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Susana Jiménez y acotado crecimiento en 2025: “Un ajuste tributario bien diseñado permitiría recuperar competitividad”

La presidenta de la CPC sostuvo, en conversación con EL DÍNAMO, que “con este ritmo, Chile avanza, pero demasiado lento, sin la fuerza necesaria para salir del estancamiento”.

La presidenta de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), Susana Jiménez, conversó con EL DÍNAMO acerca de las cifras del Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) que está mañana se conocieron sobre el desempeño de la economía.

Las cifras se tradujeron en un avance de 2,3% para el desempeño país en 2025, cifra que cierra por debajo de las expectativas que el mismo Gobierno había planteado.

Si bien el ministro de Economía, Nicolás Grau, rescató que entregarían “la casa ordenada” a la futura administración de José Antonio Kast, el sector empresarial es partidario de acciones concretas y rápidas que despejen el pronóstico económico.

– ¿Por qué un crecimiento de 2,3% es poco sano para la economía?
– Un crecimiento en torno al 2%, como el observado en los últimos años y que además se proyecta como tendencia, es claramente insuficiente para las necesidades del país. No permite generar más y mejores empleos, ni aumentar la participación laboral de mujeres, jóvenes y mayores de 55 años. Tampoco abre oportunidades para emprendedores y empresas de distintos tamaños.

Con este ritmo, Chile avanza, pero demasiado lento, sin la fuerza necesaria para salir del estancamiento. Además, crecer a tasas cercanas al 2% implica no aprovechar plenamente el potencial de la economía, tanto en sectores estratégicos como la minería como en otras actividades productivas, entre ellas los servicios.

– ¿Qué consecuencias tiene?
– Este nivel de crecimiento tampoco genera los recursos fiscales necesarios para responder a las crecientes demandas sociales, especialmente en áreas como salud y pensiones, presionadas por el cambio demográfico. Si no se realizan cambios de fondo, existe el riesgo de que este 2,3% se transforme en un techo permanente de crecimiento, lo que sería muy preocupante para el futuro del país.

¿Qué factores internos pueden incidir en que se pueda mover la brújula en 2026?
– Chile necesita con urgencia un impulso decidido a la inversión. Para ello, es clave eliminar regulaciones innecesarias, realizar un ajuste profundo a la permisología y reducir las fuentes de incertidumbre, lo que se suma, necesariamente, a contar con mejores condiciones de seguridad para las personas y las empresas. Junto a esto, es fundamental fortalecer el empleo, evitando nuevas alzas de costos laborales que desincentiven la contratación formal y terminen empujando a más personas hacia la informalidad. A ello se suma la necesidad de ordenar las cuentas fiscales, retomando una senda de responsabilidad que entregue confianza y estabilidad a los inversionistas, tanto locales como extranjeros.

– Las proyecciones se han sostenido en la demanda minera. ¿Qué otros sectores podrían empujarse y cómo?
– La minería, especialmente en cobre y litio, está fuertemente condicionada por la demanda global. El desafío interno es destrabar los cuellos de botella que hoy impiden aumentar la oferta y aprovechar plenamente este ciclo favorable. Sin embargo, el crecimiento no puede descansar solo en la minería. La construcción es uno de los sectores más rezagados y su reactivación es clave. Un impulso a la inversión que vaya más allá de la adquisición de maquinaria y equipos permitiría devolverle dinamismo a un sector fundamental en las primeras etapas de la cadena productiva y con alto impacto en el empleo. Por supuesto, existen otros rubros de gran potencial, como la agroindustria, el sector vitivinícola, el salmón, entre otros.

– ¿Cree que la discusión de un ajuste tributario es urgente para empujar ese crecimiento a cifras mayores?
Sin duda. Chile enfrenta hoy una tasa de impuesto corporativa muy por sobre el promedio de la OCDE, lo que reduce el atractivo para la inversión extranjera. A esto se suma una seguidilla de ajustes tributarios al alza que no solo no lograron aumentar la recaudación, sino que también generaron condiciones menos atractivas para emprender e invertir.

Un ajuste tributario bien diseñado permitiría recuperar competitividad, generar mayor certidumbre y crear incentivos reales para la inversión. Si el objetivo es crecer más, generar empleo y ampliar las oportunidades, es indispensable avanzar hacia una estructura tributaria que promueva el desarrollo y no lo frene.

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