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Ojo al charqui

En la segunda carrera del jueves pasado del Hipódromo Chile Atenea de Troya pagaba más de 200 veces. Con ese tremendo nombre y la ilusión de ganarme doscientas lucas con una apuesta de solo mil pesos, le jugué una luca a ganador a la yegua que lleva el mismo nombre que la hija predilecta de Zeus, diosa de la sabiduría, la guerra y los oficios. El pingo llegó en el penúltimo lugar y por eso merece caer desde el Olimpo al matadero donde la convertirán en charqui, comida clásica de los bravos.

La yegua era pésima, pero el charqui es muy rico y si es de caballo bienvenido sea.

Los mejores para mí son los que venden en el algún peaje camino al sur, quizá a la altura del Maule, donde no estoy seguro si todavía es obligatorio detenerse.

El que también es muy bueno es el de La Fiambrería que está en MUT, pero no es de caballo sino de vacuno, que no importa nada porque el gusto es muy similar, aunque el caballo haya corrido en la segunda.

En el supermercado verde es bastante caro, pero muy bueno. Es marca Las Cardas, es de vacuno y cuesta 6 mil los 80 grs. unos 72.000 el kilo, igual que un caballo de carrera vivo y ganador.

Tal vez el precio se debe a que no hay mucha demanda por el producto porque, aunque es moda entre la gente linda que cuida la línea, ya no se le pone charqui al charquicán porque fue reemplazado por carne fresca.

En realidad, también tiene que ver con que el 70% de la carne “se evapora” mientras se seca, igual que la luca que le jugué a Atenea.

El charquicán, un plato chileno de origen precolombino, se cree que proviene del quechua charqui kanka, que significa asado de carne seca. Si quiere ver como se hace el charqui le dejo un enlace
 al youtuber peruano Waldir Maqque.

Los gringos también son como avión para el charqui y le dicen jerky, que se pronuncia yerqui, o sea, charqui. Hacen muy buenos guisos texanos con carne, charqui y papa, muy parecido a nuestro charquicán de antaño.

Pero ojo al charqui, antes que los incas secaran su carne, los griegos llevaban siglos haciéndolo. Bien lo sabía Atenea de Troya, que junto a Epeo creó el caballo de Troya, artilugio que escondía a los guerreros que hicieron charqui a los troyanos.

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