Desde hace rato que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dejó en claro que no tiene una buena opinión del Papa León XIV, quien a comienzos de este año cuestionó la intervención de Washington en Venezuela y, posteriormente, el inicio de la guerra en Irán.
El mandatario norteamericano ha empleado su red Truth Social para manifestar más de una vez que el pontífice es una “persona muy liberal” y no dudó en calificarlo como “débil en materia de delincuencia” y “pésimo en política exterior”.
Lo anterior, luego de que León XIV calificó de inaceptable la “amenaza contra todo el pueblo de Irán” y pidió buscar “soluciones de manera pacífica”.
Posteriormente, Trump dijo que “no creo que esté haciendo un buen trabajo. Supongo que le gusta el crimen“, a lo que el papa respondió: “No tengo miedo a la Administración Trump”.
Qué ha potenciado la tensión entre León XIV y Trump
A diferencia de los papas anteriores, como Francisco, Benedicto XVI y Juan Pablo II, que recurrían a la traducción cuando se comunicaban en inglés, para León XIV es su idioma nativo, se comunica de manera fluida, con sensibilidad cultural, y emplea frases que reflejan precisamente lo que desea decir, según recalca Axios.
Aquello adquiere especial relevancia si se considera que elimina cualquier posible reinterpretación o negación cuando las declaraciones del pontífice generan reacciones políticas.
Algo que antes el Vaticano podía intentar manejar, ya que históricamente ha empleado los matices lingüísticos como herramienta diplomática.
Sin embargo, León XIV dejó ese estilo de lado y no duda en emplear la claridad de sus palabras en lugar de la cautela, con lo que se muestra más dispuesto a participar de manera directa en los debates políticos estadounidenses.
“Al haber crecido en Estados Unidos, posee tanto un dominio nativo del inglés estadounidense como una profunda comprensión de la cultura estadounidense. Ambas cualidades son importantes”, recalcó el docente de la Universidad de Dayton, Vincent J. Miller, en diálogo con el citado medio.
Un tema que adquiere especial relevancia si se considera que cerca del 20% de los estadounidenses se identifican como católicos y gran parte de ellos se concentran en estados clave durante las elecciones.