Más de 20 días lleva Bolivia sumido en protestas y bloqueos de rutas cruciales, que han generado, a su vez, enfrentamientos entre la policía y los manifestantes, desabastecimiento, cuatro personas fallecidas por la imposibilidad de recibir atención médica y un agravamiento de la situación económica, que ya venía golpeada. Todo, a solo seis meses de la asunción de Rodrigo Paz, el presidente de centro derecha que prometía poner fin a los 20 años en el poder del MAS, el partido fundado por Evo Morales, y reactivar la economía.
Sin embargo, las dos promesas parecen lejos de materializarse. Sindicatos, grupos obreros, campesinos, transportistas y otros gremios piden la renuncia de Paz por el encarecimiento del costo de la vida, reformas que consideran regresivas y su reducción al subsidio a los combustibles. Uno de sus adversarios políticos, el expresidente Morales incluso pidió que en 90 días se celebren elecciones presidenciales “para evitar muertos y heridos”.
Los ojos están sobre Bolivia y el debate por el Estado de Excepción
El conflicto ha atraído la mirada internacional. Mientras que Chile, Argentina e incluso Brasil —el único país de ese bloque dirigido por un mandatario progresista— enviaron ayuda humanitaria e instaron a que la crisis se resolviera por la vía del diálogo; el presidente de Colombia, Gustavo Petro, se ofreció a mediar, pero calificó la situación como una “insurrección popular” y una “respuesta a la soberbia geopolítica”. Esta última respuesta no fue bien acogida por el presidente Paz, quien la calificó como un “ataque a la democracia boliviana”.
Incluso, desde Estados Unidos, Marco Rubio, el secretario de Estado norteamericano, manifestó que no dejarán “que delincuentes y narcotraficantes derroquen a líderes elegidos democráticamente en nuestro hemisferio”.
La situación tiene como telón de fondo el debate en el Congreso boliviano que faculta la puesta en marcha de un Estado de Excepción. En caso de aprobarse, permitiría a las Fuerzas Armadas intervenir en el conflicto una vez que la policía se vea superada. Paz, quien ha abogado por el diálogo e incluso intentado dar señales como la reducción del 50% de su sueldo y de su gabinete, no se ha cerrado tampoco a “aplicar la Constitución, que tiene márgenes muy claros sobre mandatos específicos para escenarios como estos”, según dijo a Clarín esta noche.
EL DÍNAMO se propuso ahondar en las claves de la crisis, su dimensión política, el rol de Evo Morales, el alza del costo de la vida y sus posibilidades de extenderse en el tiempo. Dos periodistas bolivianos dieron su visión sobre el conflicto. Aquí sus respuestas.
La Paz bajo escasez
“El kilo de pollo en Santa Cruz —el motor productivo del país— cuesta unos 15 bolivianos; por lo tanto, un pollo de tres kilos sale en 45 bolivianos. En cambio, aquí en La Paz, ese mismo pollo de tres kilos cuesta cerca de 100 bolivianos, es decir, más del doble. Pasa con todos los alimentos de la canasta básica. La carne, por ejemplo, es una locura: llegó a 140 bolivianos el kilo, cuando antes de la crisis costaba 60. El aumento de los huevos también es increíble; casi el triple”, relata a este medio Raúl Peñaranda, editor del portal de noticias boliviano Brújula Digital.
Tuffí Aré, periodista y analista político boliviano añade: “En las ciudades sitiadas como La Paz hay escasez y, por lo tanto, los alimentos se han encarecido notablemente. En cambio, en las regiones donde se producen alimentos han tenido que bajar los precios y ya trabajan a pérdida porque no pueden vender a La Paz. De alargarse el conflicto, será peor y se agravará lo que ya venía sufriendo Bolivia: estanflación“.
“Esta es una forma muy emocional, extrema y violenta de hacer política, rasgos característicos del panorama boliviano. Como consecuencia, cuatro personas ya han muerto por falta de atención médica porque no se permite el paso de las ambulancias. Además, por la falta de diésel, los camiones de la empresa contratada por el municipio no están recogiendo la basura y todas las calles están llenas de desechos. Tampoco hay gasolina, por lo que la gente no puede usar sus vehículos y apenas circula transporte público. Es una situación realmente muy complicada”, asevera, al otro lado del teléfono, Peñaranda.
La disputa política con el MAS y los errores de Rodrigo Paz
Ambos profesionales coinciden en que la pérdida de poder del MAS y el tironeo de parte del gobierno para mantenerlo es parte de los factores principales que inciden en el conflicto.
“Cada 20 años se produce esta crisis, después del derrumbe de una hegemonía. Estamos en una nueva fase de transición. Ha caído una hegemonía, un anterior orden con hegemonía masista (Evo-Arce) y hemos entrado a una fase de desorden político, de fragmentación (…) Rodrigo Paz ganó en votos, pero no consiguió el poder, no construyó gobernabilidad parlamentaria y, menos, gobernabilidad en la calle, que en Bolivia es crucial”, explica Tuffí Aré.
Peñaranda también sitúa al MAS en este mapa del conflicto: “Tengo la impresión de que, seis meses después de la instalación del nuevo gobierno, recién hay una conciencia clara de esa derrota. Esta movilización es como una protesta tardía, una especie de desesperación”.
“El segundo factor es que, durante la campaña, el entonces candidato Rodrigo Paz se presentó como una tercera vía centrista entre el antiguo MAS y los candidatos tradicionales de derecha, como Tuto Quiroga. Además, su candidato a la vicepresidencia, Lara, tenía mucho apoyo en la zona andina boliviana, que es donde se concentran los conflictos actuales (…) Sin embargo, al llegar al poder, Rodrigo Paz no hizo ningún gesto ni tomó medidas simbólicas hacia ese sector de la población; al contrario, hizo guiños y se acercó a la otra mitad del país, a Santa Cruz y al agronegocio, lo que generó desconcierto entre sus votantes”, añade el editor de Brújula Digital.
Para Peñaranda también incide la falta de una agenda legislativa clara, mientras que para Aré también es importante considerar la fractura entre Paz y su vicepresidente Edmand Lara. Además, dice este último, “el presidente ha errado en la lectora tardía y precisa de la crisis (…) Subestimó las fuerzas de los movilizados y sobreestimó las propias, confiando en la luna de miel. Ha sido reactivo, no identifica con quienes debe dialogar”.
El papel de Evo Morales y las acusaciones de narcotráfico del gobierno
La crisis también ha tenido como una de sus figuras a Evo Morales, quien se ha mantenido en la región del Chapare, pues es requerido por la justicia boliviana por presuntos casos de corrupción y trata de menores. “Es un factor de poder importante. Empujó el plan de desestabilización desde el inicio del conflicto. Primero lo hizo sin aparecer como protagonista, pero la semana pasada reveló su intención de acelerar la caída de Rodrigo Paz para que convoque a elecciones”, dice Tuffí Aré, aunque recuerda que por decisión del Tribunal Constitucional Morales no podría ir por la reelección.
Para Peñaranda su rol es más secundario. “En estos 25 días de protestas no se habían registrado bloqueos en el Chapare (Cochabamba), donde él se encuentra; recién ayer parecen haber empezado los primeros. Esto demuestra que ya no tiene la fuerza de movilización de antes”, dice.
El gobierno de Paz también parece relevar el papel de Morales en el conflicto. El ministro vocero, José Luis Gálvez, sostuvo que las movilizaciones son financiadas por él y el narcotráfico. Al respecto, ambos profesionales reconocen que aún no hay investigaciones que demuestren esta hipótesis.
“Lo que por ahora se puede, sin embargo, presuponer es que el narcotráfico fue muy afectado en los primeros meses de gobierno de Rodrigo Paz por operativos como la detención de uno de los narcotraficantes más buscados por EEUU, el uruguayo Sebastián Marset, y que el anuncio del arribo de la DEA a Bolivia ha incomodado a las mafias de la cocaína. El Gobierno de Paz y su alianza con la Casa Blanca, son muy hostiles para los narcos, que tienen ahora menos tolerancia y menos margen de acción que en los pasados 20 años”, dice Aré.
Raúl Peñaranda añade: “Es una postura política comprensible, pero no le doy mucho crédito. Obviamente las movilizaciones requieren financiamiento para sostenerse, aunque a veces basta con dejar una camionada de tierra en la carretera y los bloqueadores se retiran. Algún tipo de financiamiento debe existir, pero no veo elementos reales para afirmar que el narcotráfico esté detrás de todo esto”.
Estado de Sitio y el futuro del conflicto
La posibilidad del Estado de Excepción es un asunto latente, probablemente “una de las últimas cartas constitucionales de Paz para intentar su supervivencia como gobernante”, dice Aré.
“Es una medida constitucional, pero con resultado imprevisible. La última vez que se aplicó en Bolivia resultó fallido. Tal vez pudo ser más efectivo si se aplicaba en forma sectorizada al inicio del conflicto, cuando no habían tantos sectores movilizados”, añade el reportero. Lo cierto es que la presión continúa aumentando, pues los bloqueos siguen en pie.
Sobre la vigencia de las protestas, Peñaranda sostiene: “Es un poco contradictorio. Veo signos de desgaste, pero al mismo tiempo se suman otros sectores, sobre todo en otras regiones del país. En quienes llevan más de tres semanas protestando, el desgaste es evidente”.
“Creo que la intuición de Rodrigo Paz de no utilizar la fuerza contra este movimiento es correcta. En los últimos 40 años de nuestra democracia, cada vez que se usó la represión de manera descontrolada o se dictaron estados de sitio, resultó contraproducente. Sánchez de Lozada tuvo que renunciar tras registrarse 60 muertos en un mes de protestas durante su gestión. Después, en el gobierno de Jeanine Áñez, hubo 20 muertos en las manifestaciones, e inmediatamente se convocó a elecciones donde volvió a ganar el MAS, y ella terminó presa”; recuerda Peñaranda.