El modelo con el que durante casi cuatro décadas gobiernos, empresas y organismos internacionales han intentado compatibilizar crecimiento económico, bienestar social y protección ambiental no está dando resultados frente a la crisis climática.
Esa es la conclusión central de un grupo internacional de científicos que, en un estudio publicado en la revista Communications Sustainability del portafolio Nature, propuso “reiniciar” el desarrollo sostenible y replantearlo desde una lógica sistémica en la que la naturaleza deje de ser un pase a entenderse como la base que sostiene la economía y la vida humana.
El trabajo advierte que fenómenos como el aumento sostenido de la temperatura global, la pérdida acelerada de biodiversidad y la ampliación de brechas sociales no son problemas aislados, sino síntomas de un mismo desequilibrio estructural. Según los autores, la forma tradicional de organizar las políticas públicas –dividiendo la sostenibilidad en tres pilares independientes: ambiente, economía y sociedad– ha fragmentado las decisiones y dificultado respuestas integradas a riesgos que se retroalimentan.
La investigación fue liderada por el científico marino David Obura, director de CORDIO África Oriental y presidente de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), y reunió a especialistas de distintas regiones. Entre ellos participa el director del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) de Chile, Aníbal Pauchard, incorporando la experiencia latinoamericana en territorios especialmente expuestos a sequías, incendios forestales y degradación de ecosistemas.
“La mayoría de nuestras decisiones se basa en una relación utilitaria de la naturaleza y una fuerte separación entre el ser humano y la naturaleza. Con las herramientas conceptuales y analíticas actuales podemos empezar a mejorar el entendimiento más holístico e integrado de la relación naturaleza-economía-sociedad. Ya se está avanzando en la medición del capital natural, pero eso hay que expandirlo a los múltiples valores sociales de la naturaleza”, dijo el académico de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Concepción.
Para los investigadores, insistir en la separación entre crecimiento económico y límites ecológicos ha permitido que muchas decisiones prioricen beneficios de corto plazo mientras se debilitan las bases naturales que sostienen ese mismo desarrollo. El resultado, señalan, es una economía que aparenta expandirse, pero que al mismo tiempo erosiona su propio soporte biofísico, agravando crisis como el cambio climático.
El panel de científicos plantea que la fragmentación conceptual ha sido parte del problema y que mantener compartimentos estancos impide ver las conexiones reales. “Debemos superar la idea de que naturaleza, economía y sociedad son dominios separados. Nuestro modelo los ve como capas interconectadas de un solo sistema integrado”, sostiene Obura, enfatizando que las decisiones económicas inevitablemente repercuten sobre los sistemas ecológicos y, a su vez, regresan como impactos sociales.
Los autores argumentan que indicadores como el Producto Interno Bruto registran el valor monetario de la actividad económica, pero no capturan la degradación ambiental ni las desigualdades que pueden generarse en paralelo.