cáncer poco común que afecta los ovarios. “Yo llegué a saber de este tumor por problemas con mi regla, que ya se arrastraban desde mi primera menstruación a los 10-11 años. Antes de mi diagnóstico, llegué a estar 3 a 4 meses sin sangrado o con sangrado dos veces en un mes. Siempre fueron muy abundantes, con dolor y con una duración de 7 días”, relata.

El lazo rosado suele representar cánceres asociados a las mujeres, como el cáncer de mama. Foto: Tara Winstead.

A lo largo de su adolescencia fue al ginecólogo y la recomendación fue siempre la misma. “Si tú quieres saber cuándo vas a tener la menstruación, toma pastillas. Si no te molesta y no hay riesgo de embarazo, no es necesario”, parafrasea Cristina. “Nunca ningún médico me alertó de que yo pudiese necesitar otro tipo de examen, seguimiento o cualquier cosa”, añade.

Cuando dejaba los anticonceptivos, volvía a experimentar sangrado irregular y doloroso. El punto de inflexión fue 2021, en pandemia. Llevaba casi un año sin menstruar, incluso sin anticonceptivos. Pese a que la recomendación ginecológica fue la misma, su madre presionó para que le dieran una orden médica y así poder someterse a una ecografía ginecológica abdominal. “La persona que me hizo la ecografía me dijo que no podía ver mis ovarios, que uno de ellos estaba completamente rodeado por un tumor”, revela.

De ahí siguió un largo periplo, que incluyó, por ejemplo, que un especialista oncológico se negara a ordenar la ecografía transvaginal necesaria. “Como yo no había tenido mi primera relación sexual, se negaba porque, en sus palabras, me podía ‘desflorar’ al hacerme esta ecografía. Fue una estupidez, porque antes de la cirugía para extraer el tumor, de todas maneras tuve que hacerme ese examen”, aclara.

“Si bien nada de esto puede asegurar desde cuánto tiempo yo tenía este cáncer, una cosa que a mí me indica que esto fue diagnosticado tardíamente, aparte del gran tamaño del tumor -que abarcaba todo mi ovario- es que una vez que a mí me sacaron el ovario y el tumor, mi regla se regularizó al 100%. Llevo más de cinco años con reglas 100% regulares, todos los meses ciclos de 29-30 días, sin pastillas anticonceptivas”, afirma.

Los desafíos pendientes

Más allá de los diagnósticos tardíos, la salud de las mujeres en el mundo y en Chile acumula otros desafíos. La doctora Francisca Crispi, presidenta del Colegio Médico de Santiago, afirma al respecto: “El sistema de salud debe incorporar con más fuerza la perspectiva de género en la formación, guías clínicas y programas. Un estudio que realizamos lo refleja con claridad: solo 1 de cada 4 guías GES incluye recomendaciones específicas por sexo cuando corresponde, y el manual metodológico con que se elaboran ni siquiera integra enfoque de género”.

“Un ejemplo claro es el climaterio (N de la R: los cambios entre la etapa reproductiva y la menopausia): una etapa aún insuficientemente abordada por el sistema de salud, pese a su impacto en la calidad de vida, el sueño, la salud mental, la sexualidad y la salud ósea y cardiovascular. La orientación técnica ministerial tiene más de una década y la evidencia disponible muestra bajo acceso a terapia de reemplazo hormonal, especialmente en mujeres de menor nivel socioeconómico. El modelo de atención requiere una actualización urgente para llegar oportunamente a todas las mujeres en esta etapa”, especifica.

Otro asunto pendiente, recalca Crispi, es la accesibilidad a la mamografía. “Menos del 40% de las mujeres entre 50 y 69 años accede a una, con menor cobertura en niveles socioeconómicos más bajos y marcadas brechas regionales. Debemos fortalecer el acceso con estrategias innovadoras”.

La vacuna nonvalente contra el VPH que se administra en Chile, debiese sostenerse como política pública para erradicar el cáncer cervicouterino en 2035, añade. “A la vez, persiste otro problema crítico: el dolor en las mujeres sigue siendo minimizado. La endometriosis lo evidencia: recién en 2023 se publicaron orientaciones técnicas nacionales para su atención integral, pese a ser una enfermedad crónica frecuente, asociada a dolor e infertilidad, que muchas veces pasa inadvertida”, advierte.

“Por último, no se puede hablar de salud femenina sin abordar la sobrecarga de cuidados y su impacto en la salud mental. En Chile, las mujeres destinan más de 2 horas diarias adicionales al trabajo no remunerado, con una carga física y emocional significativa. Esto tiene un claro correlato sanitario: los trastornos depresivos y ansiosos están entre las principales causas de carga de enfermedad en mujeres, y la prevalencia de depresión casi quintuplica la de los hombres”, recalca.

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Daniel Lillo