La amenaza del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de desaparecer en una sola noche a toda una civilización, aludiendo con ello a la milenaria cultura de Irán, no dejó indiferente a quien fuera su antecesor en el cargo hace casi diez años, Barack Obama.
Las amenazas, pese a que no se concretaron, supusieron una escalada en el ya confrontacional y grandilocuente tono que Trump suele utilizar. Por ello, pese a que ha transcurrido más de un mes desde esas declaraciones, Obama se vio obligado a referirse al asunto en una entrevista concedida en los últimos días a The New Yorker.
“Creo que el liderazgo estadounidense, representado por el presidente, debe reflejar un respeto básico por la dignidad humana y la decencia, no solo dentro de nuestras fronteras, sino también más allá. Esa es parte de la responsabilidad del liderazgo. Si no damos voz a esos valores fundamentales (…), si no tenemos esas cosas, el mundo puede desmoronarse de maneras muy terribles“, advirtió Obama.
La respuesta de Obama constituye una de las escasas ocasiones en las que ha entrado al debate derivado de las políticas de Trump, a juicio de sus seguidores. Pese a gozar de una gran popularidad entre los demócratas —96%, según una encuesta de Gallup— e incluso de admiración entre los jóvenes, no necesariamente ha asumido un rol de liderazgo dentro de su partido o de manera de posicionarse como un contrapeso del estilo Trump.
En momentos en que exfuncionarios del gobierno de Trump comenzaban a calificarlo como “fascista” durante su segundo mandato, según recoge The New Yorker, cada vez rondaba más la pregunta “¿dónde está Obama?”.
Obama explica su ausencia: “No sería un líder, sería un comentarista”
“Lo pienso todos los días”, respondió Obama cuando se le consultó recientemente qué rol debiese asumir durante el mandato de Trump.
Aun cuando él mismo reconoce su rol es un asunto que no está totalmente despejado, Obama defiende no estar constantemente respondiendo a las provocaciones de Trump —como cuando el presidente viralizó un video alterado de él y Michelle Obama siendo simios— y a sus políticas de gobierno.
“Si yo actuara como Jon Stewart, aunque solo fuera una vez por semana, despotricando, criticando lo que está sucediendo —lo cual, por cierto, me alegra que Jon haga— entonces no sería un líder político, seria un comentarista”, argumenta.
“El juego largo”
Otra de las razones que esgrime es que entrar activamente a la arena política “crea una tensión genuina en casa” y frustra a su esposa, Michelle Obama. “Ella quiere ver a su marido relajarse y pasar más tiempo con ella, disfrutando de lo que queda de nuestras vidas”, admite.
“Comprendo por qué la gente se siente así, porque no se fijan en mí en comparación histórica con otros presidentes. No les importa que ningún otro expresidente haya sido el principal representante del partido durante cuatro ciclos electorales después de dejar el cargo”, reflexiona Obama sobre la ausencia de su figura que reclaman sus seguidores.
Aunque, también reconoce que trabaja en política “más de lo que hubiera preferido” y que el entorno mediático dificulta que “la gente sepa todo lo que hago”. “Y creo que, cuando me ven, la sensación es: ¿Por qué no hace eso todos los días en lugar de solo durante unas elecciones de mitad de mandato, o durante una campaña de referéndum sobre la manipulación de distritos electorales, o lo que sea?”, añade.
Asimismo, al hablar de su rol en esta época defiende la influencia política de los proyectos digitales de inspiración liberal que financia y la efectividad de otras apariciones públicas en otros formatos, como podcasts y entrevistas con personalidades de internet.
También, menciona la idea de estar ante “un juego largo” en el que el “cambio es lento”. En ese planteamiento se enmarca, por ejemplo, uno de los programas de la Fundación Obama, que se encarga de formar jóvenes líderes, en el que suele servir como mentor. “Les digo: ‘No, ¿saben qué? La Guerra Civil fue realmente terrible. La leyes de segregación racial, duras. Nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros bisabuelos pasaron por cosas mucho más duras que las que estamos pasando nosotros. Y digo esto no para imponerles mi autoridad, sino para sacarlos de cualquier tipo de desesperanza”, relata.