En Cunco, Región de La Araucanía, un antiguo bus del Transantiago dejó atrás las calles de la capital para convertirse en un alojamiento turístico. Se trata de La Pausa Bus, un proyecto familiar que nació del deseo de crear una experiencia diferente y darle una segunda oportunidad a un vehículo que estaba destinado a convertirse en chatarra.
Sus impulsores, Camila y Quentin, cuentan cómo surgió la idea, el trabajo que implicó recuperar el bus y los planes que tienen para seguir ampliando la experiencia.
De la desarmaduría al alojamiento turístico
¿Cómo nació la idea de comprar un antiguo bus del Transantiago y transformarlo en un alojamiento turístico? ¿En qué se inspiraron?
Siempre hemos soñado con tener un camper y recorrer distintos lugares creando momentos inolvidables en familia. Por distintas razones, ese sueño quedó en pausa, pero apareció otra oportunidad que terminó siendo aún más loca y entretenida: transformar un antiguo bus del Transantiago en un alojamiento turístico.
La idea también nació de nuestros viajes al extranjero, donde vimos propuestas muy innovadoras que iban mucho más allá de ofrecer una simple cama para dormir. Nos inspiró especialmente la forma en que esos proyectos lograban transmitir una historia y una experiencia. Por eso quisimos conservar la esencia del bus y darle una segunda vida sin que perdiera su identidad.

¿En qué condiciones encontraron el bus cuando lo compraron y cuánto trabajo implicó convertirlo en un alojamiento turístico?
El bus lo encontramos en una desarmaduría esperando ser chatarrizado. Llevaba bastante tiempo abandonado, así que no estaba precisamente listo para recibir turistas.
Trasladarlo tampoco fue sencillo. Una grúa lo llevó hasta nuestro campo y, debido a su tamaño, incluso tuvimos que pedir ayuda a algunos vecinos para desmontar temporalmente partes de sus cercos y permitir su ingreso. Después hubo que construir una terraza con retroexcavadora, instalar pilotes de hormigón y levantar el bus con una gata de camión para dejarlo definitivamente en su lugar.
Recién entonces pudimos comenzar a transformarlo por dentro. Fue un año completo de trabajo, incluyendo jornadas en pleno invierno. Y aunque ya está funcionando, seguimos soñando nuevas ideas para mejorar la experiencia, especialmente en los espacios exteriores.
Una experiencia entre el bosque y el volcán
¿Desde cuándo comenzó a estar disponible para recibir huéspedes y cómo ha sido la recepción del público desde su lanzamiento?
Recibimos a nuestros primeros huéspedes el 10 de octubre de este año y la verdad es que estamos sorprendidos y agradecidos por la recepción que hemos tenido.
Actualmente contamos con reservas hasta febrero del próximo año y seguimos aprendiendo a movernos en el mundo de las redes sociales. Lo que más nos ha impresionado es el entusiasmo de la gente. Cada publicación ha recibido mucho cariño y comentarios que nos motivan a seguir mejorando.
¿Cómo es la experiencia de alojarse en el bus? ¿Qué comodidades, servicios o actividades ofrecen?
Desde afuera sigue siendo claramente un bus, y eso nos encanta. Queríamos que conservara su personalidad y que cualquiera pudiera reconocerlo de inmediato.
Por dentro, en cambio, los huéspedes encuentran un espacio cálido, cómodo y cuidadosamente decorado. Las grandes ventanas permiten disfrutar del bosque nativo y de la vista al volcán Villarrica, mientras se comparte el entorno con aves y animales de granja.
Para quienes buscan relajarse, contamos con un hot tub con hidromasaje al pie del bus. Y para los amantes del cine, instalamos un proyector con pantalla para disfrutar películas en un entorno completamente distinto.
La idea es que las personas puedan desconectarse de la rutina y volver a conectarse con la naturaleza, aunque sea por un fin de semana.
Turismo local y proyección del proyecto
¿Qué ha significado desarrollar este proyecto en Cunco? ¿Han notado interés de turistas de otras ciudades o incluso del extranjero?
Somos cunquinos de corazón y nos encanta aportar, aunque sea un granito de arena, al desarrollo turístico de nuestra comuna.
Desde el inicio hemos buscado generar alianzas con otros emprendedores locales, incluyendo experiencias de equinoterapia, cafeterías de autor, productores locales y distintos atractivos naturales de la zona. Creemos que todos nos complementamos y que el turismo puede transformarse en una verdadera economía circular donde todos ganan.
Cuando lanzamos el proyecto en redes sociales tuvimos una publicación que tuvo mucho alcance y nos sorprendió muchísimo la buena recepción que logró. Recibimos mensajes desde diferentes regiones de Chile e incluso desde Francia, el país de origen de Quentin. Ahí nos dimos cuenta de que un viejo bus podía despertar mucho más interés del que imaginábamos.
¿Conocen otros proyectos similares o creen que fue una idea pionera?
En Chile existe un creciente interés por el mundo de los motorhomes, los camping cars y la cultura van life. Cada vez hay más personas buscando experiencias de viaje diferentes y más conectadas con la naturaleza.
Probablemente no inventamos la idea, pero sí quisimos adaptarla a nuestra realidad, a nuestra historia familiar y al paisaje único de La Araucanía.
¿Qué planes tienen para el futuro del proyecto?
Soñar sigue siendo gratis… y nosotros soñamos en grande.
Y si nos preguntan por los proyectos más locos, la lista sigue creciendo: un avión, un vagón de tren, un barco… quién sabe. Después de convertir un bus del Transantiago en alojamiento turístico, aprendimos que nunca hay que subestimar el poder de una buena idea y bastante perseverancia.




