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El tren más lujoso del mundo

Desde las tierras verdes de Kent hasta las colinas brumosas de Eryri, el nuevo Britannic Explorer ofrece más que vistas espectaculares. Con interiores firmados por Albion Nord y cocina de autor a cargo del ganador de ocho estrellas Michelin Simon Rogan, la experiencia combina herencia ferroviaria y modernidad estética. No solo atraviesa paisajes icónicos de Gran Bretaña, también propone un regreso al tiempo pausado, donde la alta gastronomía, el diseño y la poesía del movimiento redefinen la elegancia.

Luz de la tarde en Londres acaricia los rieles de la estación Victoria, como si adivinara que algo extraordinario está por comenzar. En el andén 2, una locomotora amarilla, seguida de distinguidos vagones color paquete de vela, emite un susurro metálico, casi discreto. El Britannic Explorer, el primer tren nocturno de lujo que recorre Inglaterra y Gales, no hace su estreno con estridencias: su presencia es sutil, pero magnética.

Mientras el personal en guantes blancos recibe a los primeros pasajeros con copas de espumante producido en el condado de Kent, especialmente escogido para la ocasión, uno tiene la impresión de haber sido trasladado a una novela de E. M. Forster, el novelista inglés, autor de A room with a view (1908) y A passage to India (1924), o quizás a una serie de época con diseño de producción impecable. Pero es una impresión errónea. Esto no es pasado ni ficción: es el futuro del lujo sobre rieles, que por estos días parte su recorrido.

No soy una pasajera del Britannic Explorer ni mucho menos. Solo imagino lo que podría sentir subiendo por sus escalerillas de madera reluciente e instalándome en el vagón-restaurante, bañado por la luz de las velas y el tintineo de las copas de cristal. Seguramente lo que experimentarán los 36 pasajeros que están inaugurando este tren que llegó a redefinir el slow travel, con una propuesta que combina diseño, gastronomía, paisaje y cultura en clave británica contemporánea.

Un hotel sobre rieles

Belmond -marca operada por LVMH- es la compañía detrás del Venice Simplon-Orient-Express (con ecos de Agatha Christie), el Royal Scotsman (que evoca el esplendor de la era eduardiana), el Andean Explorer en Perú y varios de los mejores trenes del mundo. Pero a diferencia de estos clásicos centrados en la nostalgia, que rememoran otras épocas (como si el pasado siempre fuera mejor) con el Britannic Explorer la firma apuesta por un lujo radical y totalmente contemporáneo, sin olvidar la tradición y la sostenibilidad.

La estética del tren, desarrollada por el estudio londinense Albion Nord, combina referencias a la tradición ferroviaria victoriana con detalles que podrían pertenecer a una boutique de Mayfair o al vestíbulo de un hotel japonés de diseño. Las 18 suites -15 estándar y tres Grand Suites-, fueron ejecutadas con maestría e inspiradas en los impresionantes paisajes y colores que se observan en la campiña inglesa: rosas pálidos, verdes musgos y marfiles suaves. Los papeles murales son de Luke Edward Hall, una joven estrella del diseño y el arte británicos. Los materiales nobles de los muebles hacen un guiño a la tradición, pero no caen en el kitsch ferroviario. Las Grand Suites, nombradas Juniper, Elder y Valerian (Enebro, Valeriana y Sauco), incluyen mayordomo, comedor, baño con mármoles, y pequeños salones privados, además de ventanales panorámicos que transforman el paisaje en un lienzo en movimiento. Además, cada una de las 18 cabinas está equipada con camas vestidas en lino irlandés, amenities de perfumería artesanal y un sistema de iluminación diseñado para acompañar el ritmo circadiano del viajero.

“La inspiración vino de los paisajes británicos: los grises de la costa de Cornualles, los verdes musgosos de Cumbria, los cielos cambiantes del País de Gales”, ha dicho uno de los diseñadores del equipo. “Queríamos que el tren se sintiera como una extensión del territorio que atraviesa”.

El viaje de la mesa

Uno de los grandes diferenciales del Britannic Explorer está en su propuesta culinaria: bajo la dirección del chef Simon Rogan y con un enfoque farm-to-table, los menús cambian según la región por la que se transita: Cornualles, el Distrito de los Lagos o Gales. Cada ruta incorpora ingredientes locales, un té de la tarde temático, y cenas maridadas que reflejan el alma gastronómica del Reino Unido. El mint cake promete en el Lake District y el bara brith (típico pan dulce) hará lo suyo en los caminos de Gales. “Para mí, el verdadero lujo reside en ingredientes simples, cultivados con esmero… donde cada plato refleje la conexión con el paisaje”, ha dicho Simon Rogan.

El tren incorpora dos vagones-restaurante, el Malva y el Samphire, decorados con espejos antiguos en los techos y paredes de ratán. Por su parte, el vagón bar, inspirado en las apothecaries (boticas) victorianas, ofrece cócteles botánicos, gin de destilerías independientes y cervezas craft, destacando lo mejor de los productores independientes de licor del Reino Unido. En comparación, trenes como el Venice Simplon-Orient-Express apuesta por una cocina clásica continental de acento francés, y el Royal Scotsman integra cocina escocesa con guiños tradicionales. El Britannic Explorer va mucho más allá… emulando quizá al restaurante L’Enclume, ubicado en Cartmel, un pintoresco pueblo dentro del Lake District, que representa la extraordinaria visión gastronómica de Simon Rogan.

Rogan, con ocho estrellas Michelin en su historial, ha diseñado platos que celebran el terroir británico. En el trayecto por Gales, se sirve cordero de Snowdonia (el parque nacional) con algas locales y salsa de brezo. En Cornwall, la langosta viene acompañada de flores silvestres y remolachas encurtidas. Todo es local, de estación, sin artificio.

No todo es gozar

Pero este tren no es solo para hedonistas (otro tema es el spa a bordo, con todos los lujos que ya imaginan). También es una invitación a redescubrir la cultura británica desde un ángulo privilegiado. Por ello otro elemento distintivo del Britannic Explorer es su curaduría de actividades fuera del tren. En lugar de visitas tradicionales, cada recorrido incluye paradas con acceso exclusivo: en Somerset, los viajeros asisten a una cena privada en Hauser & Wirth, una galería de arte contemporáneo, instalada en una antigua granja del siglo XVIII. En Gales del Norte, hay caminatas guiadas por las colinas de Eryri, una zona de belleza natural extraordinaria, famosa por sus montañas escarpadas, lagos glaciares y paisajes dramáticos. Y en el Lake District, pueden participar de una sesión de natación en un lago perdido, seguida de una charla sobre William Wordsworth (1770–1850), uno de los poetas más importantes del romanticismo inglés y figura clave en la historia cultural del Reino Unido, nacido en esa zona.

“No queremos que esto sea una vitrina del Reino Unido para turistas”, ha dicho Gary Franklin, vicepresidente de trenes y cruceros de Belmond. “Queremos que sea un viaje profundo, donde el lujo no sea un fin, sino un medio para entender la cultura británica desde su raíz”.

El estilo lo es todo

El Britannic Explorer nace en un contexto donde los trenes de lujo están viviendo una edad dorada: como ya mencionamos, el Venice Simplon-Orient-Express en Europa, el Maharajas’ Express en India, el Shikishima en Japón. Pero a diferencia de estos, el Britannic Explorer no se nutre del exotismo ni del exceso. Aquí no hay uniformes dorados ni caviar a la rusa ni cortinas pesadas.

Aquí hay lino, terciopelo sutil, bordados botánicos, ilustraciones a mano alzada. Hay tés de Yorkshire, quesos de Somerset, y un vestuario más quiet luxury que black tie. Los pasajeros se visten más como para una galería o un desfile que para una gala. Pero, más allá de la sofisticación, básicamente el Britannic Explorer es una apuesta por lo local: diseño británico, arte británico, paisajes británicos. Es una celebración del Reino Unido fuera del canon turístico, que lo posiciona como el tren ideal para quienes buscan una experiencia cultural inmersiva y contemporánea, sin renunciar a la belleza clásica del viaje sobre rieles. El lujo, parece decirnos este tren, no está solo en el oro ni en la historia. Está en el silencio entre estaciones, en la vista de un acantilado al amanecer, en un bocado que sabe a tierra viva. Y, sobre todo, en el tiempo recuperado.

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