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Centro Cultural La Moneda celebra su memoria gracias a la IA

La instalación audiovisual transforma el archivo de dos décadas del centro cultural en un sistema vivo: mediante inteligencia artificial generativa, las imágenes de sus exposiciones más icónicas se relacionan y mutan en tiempo real.

El Centro Cultural La Moneda (CCM) acaba de inaugurar Vivir el archivo: 20 años de exposiciones en tiempo real, una instalación audiovisual que usa inteligencia artificial generativa para conectar, transformar y dar nueva vida a las imágenes de las exposiciones más emblemáticas de su historia.

La muestra, que estará abierta al público de manera gratuita hasta el 1 de noviembre, se inscribe en una tendencia global que las instituciones culturales más importantes del mundo han ido adoptando en los últimos años. El MoMA de Nueva York presentó Unsupervised, de Refik Anadol, donde una inteligencia artificial entrenada con miles de obras de la colección del museo generó nuevas visualizaciones a partir de esas imágenes. En esa misma corriente se sitúa ahora el CCM, con una instalación que, además, tiene la particularidad de estar construida íntegramente desde Chile y con un archivo propio.

La instalación, coproducida con la empresa chilena 500 Nanómetros y con dirección artística de Sergio Mora-Díaz y desarrollo tecnológico de Sinestesia, convierte el archivo de dos décadas del centro cultural en un sistema vivo. Mediante un tótem interactivo, los visitantes ingresan una palabra en respuesta a la pregunta “¿Qué palabra relacionas con cultura?” y la inteligencia artificial identifica campos semánticos, establece vínculos inesperados entre exposiciones y proyecta en tiempo real paisajes visuales y sonoros que cambian con cada visita. Así, un guerrero de terracota, una armadura samurái y un títere de 31 Minutos pueden, de pronto, encontrarse en una misma imagen generada al instante.

“Hay algo casi mágico cuando vemos cómo una sola palabra puede tender un puente entre el ejército de terracota y 31 Minutos. Es lo que hace esta instalación: toma veinte años de historia y los pone a disposición de quien la visita, para que cada persona construya su propio relato. En el año de nuestro aniversario, no podíamos pedir una mejor manera de celebrar que devolviendo el archivo del Centro Cultural La Moneda a quienes siempre fueron sus verdaderos protagonistas: el público”, dice Felipe Bascuñán, director ejecutivo interino del CCM.

La muestra incluye un sector de making off compuesto por cinco pantallas que transparentan el funcionamiento de la instalación: explica cómo opera la inteligencia artificial, muestra cómo las palabras ingresadas por el público activan vínculos entre las exposiciones, sus conceptos principales y sus imágenes de archivo, y presenta datos concretos de cada muestra. El acceso es gratuito y está organizado en grupos de hasta 15 personas cada 30 minutos.

Veinte años de historia para activar

Foto: CCM.

El 26 de enero de 2006, el Centro Cultural Palacio de La Moneda abrió sus puertas con México. Del cuerpo al cosmos, una exposición de 190 piezas de arte prehispánico mexicano. Desde entonces, el espacio ubicado bajo la Plaza de la Ciudadanía acumuló un catálogo de exposiciones de talla mundial: La antigua China y el ejército de terracota (2009), que trajo a Chile parte del conjunto escultórico mandado a construir por el primer emperador de China en el siglo III a.C.; Grandes Modernos (2012), con obras de la Colección Peggy Guggenheim de Venecia; Samurái. Armaduras de Japón (2015-2016), con una de las colecciones más completas del mundo sobre la cultura guerrera japonesa; muestras individuales de grandes maestros como Pablo Picasso, William Turner, Andy Warhol y Paul Klee, y Museo 31 (2024), el universo de la serie chilena 31 Minutos, que convocó a más de 120.000 personas en solo tres meses.

Bascuñán explica que la idea de Vivir el archivo surgió al notar que el recuerdo del centro cultural entre el público tendía a concentrarse en sus primeros años, los de las grandes exposiciones internacionales, y que existía una necesidad real de reactivar ese vínculo con nuevas y viejas audiencias. “Nosotros tenemos un archivo importante de todas estas exposiciones. La pregunta era cómo podíamos activarlo, cómo darle vida situándonos en el contexto actual, entendiendo que los públicos tienen otras lógicas. A partir de eso fuimos a explorar la inteligencia artificial como herramienta de activación de un contenido que es nuestro archivo y nuestra memoria”, señala.

El proceso de planificación comenzó el año anterior y fue, según el propio director, un trabajo de equipo que buscó hacer honor a dos décadas de historia. “Queríamos narrar la historia del centro cultural con las voces de las distintas direcciones ejecutivas, con los énfasis que cada una aportó y que generaron identidad a este espacio. Y también narrar el contexto de estos 20 años: cuáles fueron los cambios en los movimientos sociales, políticos, económicos. Es muy distinto el 2006, donde Chile crecía a buen nivel, a lo que somos hoy”, reflexiona Bascuñán.

Un sistema vivo que responde en tiempo real

El desarrollo tecnológico estuvo a cargo de 500 Nanómetros, empresa liderada por Antonia Valenzuela, Valentina Ripamonti y Florencia Larrea, con 16 años de trayectoria y una década especializada en experiencias inmersivas y tecnologías XR. Entre sus proyectos destacan Chile, Patrimonio VR —una experiencia sobre los sitios UNESCO del país— y Mediamorfosis, festival de narrativas inmersivas que se realiza anualmente en Viña del Mar.

Valenzuela explica que el proceso implicó cargar a la inteligencia artificial todas las imágenes de las exposiciones, categorizarlas con sus conceptos y contextos, y construir desde ahí un reservorio digital de la memoria del centro cultural. “Lo que hace la IA es, a través de la interacción de las personas cuando responden a la pregunta, buscar en ese archivo digital todas las exposiciones que tengan relación con el concepto que la persona eligió. La inteligencia artificial, más la interacción de la persona, más el archivo, más el arte y la estética que eligió Sergio para proyectar y volverlo inmersivo, más la música y el diseño sonoro de Lorena Álvarez, crean una única experiencia artística y visual para esa persona. Las experiencias se hacen cada vez más distintas. Y esa es la gracia”, dice Valenzuela.

La directora de 500 Nanómetros agrega que la instalación no termina con la visita de cada persona, sino que crece con ella. “Vamos a ver qué va a ir sucediendo con toda la información que nos llegará: es un nuevo reservorio de imágenes generadas con la participación de la gente, y estamos pensando cómo reimaginar cómo esto se irá actualizando. Esta es como la propuesta inicial”, señala, apuntando a que la obra tiene vocación de evolucionar durante los cinco meses que permanecerá abierta.

El remix como forma de entender el arte contemporáneo

Para Sergio Mora-Díaz, arquitecto de la Universidad de Chile y artista de nuevos medios formado en la Escuela de Artes Tisch de la Universidad de Nueva York, la clave de la obra está en su condición de sistema vivo. Sus instalaciones generativas y performances han sido presentadas en el Lincoln Center y ZAZ10 Times Square en Nueva York, el K Museum of Contemporary Art en Seúl, el FILE Festival de São Paulo, el Centro Nacional de las Artes de México, la Bienal de Artes Mediales de Santiago y el New York Hall of Science, entre otros espacios. Para él, Vivir el archivo representa tanto una exploración tecnológica como una declaración sobre hacia dónde se dirige el arte.

“La intención fue utilizar nuevas tecnologías y un sistema creativo para trabajar con el archivo audiovisual, fotográfico y de texto, y hacer participar a las personas. La obra pasa a ser algo que responde en tiempo real, que se activa en tiempo real, y donde las personas pueden hacer que vaya todo el tiempo cambiando”, señala. Mora-Díaz define la instalación como un remix: “Una obra compuesta de muchas otras obras. Todas entran en juego, se remixean, se entremezclan y se transforman entre sí para hacer nuevas propuestas. Siento que en gran parte el arte hoy en día va a empezar a trabajar en esa dirección: utilizar recursos y temas que ya existen, remezclarlos, reinterpretarlos, dar nuevas visiones de lo que es el arte y la cultura”.

El artista también destaca la dimensión reflexiva de la experiencia, más allá de lo sensorial. “Hay dos cosas en la invitación al público. La primera, que vengan a internarse en este espacio: tiene toda una componente inmersiva de sonido e imágenes que puede disfrutar cualquier persona, de todas las edades. Y, por otra parte, entender la lógica sistémica que hay detrás del archivo: de dónde vienen las imágenes, cómo entra en juego la palabra que se ingresa. Hay una lógica más reflexiva que también es importante a la hora de apreciar la propuesta”, explica Mora-Díaz.

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